sábado, febrero 12, 2011

Que buenos son los padres salesianos que nos sacan de excursión

Hoy excursión con un diplomático, su esposa, y un sacerdote valenciano a Gaeta. Como siempre, rezo de las horas canónicas en el coche, repartidas durante los diferentes trayectos. Como siempre, mareo mío cuando ha habido curvas.

Hemos comido pescado en un pequeño restaurante típico: un rombo y una dorada. Al aire libre, pero al calor de esos calefactores de gas que a veces hay en el exterior. Hacía frío, yo no me he quitado mi capa parva en todo el almuerzo.

Después nos hemos dirigido hacia Montecasino. No hay mucho que ver gracias al ejército aliado que bombardeó con ganas la antigua abadía. Lo que hay es reconstruido, y en mi opinión bastante frío. No tiene el calor de las cosas antiguas. Lo curioso es que dentro del monasterio no había ningún alemán. Infinidad de reportajes repiten que los germanos se habían hecho fuertes en los muros de Montecasino. Pues no, es falso.

Menos mal que la biblioteca se la llevaron a el Castillo de Sant´Angelo. No se perdió ni un libro por los bombardeos. Ninguno menos varias cajas que se las llevaron a Herman Goering como regalo los soldados alemanes que las transportaban. Se supone que fueron a parar a sus garras, porque lo cierto es que llegar no llegaron.

Viendo las últimas dos guerras mundiales, se observa que los italianos tienen una curiosa costumbre bélica, que es la de comenzar la guerra contra alguien, y a mitad de la guerra cambiarse de bando. Una cosa muy graciosa que ha dicho el cura valenciano es que los italianos dicen: nosotros es cierto que no hemos ganado ninguna guerra, pero la verdad es que perderla tampoco la hemos perdido.

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