martes, enero 31, 2012

Un post un poco caótico


En el Volumen I de los Ensayos Teológicos de Hans U. von Balthasar he encontrado un comienzo verdaderamente genial, fantástico. Se trata del arranque de su artículo titulado El universalismo cristiano, que os participo:

Si para muchos católicos el pensamiento de la Iglesia ha encontrado su fin (glorioso) con Tomás de Aquino, del mismo modo para muchos protestantes el mundo comienza con Lutero, y si algunas veces se pierden detrás de la empalizada de la Reforma, lo hacen sólo para demostrar que todos los caminos conducen a Wittemberg. El medievo era pelagiano, el mundo de la patrística era pelagiano, ya Ireneo era papista. Y suscriben plenamente la frase Claudel: De ningún santo está escrito que fuese necesario, pero Lutero debía venir.

Después de esta magnífica cita, esperaríais una gran reflexión. Pues no. Os dejo con esta noticia sobre París Hilton que transcribo:

Esta famosa rubia hoy no es noticia por sus compras o por ir a una macro-fiesta, sino por su solidaridad. Pero solidaridad con los animales. La celebrity estadounidense iba andando por las paradisíacas playas de la isla de Bali, cuando se encontró con un perro callejero. Al verlo tan desnutrido encargó un filet mignon, que asegura en su twitter: ¡le ha encantado!. Se ve que este episodio ha calado en la joven Hilton, y ahora está haciendo campaña en la red social: Es importante que todo el mundo se conciencie de las cosas que están mal en el mundo. Yo estoy usando mi voz para hablar en nombre de estos animales, que no pueden.

También se ha encaprichado de los monos de la isla y quiere llevarse uno a su casa porque: es muy divertido darles de comer plátanos.

Después de estas dos partes tan heterogéneas en este post, con una foto que hace juego con este texto, concluyo con una de las mejores citas de mi vida, un día que estuve verdaderamente inspirado, fue cuando dije lleno de sentimiento: ¿Y te dices amigo mío? Sí, claro. ¡Pues ya veo cuánto me has retwiteado!

lunes, enero 30, 2012

Actividades oníricas


Os cuento tres de mis últimos sueños. A algunos de mis enemigos les encanta psicoanalizarme, y no seré yo quien les amargue la fiesta.

Sueño 1: Voy en un vuelo, me dirijo al aseo que está en la parte de atrás. Cual es mi sorpresa al comprobar repentinamente que varios militares con ametralladoras colgadas a la cintura están sacando un féretro de alguien muy importante, el dictador del país. A mí, como les estorbo, me dan un empujón para apartarme. El resultado es que sin ellos quererlo me echan fuera del avión por una gran puerta que estaba abierta. No me queda más remedio que contemplar la escena de la bajada de ese líder desde abajo. Se trataba de un aeropuerto africano, pequeño. Estaba preocupado, porque mi pasaporte y todas mis pertenencias están en el avión. Pero pienso que esperaré a que acaben con la operación de bajar el ataud del avión para volver a subir.

Sueño 2: Estoy como en un garage de reparación de automóviles y alegre le digo a la otra persona: qué curioso, soñé con esta situación la noche anterior. Allí acaba todo, reconociendo en el sueño que había soñado justamente esa escena en ese lugar.

Sueño 3: Cometo un pecado (dejo a la imaginación de todos los freudianos pensar qué tipo de pecado) y pienso: qué rabia, me voy a tener que confesar de este pecado con la verguenza que me da. Entonces le consulto a buen sacerdote, amable, comprensivo. El cual sonriente me dice: sí, sentencio que te tienes que confesar, pero como has pecado en un sueño (y es como si me guiñara un ojo), te tendrás que confesar en un sueño. Yo que capté la ironía, me quedé embelesado ante la sabiduría de la contestación. Tenía toda la lógica del mundo: si había pecado en un sueño, sólo debía confesarme en un sueño. Lo curioso, es que en el mismo sueño soy consciente de estar soñando.


domingo, enero 29, 2012

Hoy un ensayo sobre la culpa y el remordimiento: crimen y castigo


Hoy he hecho la cosa peor del mundo, cogiendo de la bandeja (en mi collegio) el último pastelito de crema que un puertorriqueño le ofrecía a un polaco. Y es que, en el último momento, yo me he acercado por detrás, he alargado la mano y me lo he comido. Justo cuando se lo ofrecían a mi buen Jan, el cura solidarnosc. Estoy seguro de que mi buen Jan, el polaco iba a comérselo. Pero no, yo tenía que ir a por el último que quedaba en la bandeja. Y lo peor, lo absolutamente peor de todo, (lo peor de lo peor) es que hoy era el cumpleaños de Jan. Me he sentido fatal. Me siento fatal. Cada vez que visualizo en las tinieblas de mi conciencia al bondadoso de Jan, me siento mal.

