jueves, marzo 31, 2011

Ayer granizó sobre Roma, después salió el sol, ese sol que ilumina el orbe católico

Hoy análisis del colesterol. Uno espera con impaciencia las frías palabras de la farmacéutica. Sus palabras, breves y carentes de emoción, un número, 140 mg, supone el resultado final de muchas pizzas, queso riccota, mantequilla, pasteles varios, y un sinfín de mil pequeñas indulgencias.

Al final, todo eso, conduce a un solo número. Un número al que no le podemos pedir ni piedad ni comprensión. Estos últimos meses han sido meses de no poca indulgencia. Por eso me he sorprendido cuando ha dicho 140. En realidad el número no me ha dicho nada. Pero en seguida ha dicho: muy bien. Lo ha dicho sin entusiasmo. Se notaba que la sangre era mía, y no de ella.

También me he hecho el análisis del azúcar. Siempre lo tengo bien, pero me gustan tanto los dulces que la vigilo. 61 mg de glucosa.

Ayer cayó una gran granizada sobre Roma. Después salió el sol, y el atardecer sonrosado con bonitas nubes y gaviotas fue una preciosidad.

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