domingo, abril 17, 2011

Aquí estoy, en España, en mi diócesis, en mi casa, en mi sillón


Ay, hoy casi os quedáis sin post. Las conexiones a Internet cuando vuelvo a Italia o cuando vuelvo a España suelen ser motivo de grandes pérdidas de tiempo. Viajes al Corte Inglés, llamadas al servicio de Movistar, pruebas y más pruebas con el ordenador.

La gente se queja de que la Iglesia funciona mal. Pero os puedo asegurar que funciona bastante mejor que Movistar. El sistema operativo de esta compañía no sólo parece medieval, sino claramente inquisitorial. Pero no me quejo. Porque en Italia, mi servicio de conexión, cobertura y saldos de Wind, más que inquisitorial, parecía regido por calvinistas furibundos cuyo propósito secreto era que renegáramos de Internet y retornásemos a los libros.

Pero eso no es todo. Tengo que hacer reparaciones en la fontanería de la cocina. Mi coche se ha quedado sin batería. Y necesito un electricista para un asunto menor.
Por si todo fuera poco, me duele el interior de una muela recientemente empastada. El empaste ha llegado demasiado cerca del nervio. Una endodoncia se perfila en el horizonte. Entre las llamadas que tengo hacer, además de al electricista, al fontanero, a Movistar, al mecánico, parece que voy a tener que añadir al dentista.
Pero no me quejo. Ciertamente no me quejo. Porque cualquier situación, por desfavorable que sea, es susceptible de empeorar.

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