Encima si me hubiera comido el pastelito de un malvado, hubiera pensado: le está bien empleado. Pero es que, es el mejor tipo del collegio. El mejor tipo después de mí. Y hoy era su cumpleaños. Cosas como éstas me hacen perder la fe en la Humanidad. Me voy a dormir. Pero veo muy difícil que las horas de sueño puedan cubrir con su indulgencia mi acción.

Eso sí, me podré dormir en seguida, porque ayer me fui tarde a la cama. Me pudo el seguir leyendo La Regenta. Aunque no me fui tarde a la cama, porque leía en la cama. Y todo el rato me decía: vamos a ver en qué para esto. Y claro, hoy no he dejado de dar cabezadas por la mañana.

Claro que el profesor no paraba de hablar sobre el tedioso mundo de las lápidas funerarias romanas del siglo I. Sólo existe un tema más aburrido que ése: el maravilloso e increíble mundo de las inscripciones funerarias del siglo II.

Pero no todo es negativo en este aciago día: ayer perdí 400 gramos de peso, sí, ¡400 gramos! Pero claro, hoy justamente, hoy, tenía el vicerrector que celebrar su aniversario de ordenación: eso significa pasteles.

Percibo una ley matemática que hace concurrir los días en que pierdo 400 grs de peso, con las celebraciones con pasteles, y cuyo resultante final es 0.

La fórmula simplificada es X(400)+y(past)=0

No nos engañemos: nuestros enemigos son los carbohidratos. Nuestros buenos amigos son las coles de bruselas, el bueno del apio, las queridas ensaladas y la fiel manzana.
Por fin he descubierto antes de morir por qué no perdía peso. ¿Quién podía pensar que el pan, a pesar de ser tan proletario, era tan rico en calorías? Pero estoy divagando, como decía: el cura polaco estaba a punto de coger su pastelito relleno de crema, cuando yo me acerqué por detrás.


sábado, enero 28, 2012

´Helder Cámara (IV) y otras cosas



Hace ya muchos años, Helder y otros 39 obispos firmaron en el Pacto de las Catacumbas líneas tan preciosas e impresionantes como éstas: Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población en lo que toca a casa, comida, medios de locomoción, y a todo lo que de ahí se desprende.

Esas líneas todavía me emocionan. El problema vino cuando algunos hicieron de esto, un arma de ataque a los que (supuestamente) eran sus hermanos. Y así sucedió que lo que debía haber sido motivo de edificación, se convirtió en medio de agresión. Pero, bueno, algo así ya le había pasado a Lutero. O sea, que al final mal.

Helder, sin embargo, era auténtico. Él lo que quería era seguir a Cristo. Mientras que hoy día los talibanes del progresismo siguen empeñados en modernizar las pirámides, siguiendo la estela de los antiguos teólogos de la liberación. Los liberales ahora nos quieren imponer su particular credo humanístico en una especie de nueva versión del discurso final de Al Pacino en Pactar con el Diablo (Devil´s Advocate): ¡soy un humanista!


Pero, vamos, si la teología liberal ya la expuso el Diablo en esa película por boca de Al Pacino. Hans Kung lo único que hace es alargar un poco más los argumentos. Lo cual resulta innecesario. Pues para hacer lo que a uno le dé la gana, no son necesarias las alforjas de la Iglesia Católica. Pero nada. Algunos empeñados en nadar y guardar la ropa, en nadar en las aguas del relativismo moderno y queriendo guardar la ropa del catolicismo. Lo dicho, ganas de modernizar las Pirámides.

Bueno, aquí acabo los post sobre Elder. Porque con la excusa del anciano arzobispo ya estoy hablando del rey que rabió.

viernes, enero 27, 2012

Helder Cámara (III)




Cuando uno no está centrado en Jesús de Nazaret, se cae en los ritos. Otros caen en la ley, en el amor a los estucos eclesiásticos, en los trapos. Qué fácil es hacer del medio un fin. Qué fácil es quedarse en la cáscara. Helder fue a la esencia, al núcleo.

