jueves, abril 28, 2011

Haciendo las maletas para Roma



Detrás de un viaje siempre hay muchas pequeñas cosas. Como por ejemplo que ayer en mi casa de Alcalá, al irme a la cama me pregunté si me decidía a acabar un asunto que tenía a medias o no. Después de pensar los pros y los contras, me resolví a acabarlo. Resultado: me acosté a las 3.00 de la noche. Consecuencia: me levanté por la mañana con malestar y nauseas. Si un día me pego un madrugón o si duermo pocas horas, me levanto muy mal.

Pero el sueño no fue obstáculo para que cumpliera mi tarea de limpiar la nevera. Eso significó ir haciendo viajes a la puerta del piso de mis vecinos para darles que si unas cebollas, que si unos tomates, que si una manzana que había quedado suelta por ahí. Y aun un rato después, encontré una naranja perdida.

Todo eso debía ser sacado de la casa sin excepción. Cualquier fruta que hubiera quedado olvidada, un mes después la habría encontrado en un estado lamentable: poniéndolo todo perdido y con un horrible olor a podrido. Sí, las frutas podridas rezuman y el olor de una sola fruta podrida hasta la extenuación es repugnante.

Después el amigo que me venía a buscar para llevarme al aeropuerto, me llamó por el móvil: había pinchado una rueda en el camino. Pero todo se solucionó. Ventajas de haber puesto márgenes en los horarios.

Ya en el avión, me dormí al instante. El viaje se me hizo brevísimo por esa razón, estuve durmiendo casi todo el rato. Hasta me dio tiempo a tener un brevísimo sueño religioso.

Pero no dormí durante todo el vuelo, porque cuando llevaba durmiendo casi una hora me desperté: me sentía mal. Me entró un sudor frío y un malestar intensísimo. Yo lo atribuí a que no había comido y el desayuno había sido ligero. Es cierto que eran las 3:00 de la tarde. Pero eso lo he hecho muchas veces y no me he puesto así, para nada. Además, tampoco había hecho ningún esfuerzo físico.

Lo cierto es que me tomé una Pepsi-Cola y me puse bueno, bueno del todo. Sería una lipotimia. Pero eso sí, no acabo de ver la razón. Menos mal que Pepsi vino en mi ayuda. Ya lo dice una amiga mía médica que la Coca-Cola es una magnífica medicina para casi todo.

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