martes, mayo 17, 2011

La manifestación antisistema y yo como siempre, barriendo para casa



Ayer hablabamos de la revolución, del sistema, del dinero aburrido en las cámaras acorazadas, del antisistema y de cómo la Iglesia siempre acaba atropellada por medio en cualquier paso de cebra.


Quisiera dejar claro que yo que he leído a Marx, a unos cuantos economistas de todos los géneros, y he indagado incluso en las versiones más originales y experimentales de lo que debería ser la economía, al final, al final de todo, debo reconocer y lo digo con toda sinceridad, con el mayor deseo de ser objetivo, al final, como decía, la versión más realista de lo que es y lo que debería ser la sociedad, la encuentro en las encíclicas sociales de la Iglesia.


Todos los economistas, todos los intelectuales, toda la parte pensante de la sociedad encerrada en sus despachos de las universidades, han dado la espalda a esos sencillos documentos papales. Esos documentos ni se comentan. Les parecería que es descender de sus altísimos despachos del pensamiento para perder el tiempo con literatura barata. De hecho, en esos libros aparecen citados infinidad de documentos (Alicia en el País de las Maravillas es el libro más citado en la literatura económica anglosajona), pero jamás las encíclicas de los Papas.


Y es curioso, después de leer a todos, al final me parece lo mejor de lo mejor. Y sobre todas ellas, por supuesto, la incomensurable Rerum Novarum. Auténtico monumento de la literatura económica de todos los tiempos. Es difícil decir más en menos capítulos. Sin duda el Espíritu Santo les iluminó a los Papas en materia económica. Porque es muy fácil meter la pata en esta materia. Y lo que hoy parece indudable, cincuenta años después se ve que es una barbaridad. Mientras que las encíclicas sobre materia económica parecen llevar una especie de chaleco antibalas. Las balas del error hacen caer a todos los economistas, por buenos que sean.


Pero los Papas atraviesan las trincheras de la Historia, en medio de todos los antagonistas, y a ellos no les cae ni un tiro. Unos lo llaman suerte. Pero es que el Espíritu Santo obra en favor de la Iglesia, y no de Oxford. Sí, el viejo León XIII es más fiable que Cambridge y Yale. Lo siento por ellas, pero no trabajamos en igualdad de condiciones. Se siente. Estas cosas que comento aquí no os las dirán en Berkeley y Harvard, porque la sabiduría de este mundo jamás reconocerá que los sencillos del mundo han vencido a los sabios de este mundo.

Pero las polvorientas encíclicas de los Sumos Pontífices siguen brillando con la misma luz pura del día en que salieron de la imprenta. Mientras que las que entonces eran las vacas sagradas de los campus, tienen sus libros hechos un queso de gruyere. Cierto economista (he borrado el nombre) lo era todo en los años 70 y 80, por citar un solo nombre (nombre que he borrado). Hoy día sus obras no son aceptadas ni como pisapapeles, ni siquiera para equilibrar las patas de una cama.


¿Por qué he borrado el nombre? Yo, como los Papas, cada vez me cuido más de meter los dedos en el quicio de una puerta. No quiero citar a alguien y que después me encuentre con alguno de sus amados discípulos. Incluso ahora me empieza a pesar el haber dicho lo que he dicho de Oxford y Yale. ¿Quién sabe si me invitarán a dar alguna conferencia? Cada vez me invita gente más rara y gente más respetable. No hay que tentar a la suerte. Sí, donde he dicho Oxford, poned la Universidad de Orejilla del Sordete. Y donde dije Yale, poned Mongolian University of the Islamic West. Ah, la vieja y rancia Mongolian University (MUIW).

2 comentarios:

  1. José Antonio, muy bueno eso de que una de las citas favoritas de los economistas 'oficiales' es "Alicia en el País de las Maravillas". :-))))

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  2. Dios nos pidió que nos amaramos los unos a los otros... pero al parecer los humanos no entendimos el mensaje. Al parecer la economía, las empresas y el gobierno están excentos del "amor". En la empresa en la que trabajo, la semana pasada acaban de aplicar una "estrategia financiera" para no repartir las utilidades a los empleados. Como nota curiosa, el dueño esta comprando nueva casa en estos momentos.
    Tristemente, lo único que deberíamos hacer no lo hacemos. No compartimos, no damos, no cedemos, no amamos a los otros.
    Si el dueño de mi empresa nos amara, nos compartaría lo que todos trabajamos. Pero al parece no lo hace. Ama el dinero y se ama a si mismo.

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