La Teología de la Liberación, que fue lo que rodeó al buen arzobispo, nunca entendió que esa teología era un tipo de iconoclastia, que no era un retorno al principio, sino un viaje a Moscú.

Cuando veo a un obispo con una cruz pectoral pobretona, un anillo que da pena y todo él sumido en la miseria, es algo que me edifica, que me da devoción. Pero pensar que todos los obispos tienen, por obligación, que ser así, es un error, un gran error. El rito, la liturgia, también son parte del plan de Dios, no un accidente en el camino.

Me da devoción la sencilla capilla de seis franciscanos en un campo, pero también la abadía benedictina de cien monjes con un culto magnificente. Prefiero una Iglesia en la que existe Helder Cámara abriendo la puerta de su casa a las visitas, y la Guardia Suiza formando en el Portón de Bronce. Las salas pintadas por Rafael no son una traición a San Francisco. Allí está el error. Pero Helder Cámara tampoco es una traición a Pío XII. Ahí está el error de los integristas.
El tradicionalismo es malo, pero el cristianismo versión Moscú también. Algunos que hoy se las dan de modernos, siguen sin aprender de los errores del pasado cercano. De todas maneras, tampoco importa mucho, ya que la Teología de la Liberación nos ofrece sus últimos coletazos en las lagunas de Internet, últimos rincones del planeta donde ha sobrevivido. Ahora lo que se lleva en muchos ambientes es una teología liberal, a la cual le importa un bledo lo de la liberación, que suena a jungla, a metralleta y a olor proletario.

jueves, enero 26, 2012

Helder Cámara (II)



Ayer me explayé bastante en elogios hacia ese gran santo que fue Helder Camara. El único pero que podría ponerle, era que durante su episcopado no puso todos los medios para desarraigar la heterodoxia. Tampoco puedo ser excesivamente duro en mi juicio, porque otros magníficos obispos europeos tampoco tuvieron muchos éxitos en esta faceta. Ni todos los obispos son padres de los pobres como Helder, ni todos los obispos son guardianes de la fe al modo que lo fue don Marcelo, arzobispo de Toledo. Ningún obispo tiene en grado máximo todas las facetas de la perfección.

Hoy hablando con un sacerdote brasileño con el que vivo y que admira profundamente a Helder (y al que lo conoció en vida), me comentaba que su veneración no le impide reconocer que él no era un gran administrador. De hecho, no administraba nada. Todo estaba enteramente en manos de otros.

Hay obispos en los que resplandece más el amor, en otros la fortaleza. Unos son grandes organizadores, otros grandes teólogos, otros dirigen con báculo de hierro en mitad de las tormentas y los lobos los temen.

Helder fue lo que Dios quiso que fuera. Ese arzobispo fue una obra de Dios. Pero la Iglesia entre los sucesores de los Apóstoles tiene necesidad de Helders (el amor), de Ratzingers (teólogos), de Wojtilas (guías), de Pacellis (diplomáticos), de Roncallis (renovadores), de Roucos, de Sistachs y de todo un poco. De todo, no sólo de una cosa. De lo que no hay necesidad es de debilidad, de poco interés por el Evangelio, de vistas humanas.

Otro aspecto que me parece interesante, es la bellísima imagen que Helder dio del cristianismo. Su rostro amable predicaba, pero cuando abría la boca dejába atónitos. Qué diferencia con la fealdad del tradicionalismo. Con la imagen tan dura, inflexible, orgullosa, que ofrece del mensaje de Jesús el tradicionalismo. Recuerdo una foto en la que aparecía Fellay (el superior de los lefevrianos) en Perú, en mitad de los Andes. Y alargaba su mano para que un niño indio le besase su impresionante anillo y le hicieran la foto. La imagen de Fellay que con la mirada parecía repetir: bésalo, bésalo, bésalo, a a un niño que no tenía ni idea de lo que quería ese obispo, era patética. Lo que Fellay quiso con esa foto era mostrar: ved, hasta los indios y los pobres me respetan y admiran. Pero el amor y el cariño es algo que no se logra con una foto.

Deseo con todo mi corazón que los miembros de la Fraternidad de San Pío X retorne a la comunión de la Iglesia. Los recibiremos con los brazos abiertos, como al Hijo Pródigo. Pero no os dejéis contagiar del tradicionalismo, porque es lo más parecido al fariseismo.

