miércoles, marzo 16, 2011

En el aire

Sigue de ayer.

Mi sotana no llamaba para nada la atencion. Habia muchos arabes con tunicas. Para saber que yo era un sacerdote hubieran tenido que fijarse en mi alzacuellos. Indudablemente alli mi presencia llamaba mucho menos la atencion, que en Espagna o cualquier otro lugar.

Y aqui sucedio el primer regalo de parte de Dios para este viaje. Un agradable australiano con el que estuve charlando me pregunto: Padre, quiere desayunar conmigo en la seccion que tiene la terminal para los viajeros de clase business?

Pues no se, le respondi, en realidad a mi me gusta comer mal, pero hoy podria hacer una excepcion.

Y pasamos a la zona de los viajeros business. Antes de desayunar me dijo que el se iba a dar una ducha y que si yo queria podia hacerlo.

No, gracias, le respondi, en todo lo referente a duchas y bagnos sigo la tradicion europea. Despues le explique amablemente nuestra restrictiva tradicion respecto al agua. La relacion del Viejo Continente con el agua no es de enemistad, pero si de un trato mas espaciado que el de otras latitudes mas generosas en este campo, quiza es que se ensucian mas.

El desayuno en la zona business de la aerolinea de los Emiratos no tiene nada que ver con el pan con tomate que me tomo en mi desayuno todos los dias en el collegio de Roma. Alli tenia tanta variedad, tantas posibilidades, todas ellas mejores que mi dichoso pan con tomate.
Dado que el almuerzo tendria que hacerlo en el avion con la tipica bandeja de comida, opte por hacer un desayuno/almuerzo. Tras eso y mirar las noticias en Internet, me puse a pasear por la Terminal, mi amigo se quedo mirando su correo.

La terminal, toda ella en tonos blancos, me daba muchas ideas para levantar una catedral, por lo menos para levantar una catedral del tamagno de una terminal. Sea dicho de paso, habia una capilla para el rezo. Hice amago de asomarme y curiosear, pero para entrar hubiera tenido que descalzarme.

(Seguira magnana)

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