jueves, marzo 17, 2011

En un asiento sentado y volando, en el aire

Las cuatro horas pasaron lentas, pero por fin llego el momento de abordar. Era uno de esos aviones nuevos de dos pisos, un Airbus 380. Los asientos amplios, nada que ver con la tortura del viaje Roma/Dubai, y eso que se trataba de la misma compagnia. Ni siquiera podia extender las piernas, un pilar bajo el asiento delantero me lo impedia. La estrechez del asiento resultaba tan incomoda que me hacia olvidar la incomodidad de las piernas.

Asi que ahora con un buen asiento, las catorce horas se me pasaron rapidas. Esto, logicamente, es una broma. Catorce horas de viaje despues de siete horas de vuelo, no se pasan rapidas. Pero si que es cierto que estaba tan resignado, tan hecho a la idea, tan obediente a las circunstancias, que no se me hicieron largas. Y eso sin contar con que era mi segunda noche volando, o dicho de otra manera mi segunda noche sin dormir.

Durante el vuelo me vi una pelicula y tres documentales de una hora cada uno. La pelicula fue El discurso del Rey. La pelicula estaba bien, solo eso. No le vi ninguna virtud, salvo la virtud del aburrimiento. No puedo entender como le han dado el Oscar a la Mejor Pelicula. En mi opinion resulta completamente cierto que la concesion de los Oscars se otorga siguiendo cierto algoritmo regido por una compleja serie de reglas de azar: la famosa Ley de Forting basada en el Algoritmo de Cucururphy.

Solo esa ley puede explicar ciertos Oscars, algunos exitos en el mundo de la politica, o no pocos ascensos en la empresa privada. Si ahora mismo piensas en tu jefe, tu superior o tu subteniente comprenderas que el puesto que ocupa no se debe a sus meritos (bastante escasos por cierto), sino a la Ley de Forting. Pero esa Ley merece otros post, porque ahora me habia dejado a mi mismo en un vuelo rumbo a Sydney.

(Seguira magnana)

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