miércoles, abril 06, 2011

Mi dentista de cerca del Vaticano


Ayer me fui al dentista. Esta vez no ha sido por una caries. Sino un arreglo más profundo. Resulta que tengo la mordida de la mandíbula muy cerrada y eso me está desgastando los dientes de abajo.

Mi dentista polaca me trata con una amabilidad a la que no estoy acostumbrado en un odontólogo. Ayer me hizo esperar casi hora y media, pero valió la pena.

Esta dentista tiene una carácterística especial frente a todos aquellos por cuyo sillón clínico he pasado: va diciéndose a sí misma todos los problemas que van surgiendo en su intervención.

Que sí la pasta del empaste está seca, que si no hay suficiente espacio, que si no ha pegado bien. Tampoco es que me lo vaya diciendo, sino que lo piensa en voz alta.

Yo estoy deseando que la Ciencia dé algún salto sustancial hacia delante en este campo de la odontología. Quién sabe si en el futuro nos podremos poner algo en la boca que sea tan cómodo como quien se pone una zapatilla. Mientras tanto seguiremos sufriendo. Pero eso sí, sin quejarnos, en silencio.

2 comentarios:

  1. guaaa!! me encanta el blog, siempre encuentro temas muy interesantes.

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  2. Que importante es que tu dentista te trasmita confianza y seguridad en lo que está haciendo. Es fundamental para que hasta los más miedosos se sientan más confiados :)

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