sábado, marzo 26, 2011

De Australia a Dubai

Estaba esperando en la fila de los escáneres de seguridad del aeropuerto de Dubai, cuando me puse a hablar con la chica que tenía detrás de mí, o ella se puso a hablar conmigo que no lo recuerdo. Lo que sí que sé es que casualmente iba detrás de mi asiento en el avión en el que viajé de Australia a los Emiratos Árabes.

Aquella breve conversación dio lugar a que ella me acompañara durante las cuatro horas en las que hice escala en la lujosa terminal de la compañía Emirates, la entera terminal pertenecía a esa aerolínea.

Menciono a esta chica porque su compañía fue una delicia: era encantadora, simpática, alegre y suiza. Mencionaré también que era muy deportista y guapa. Hubiera sido una perfecta señora Fortea. Era tan perfecta que en algunos momentos me hizo pensar en lo afortunado que debía ser su novio. Quizá para él el matrimonio sí que fuera una isla tropical con cocoteros. Pero normalmente este tipo de chicas suelen caer en manos de palurdos botarates que no distinguen su mano derecha de la izquierda.

Durante esas cuatro horas pensé la suerte que tenía su novio. Pero no, yo no tenía ninguna duda acerca de mi vocación. Y fui amable, sí, pero tampoco demasiado. Por supuesto no le pedí su e-mail. Es más, para que no hubiera dudas incluso decidí ser un poco antipático. Porque que conste que si me lo propongo, puedo llegar a ser bastante borde.

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