lunes, marzo 28, 2011

Enviemos este ejército a Libia

Os confieso que lo más duro en la vida no es soportar las injusticias, ni resistir los embates de la envidia, ni las malicias del adversario ideológico o del adversario personal, o del enemigo ideológico/personal. No, no, todo eso resulta fácil y sencillo. Lo que sí que se hace cuesta arriba es ver cómo los inútiles progresan en todos los órdenes de la vida, en todos los escalafones. Todos conocemos a alguien. Sí, también tú que me estás leyendo estás pensando en dos o tres. Con un poco de tiempo encontrarás una docena, no lo dudes. Alguien hace años elaboró la Teoría de la Incompetencia, según la cual uno sigue subiendo en el escalafón hasta que llega a un puesto en el que ya no hace las cosas tan bien y ya no sigue ascendiendo. El que inventó esa teoría evidentemente no había salido nunca del despacho de su universidad. Probablemente el que tejió esa teoría seguía viviendo en casa de sus padres con un conocimiento muy limitado del mundo exterior. La realidad es muy otra. Además, si combinamos la Ley de la Incompetencia Universal (esta ley sí que es verdadera) con la Tesis de la Ignorancia de Greenevich, entonces comprenderemos por qué tantas cosas funcionan mal en el mundo, por qué el señor de la ventanilla nos atiende mal, por qué el conductor del autobús acelera con la decidida intención de hacer caer a alguien, por qué el médico de la Seguridad Social dice: tranquilo, tranquilo, eso no es nada, no hace falta hacer ningún examen, no hace falta mandarle al especialista. ¿Qué solución he encontrado yo? Después de la cena, la música de Matar a un ruiseñor, un poco de chocolate, una buena novela (Navokov puede servir), un buen sillón (imprescindible), y entonces sí podemos sufrir de la fortuna impía, el porfiador rigor, o lo que nos venga encima. Es curioso. La mayoría de los que habéis leído estas líneas habéis pensado en vuestro jefe, en vuestro compañero de trabajo. Qué verguenza. Aunque a lo mejor tenéis razón.

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