viernes, marzo 25, 2011

No debemos acostumbrarnos a las desigualdades (ésta es una frase bastante manida)

Sobre el dibujo de hoy: La sociedad debería ser más igualitaria. No creo en el comunismo ni en sus insulsas versiones modernas. Pero sí que habría que lograr algo como lo que han logrado los países escandinavos. Esta reflexión extemporánea que no viene a cuento de nada, tiene su razón de ser en el esplendido dibujo que hoy os he puesto, toda una obra de arte. Perdonadme el sermoncito. No me gusta dar sermoncitos. Pero es que el niño del carrito meda pena. No más sermoncitos.

Bueno, sigo con el sueño de ayer en el que soñaba que entraba en el Cielo. Después de levantarme, he reflexionado, y me he dado cuenta de que cuando van a morir los santos más notables entre los notables, el Cielo se conmociona. Porque va a entrar en él uno de los grandes.
Me imagino que entre sus habitantes corren voces tales como: éste ocupará el lugar 15 tras la Virgen María.

No nos podemos imaginar lo que debe ser la entrada de estos gigantes en el Reino. Cuando lo más grandes entre los grandes se inclinan llenos de admiración ante uno de estos colosos.

Estos colosos del espíritu no ascienden a la presencia de Dios como el resto de los mortales. Sino que el mismo Jesucristo sale al encuentro de su alma a los pies de su mismos lechos. Estoy seguro de ello. Porque estos espíritus son los grandes amigos del Salvador. Le han seguido toda su vida, han hablado con Él, han gozado de su intimidad día a día. Jesús no les espera en lo alto, sale a recibirlos como se recibe a un amigo del alma.

Jesús con sus ángeles, acompañado de sus santos, está a los pies de la cama. Es así como suben al Cielo los más sublimes de los santos entre los santos.

Es como si una delegación de los ángeles acompañara al Rey a recibir a su amigo. Me imagino a los santos, a los coros, arremolinados alrededor de ese último lecho de dolor. Después, nada más salir del cuerpo, la sorpresa, la certeza absoluta e irrebatible de que valió la pena crucificarse con Cristo.

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