viernes, marzo 18, 2011

La bella Australia

Llegue a Sydney al amanecer. A pesar de las noches sin dormer, estaba muy despejado. Quiza se debiera al efecto que tiene el cafe del desayuno en una persona que nunca toma cafe. Me llevaron a desayunar al muelle de esa ciudad. Previendo un desayuno de bienvenida, mi desayuno en el avion habia sido bastante ligero e insuficiente.

Sentados en una mesa al aire libre con un ambiente primaveral, mientras en Europa seguian en invierno, me tome un batido y un sandwich delicioso. Despues paseamos un poco por el centro de la ciudad y visitamos la formidable catedral. Con la boca abierta les decia: es que a mi esto del neogotico me va mucho. Esta es una ciudad muy verde, bonita, amplia, limpia. No vi canguros por las calles, la gente va al supermercado sin koalas colgados, pero si que hay cacatuas en los arboles.

Fue por la tarde, cuando me entro un suegno terrible, irresistible. Cuando rezaba el breviario, la cabeza se me caia nada mas leer cuatro lineas. Pero si me iba a la cama en seguida seria un desastre, habia que esperar a la noche o no me acoplaria al horario australiano.

Nunca escuche que San Pablo sufriera desfase horario. Pero prefiero el desfase horario a los varios naufragios que el sufrio. Claro que lo malo de naufragar en el aire, es que cuando eso te pasa no queda de ti ni las gafas.

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