viernes, marzo 25, 2011

Gadafi: The rain in Spain is plain

Lo de Gadafi me ha sorprendido notablemente. Pero, bueno, si Frankestein logró volver a andar, también es posible que el Coronel vuelva a casa sacudiéndose el polvo de los hombros de la guerrera y preguntando a qué hora es la cena.

¿Pero es eso posible? ¿De verdad de la buena? La respuesta es no. Hay tantas posibilidades de reflotar al Titanic como de que ese señor vuelva a aparecer en las cartas de ajuste de su país. Y eso suponiendo que haya dejado algo de dinero para que en su país haya al menos carta de ajuste.
Pero lo que sí que es cierto es que Libia ha optado por la agonía larga. Gadafi ha elegido por los libios, es decir en vez de ellos, y entre todas las opciones del menú ha optado por una muerte lenta, por una propia muerte lenta. El final está escrito, pero ha decidido interpolar cuatro o cinco capítulos en medio escritos de su propio puño y letra aunque la tinta la ponen otros.

Gadaffi tendría que haberse dedicado al cine. Me hubiera gustado ver su versión cómica de Lawrence de Arabia o su visión surrealista de Encontrarás Dragones. Pero al hombre le dio por la política. O mejor dicho, le dio por el Poder. Y estas cosas tiran mucho.

Le comprendo. Yo mismo me siento muy dotado para ejercer el Poder Absoluto. Aunque no la he ejercido, creo que hubiera tenido dotes para la crueldad. Afortunadamente la Naturaleza, el Azar y el Destino me hicieron calvo y desprovisto del poder absoluto. En ambas cosas he percibido una gran sabiduría de los dioses.

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