lunes, abril 04, 2011

Un montón de curas y la gaviota: qué bien nos lo hemos pasado


Hoy, en un pequeñísimo patio interior en el ala donde está mi habitación, ha caído una gaviota. Sus quejidos-gruñidos eran tan fuertes que mi vecino de habitación y yo hemos salido al pasillo a ver qué pasaba.

Hemos visto que estaba en ese patio la gaviota y que no sabía salir. Quizá porque estaba oscuro y se chocaba con las paredes. ¿Quién sabe por qué?

Los ruidos eran tan fuertes, que más sacerdotes han empezado a salir de las habitaciones de ese pasillo: un puertorriqueño, un italiano (ex benedictino), un polaco, un bielorruso, un keniata y un argentino.

Y allí estaba la gaviota: entre la oscuridad, el clero y los viejos muros de la basílica.

Al final, alguien ha sugerido que formásemos entre todos como una especie de pasillo a través de un rellano del interior del collegio, para que se fuera hacia la zona de una balconada. Y que desde allí (quizá) volase a la libertad.

Alguien ha desplazado un pesado sillón, otro ha movido una especie de carrito que sirve para tender la ropa. Yo como el plan veía que iba en serio, he tomado un recogedor de basura y lo he empuñado como una espada. La gaviota era de un codo de altura y bastante agresiva. El último bicho que me apetecía que se pusiera a volar por la noche en la laberíntica red de pasillos de este palazzo. Si intentaba atravesar el flanco en el que tres curas nos habíamos apostado. A ese flanco se unió otro italiano más, un especialista en Sagrada Escritura. Si la gaviota intentaba escaparse por ahí, le esperaba yo con el recogedor dispuesto a darle un estacazo.

El plan era bastante malo, el genio que lo ha ideado no tenía ni repajolera idea de la vida animal, fuera del zoo de su ciudad y de la película Madagascar y Evasión en la Granja. Pero ha funcionado.

Lo increíble es que ha funcionado. Y a la primera.

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