Aun siendo fieles a Roma, siempre tenemos el peligro de dejarnos impregnar un poco de esas ideas que no son espíritu, sino letra, de una tradición que no es divina, sino humana. Hay una gran diferencia entre el concepto de lo humano en Helder y lo humano (creyendo que es divino) en Lefevre. Sí, hay un elemento humano en la Iglesia que siempre corremos el riesgo de absolutizarlo. Una tradición (con minúscula) de la que ya no creemos que podemos separarnos. Por eso es de suponer que Lefevre murió con angustiosas dudas en su corazón, mientras que Helder murió en la más beatífica de las paces. Lefevre miró cara a cara la faz del infierno antes de sumergirse en el misterio. De Helder todos pensaron, si no se salva él, ¿quién se salvará?

Mañana seguiré hablando de Helder.

miércoles, enero 25, 2012

Helder Cámara (I)




Helder Cámara, arzobispo de Recife, fue la prueba viviente (y obrante) de que otra Teología de la Liberación fue posible. Siempre se mantuvo ortodoxo, fiel al Sucesor de Pedro. Ayudar a los pobres no lo consideró una patente de corso para saltarse la Ley de la Iglesia.

Estar con los necesitados, sí; pero dentro de la Iglesia. Juan Pablo II amonestó públicamente en el aeropuerto a Ernesto Cardenal, pero a Helder Cámara le besó en la cabeza con todo el amor.

Helder dijo una vez: Si le doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy un comunista.

El arzobispo era un santo. Y si no lo fue, desde luego lo parecía. Fue un servidor de Dios y de los hombres. Amado de todos. Odiado por aquellos pocos cuyo odio era otro galón sobre su sotana.

No sé cuáles fueron sus criterios en el gobierno de la diócesis. Pero viendo su rostro plácido, sonriente, relajado, es fácil suponerlo.

Los dictadores de Brasil tuvieron suerte de que la televisión estuviese muy poco desarrollada en su época. Porque cuando le ponían una cámara delante, llenaba la pantalla, subyugaba sin querer subyugar, su verbo tranquilo era una riada irresistible. Siempre aparecía feliz porque siempre estaba feliz. El Helder de las cámaras hubiera sido el mejor portavoz de la entera Iglesia Católica. Ni siquiera la Madre Teresa de Calcuta (a la que yo quiero tantísimo) se le podía comparar en cuanto a la palabra. Era como si las cámaras de televisión lo idolatrasen. Los cámaras sólo tenían que enfocarle y su presencia hacía el resto. Me imagino a los dictadores brasileños preguntándose: ¿cuál será su secreto?, ¿por qué nosotros no salimos así en televisión? Me imagino a algún general agarrando del cuello a su asesor: ¿por que yo no salgo así en la tele?

Nunca le dieron el Premio Nóbel de la Paz. Él valía más que el Premio Nobel. Todos los días se levantaba a las 2:00 de la mañana y hacía oración durante dos horas. Después dormía y cuando se levantaba, celebraba misa. Ese hombre que siempre vestía sotana, que creía en la existencia de los ángeles caídos (sí, sí, los demonios) y que siempre fue ortodoxo, pudo hacer posible otra Teología de la Liberación. Desgraciadamente, el marxismo impuso su doctrina a esa teología. Y la lucha por los pobres se transformó en heterodoxia, en desobediencia, en tantas cosas que no quería Jesús.

Las anécdotas de su vida son impresionantes, como la vez que fue a una comisaría a altas horas de la noche a rescatar a un obrero al que habían tomado por un traficante de drogas y que estaba siendo torturado. Acudió a la comisaría sólo porque se lo pidió la mujer del detenido. La cual sólo tuvo que llamar a la puerta de su humilde casa. Muchas veces abría la puerta él mismo. Tras escuchar a la desesperada esposa, el arzobispo inmediatamente (era tarde, de noche) se presentó en comisaría, alegando que era hermano del detenido. El anodadado comisario creyó haberse metido en un gran lío. Hermano, por parte de Padre, explicó el arzobispo al amable comisario, que por otra parte era un torturador. El asustado oficial dejó en libertad al detenido de inmediato. Es una anécdota entre muchas. Cosas así las hacen muy pocos. Pero muy pocos.

