jueves, febrero 03, 2011

Ya sé cuales son las soluciones para la Iglesia: democratización, modernización y matrimonio de clérigos.

Algunos solucionan todos los problemas de la Iglesia a base de democracia y modernización. Esta idea de puro cándida casi me da pena que no sea cierta. Denota una mirada de las cosas dotada de una ingenuidad tan inmaculada, que más que digna de repulsa, lo es de ternura.

Para empezar la mayor parte de las cosas que constituyen nuestro mundo no son democráticas. Mc Donalds no es una democracia y no oigo voces continuamente machando con el tema de su democratización. Los intelectuales no están todos los días dando la vara con el tema de que Mc Donalds debería democratizarse. No veo muchas más razones para que Mc Donalds no debiera comenzar ese proceso, y la Iglesia sí.

Tampoco oigo que se queje nadie de que el cambio de la Guardia Real en Buckingham debiera modernizarse. No creo que si la Guardia Real de la Reina Madre o las Pirámides de Egipto se modernizaran, mejorara el servicio que ofrecen.

Otra cosa con la que insisten es con el matrimonio de los curas. Aunque en esto insisten más los célibes de setenta años que los casados. Es decir, se trata de uno de los temas favoritos de los supervivientes de la furia postconciliar. Resulta sospechoso, muy sospechoso, que los casados no insistan tanto o lo hagan con la boca pequeña. ¿No será tal vez, me pregunto, porque ellos han experimentado en sus propias carnes que el matrimonio no era esa isla tropical paradisiaca con palmeras con la que soñaban en la tierna y ciega adolescencia?

Que el matrimonio no es ese paraiso con cocoteros y aves del paraiso, me parece tan evidente que acerca de este punto más que dar razones, les diría a los disidentes: casaos un rato y vereis. Con medio año de casados, les bastaría para comprender que el matrimonio no arreglaría ningún problema ni eclesiástico ni litúrgico. Además, sería de tan mal gusto leer noticias en los periódicos tales como los hijos del cardenal tal han sido pillados rebasando el límite de velocidad borrachos. No, no quiero ni pensarlo.

Además, qué pasaría si un cardenal tradicionalista le salieran tres hijos punk. Menuda foto de familia. Las cosas están bien como están. Y si a alguien no le gustan, allí están los Testigos de Jehová esperando con los brazos abiertos. Pero no, no parece que haya cola para entrar.

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