sábado, febrero 26, 2011

Os aseguro que no hay retoque en la foto. El señor de la gorra militar no está disfrazado.

Ante el último acto de la obra de teatro Gadafi que se está representando en Libia con gran abundancia de extras y en decorados naturales, no puedo dejar de glosar las palabras de El Coronel cuando ha dicho: ¡ésta es la verdadera revolución!

Eso es indudable. La verdadera revolución es la tuya, Lider Indiscutible. Por favor, rechazad imitaciones. Se venden por ahí revoluciones que no son verdaderas. La verdadera es la suya, la de toda la vida. Es que hay gente que va por ahí y se monta en cualquier revolución y después las cosas van como van.

La siguiente frase que ha dicho Muamar El Gadafi es: ¡Moriremos aquí!

Esta frase tiene mucha tradición. De hecho es una frase típica del último acto. Yo me imagino que éste no es precisamente un buen momento para leer Electra, Antígona o Edipo en Colono. Pero, entre tiro y tiro, yo aprovecharía para leer, al menos, el deselace de algunos de estos dramas. Sería tan épico la escena de Gadafi en algún fortín sentado sobre algún saco de munición tratando de desentrañar las enseñanzas que se desprenden del diálogo de los jefes griegos cuando discuten qué harán con el cadáver de Áyax.

La frase última del discurso de Gadafí ha sido una orden. Dos verbos imperativos en segunda persona plural: cantad y bailad.

Veis, esta última frase le redime. Me recuerda algunos idiotismos propios de los aqueos presentes en las tragedias de Sófocles. Pero al mismo tiene algo del teatro del absurdo de Ionescu. La verdadera vocación de Gadafi era la dramaturgia, como la de otros debió ser la arquitectura. Gadafi ha hecho lo que ha podido, ha sido el público el que se ha levantado de las butacas antes de que acabara la obra. El público no ha acompañado. El público, ese ingrato.

Gadafi morirá y se reencarnará en forma de inspector de Hacienda o de especialista en endodoncias. A las doscientas uríes vírgenes de su guardia personal, les espera un paro más que seguro. Su hijo, Gadafi Junior, ya puede ir recogiendo los cuadros y hacer la mudanza. En realidad, yo no volvería ni a por los cuadros.

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