viernes, abril 29, 2011

El Padre Fortea de pequeñito comprando un periódico.



Fuera de bromas, ese candoroso niño encantador no soy yo. Pero yo algo así a su edad. Aunque no me rodeara una escena como ésta que parece sacada del neorrealismo italiano.


En la comida y en la cena hoy hemos ido acabando los trozos de chocolate de un gran huevo de Pascua. Tengo que ir aligerando el contenido de los armarios, pensando ya en el día en que empaquetaré todo para regresar a mi diócesis en verano. Aligerar significa tirar a la basura. Delante de los armarios, veo la colección entera de obras de Von Balthasar que un sacerdote venezolano me ha dejado. Tengo que comenzar su lectura y estudio cuanto antes.

Tras la comida, hemos visto las noticias. Se ha casado el hijo de Isabel II. Parece buena persona. Me hubiera gustado ver algo de la ceremonia anglicana. Pero parece que las cuestiones litúrgicas era lo que menos les interesaba a los redactores del noticiario.

Después de la cena, me he acercado con una amistad de Miami a la Plaza de San pedro a rezar un rato allí. Me he sentado en la base de un pilar de la columnata de Bernini y hemos estado media hora orando. La plaza estaba con mucha gente, sobre todo de Polonia. Curas, monjas, familias, grupos, algún que otro obispo. Hasta me he encontrado con el seminario de mi diócesis en la Via de la Conciliazione. Estaban buscando dónde comprar una gelateria, lógico.

En la plaza me ha impresionado una señora de unos cincuenta años que ha ido andando sobre sus rodillas durante veinte minutos hasta una inmensa foto de Juan Pablo II. Durante veinte minutos me he preguntado qué estaría pidiendo.

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