miércoles, abril 20, 2011

Misa Crismal, una fila de ángeles hacia el altar



Como era de esperar, una señora de Estados Unidos ayer me escribió preguntándome con toda candidez si los señores de las capuchas eran los buenos o los malos.


Bueno, hoy hemos celebrado en mi diócesis la misa crismal. Como siempre es algo tan emotivo para mí. Una misa incomparable. La catedral, tan gótica. Los compañeros todos juntos. Sea dicho de paso, ahora no puedo dejar de pensar que hace unos años cuando iba a estas misas crismales, yo era de los jóvenes. Ahora soy de los de mediana edad. Y muchos de los compañeros de mediana edad que fueron mis párrocos (cuando yo era seminarista) o curas vecinos de arciprestazgo, ahora son ya claramente ancianos.


La misa crismal, a partir de ahora, se ha convertido en otro hito donde medir el paso del tiempo, en otra marca donde comparar eso que llamamos el antes y el ahora, el presente de hace dieciséis años (cuando fui ordenado) y el presente actual. En medio, obispos, muertes, muchas historias, sacerdotes que se marcharon, el paso del tiempo con sus sorpresas y su marcha rutinaria.


La comida posterior tiene un sentido apostólico tan fuerte. Lo mismo que los Doce comieron con Jesús la Cena Pascual, nosotros comemos todos juntos con nuestro obispo.


En la foto que he puesto, y en la que se me ve, era al comienzo de la misa. Cuando nos dirigíamos hacia al altar a besarlo, a besar nuestra propia inmolación sobre ese ara cristiana. Hace pocos días leía una entrevista a un sacerdote ortodoxo, y decía que los sacerdotes casados estaban más cerca de la tierra.


No dudo de la bondad de este sacerdote. Estoy seguro de que es muy bueno. Pero si yo busco a un sacerdote, buscaré a uno que esté lo más cerca posible del Cielo. Porque para encontrar a alguien cerca de las cosas de la tierra, tengo a muchos. Lo difícil es eso, encontrar a un taborita, a un habitante del Tabor, a un apóstol que viva en la continua contemplación de la Transfiguración de Cristo, que viva en la luz de la Segunda Persona venida a la tierra. Lo otro es lo fácil. Lo otro es lo humano. Para el otro viaje, no necesitábamos alforjas. Para el otro viaje, no hacía falta salir de casa. Para lo otro no hacía falta la Encarnación, ni la Pasión. Algunos no han entendido el cristianismo, y siguen sin entender la trascendencia del Misterio de la encarnación de Matrix, el exceso de la Pasión de Mel Gibson. Tampoco podrán gozar de Bach en la misma radicalidad que su música expresa. Hasta Borges, sin creer, entendió lo que sería el credo cristiano si a él se le hubiera dado el don de la fe.


Bendita Semana Santa. Bendito tiempo santo cargado de gracias para aquellos que hagan penitencia.

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