jueves, abril 07, 2011

Los Siete Magníficos de la Téología


Bueno, hoy he recibido un paquete de Nueva York con dos castillos de arena. Esto que acabo de decir parece la típica frase simbólica, que ahora debería explicar. Pero no, es la realidad. Aunque parezca increíble, he recibido dos castillos de arena solidificada.

He participado en una mesa redonda en la universidad donde hago mi doctorado. Una mesa redonda con el rector y con Matt Baglio, el autor de El Rito. Por pura casualidad hoy tenía también una charla en el Colegio Eclesiástico Brasileño, donde residen los sacerdotes de Brasil que estudian en Roma.

Esa conferencia con los 150 sacerdotes ha sido mi actividad favorita de la semana. A veces en una charla percibes la buena sintonía con los que te escuchan.

Ayer acabé de ver la película Alejandro, sobre Alejandro Magno. No vale practicamente nada. La única razón por la que puede valer la pena ver la inacabable cinta, es por ver algunas reconstrucciones históricas (Babilonia, las falanges y tal). Pero incluso en materia de reconstrucciones, la película es bastante tacaña. Se lo gastaron todo en actores famosos y para reconstruir no quedó casi nada. Con lo que me gusta Nixon del mismo director, y que después no haya hecho nada potable.

Tenéis suerte que no me haya dedicado al cine, ¡directores de segunda fila! Si no, os íbais a enterar de lo que vale un peine.

Pero curiosamente, nunca he sentido vocación hacia ese campo. Me gusta mucho el cine, y sin embargo no. Es curioso. O se tiene vocación a algo o no se tiene, por más que ese algo te guste.

De verdad que tengo ganas de sentarme a ver algo que me deje con la boca abierta. Tengo ganas de sentarme y ver algo que me recuerde a los viejos momentos gloriosos. Menos mal que me queda mi colección de bandas sonoras. Ahora he descubierto la música, la gran música, de la época dorada del Western. Magnífica. Y eso que el Western nunca me ha gustado.

Escuchad en youtube la banda sonora de The Magnificent Seven. Es para caerse atrás.

Ah, lo de Los Siete Magníficos de la Teología ha sido otra de mis numerosas trampas.

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