sábado, abril 23, 2011

El Viernes Santo no he estado bueno



Ayer no hubo post, porque me puse malito. Todavía no sé qué fue. Pero lo cierto es que una hora después de comer, me puse en camino hacia Villamanrique, donde iba a celebrar el Oficio de Viernes Santo. En el coche empecé a sentirme mal: un dolor de cabeza en la frente que poco después me provocó incluso alguna nausea. No se me pasó durante la hora de viaje. Pero después, inmerso en la liturgia de la Pasión, me olvidé del asunto.


Acabado todo, montado ya de nuevo en el coche, me apercibí de que el dolor de cabeza seguía en la frente. Los cuatro que íbamos en mi coche, decidimos acercarnos hasta Estremera. Un pueblo que estaba muy cerca y que había sido mi primera parroquia, la primera de toda mi vida sacerdotal.


Paseamos por el pueblo, visitamos la iglesia, aceptamos la invitación a entrar en las casas de algunas familias amigas. Fue un recorrido de nostalgia, melancolía, evocación. Los recuerdos afluían de un modo natural. En los espejos de la sacristía volvió a aparecer mi imagen. Pero la imagen que reflejaban era la de trece años después.


A este recorrido melancólico, ayudaba el día gris, lluvioso, desapacible, las muchas humedades de la iglesia. Había tomado posesión de esa parroquia, con una iglesia recién pintada, esplendorosa. Dieciséis años después, las paredes delataban el paso del tiempo de un modo que a un turista le parecerá normal, pero que a mí me apenó. Las paredes de ese templo son muy porosas, la humedad de ese suelo grande, los afloramientos de salitre inevitables.


En el camino de vuelta a casa, ya de noche, el dolor de cabeza se me hizo más y más fuerte. Tuve que advertir a mis amigos que no se sorprendieran si tenía que detener el coche en la cuneta y parar a vomitar. Dos veces mis amigos tuvieron que contemplar esa penosa escena.


Llegué a casa y tras un cuarto de hora en el sillón con mi madre, decidí irme a la cama a las diez de la noche. Me he levantado hoy a las cinco de la mañana rehecho completamente. Me siento bien. He hecho mis oraciones de la mañana, mi madre sigue durmiendo, pasaré un sábado santo dedicado a la lectura.

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