miércoles, marzo 09, 2011

De pequeño mi diversión favorita era jugar

De pequeño mi diversión favorita era jugar con las piezas de construcción de castillos. En un mostrador de la cocina de mi casa, había montones de piezas de un juego que se llamaba Exin Castillos. El contenido de varias cajas se amontonó sobre ese mostrador durante más unos cinco años.

Allí me pasaba ratos y ratos levantando ciudades, creando barcos, aviones, selvas impenetrables. Lo que más me gustaba era crear pequeñas ciudades, con sus habitantes, sus edificios de varios pisos, sus árboles. Con esas piezas viví apasionantes historias. Normalmente recreaba la historia que acababa de ver en la última película de Sábado Cine.

Qué bien me lo pasaba. Fue el juego por antonomasia de mi infancia. Con esas piezas reviví las películas con todas sus variantes posibles en su versión más simplificada e infantil. No importaba que la historia reconstruyera una ciudad del siglo XVIII o una base lunar, al final la crónica solía resumirse en la fase número 1, construcción de la ciudad, y la fase número 2, destrucción de la ciudad.

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