Por eso hoy hablamos de Helder y de los otros nos hemos olvidado. Ah, un último apunte. Vi una entrevista a Leonardo Boff en la que Boff explicaba que muchas veces conversaron él y Helder acerca del Papa y la Iglesia Institucional. Y Boff decía que jamás le escuchó la más pequeña crítica, jamás. Siempre fue un hombre fiel. En un momento dado Boff interrumpe la entrevista y calla, durante un buen rato en silencio sólo trata de contener las lágrimas de emoción.

Mañana seguiré hablando de Helder Camara.

martes, enero 24, 2012

Gárgolas de Nueva York



Esta gárgola de Nueva York es, en mi opinión, la más bella de todo el mundo. Tiene fuerza. Parece dotada de movimiento, semeja avanzar. Sus ojos están dotados de una firmeza que va más allá de la materia. Representan los ojos de una nación que miraba hacia el futuro. El porvenir que le esperaba como indiscutible imperio.
Grandiosa la idea de materializarla en acero. Insuperable en su aparente simplicidad, que no es tal. El trabajo que lleva integrar sus elementos en una estética Decó, sólo lo conocieron sus creadores. Una cabeza así no se le ocurre a alguien en un único momento de inspiración. Esas cabezas son un proyecto rehecho una y otra vez, hasta conseguir la máxima densidad a través de la simplificación.
Esas gárgolas simbolizan como ninguna otra cosa el orgullo de una nación llamada a ser la Nueva Roma. Pero todo imperio sólo dura un tiempo. El cetro no pasa de edad en edad, dice la Escritura. Estados Unidos desde el comienzo del siglo XX fue la China de su época. Es decir, lo que pasa ahora con China, pasó entonces con Estados Unidos. Seguro que muchos en Europa se negaron rotundamente a aceptar el nuevo escenario. Después los norteamericanos no lo hicieron mal. Es más, lo hicieron muy bien. Debemos recordarlo esto cuando pensemos en el futuro.
Ahora le toca a China. Tengamos confianza. La Historia no es un barco a la deriva, no es una embarcación abandonada a la furia de las olas del azar. Hay un Padre que cuida de sus hijos. Tened confianza.

lunes, enero 23, 2012

China como instrumento divino de purificación de Occidente



Ante el panorama que planteé en el post de ayer, ¿qué hacer? Desde luego, el camino no es la xenofobia, no es el aislacionismo, no es fomentar el odio hacia ninguna nación. El camino no es ver a ninguna nación como enemiga. Ése, ciertamente, NO es el camino.
Debemos entender que la población china no tiene la culpa de ese desequilibro esencial del que hablaba ayer. No hay ninguna nación de la tierra que no aprovechara una coyuntura favorable para crecer. El gobierno chino sí que podría tomar medidas para que su crecimiento no se hiciera a costa de nuestro crecimiento. Pero eso sería tema para otro post, que no voy a escribir. Hay crecimientos agresivos, hay crecimientos que se hacen a costa de otros, y crecimientos en los que todos se benefician, crecimientos ordenados por la razón. Desgraciadamente, el crecimiento diseñado por el Partido Comunista Chino es el más agresivo contra Occidente. Pero de eso no tienen culpa los habitantes de esa gran nación, que estoy convencido de que será la gran esperanza de la Iglesia, y algún día su gran alegría frente a una Europa secularizada.
El problema es que, en el campo económico, estoy convencido de se va a dar el peor escenario posible. En primer lugar, los gobernantes (que no son economistas, son políticos) no captan la situación a largo plazo de desequilibro. Ellos se mueven en el corto plazo, en sus pequeños problemas, y no se dan cuenta de que lo que pasamos no es una mala racha, sino una situación que tiende a cronificarse. Segundo, en medio de esta situación es cuando puede aparecer un cisne negro, como ya expliqué ayer.
Así que, señores, esto es lo que hay. Yo lo veo claro y creo que puedo hablar con una cierta autoridad, puesto que en este blog se anunció con antelación cuando iba a empezar la crisis del 2008, cuando iba a tocar fondo, y cuándo iba a empezar lo que llamé la segunda crisis, o crisis dentro de la crisis.
No tengáis miedo de que convierta este blog en un baúl personal de pensamientos económicos. Seguiré hablando de mi día a día. Pero, creedme, esta situación me resulta tan dolorosa. Es el sufrimiento de millones de seres humanos. Detrás de los números rojos hay tantas tragedias personales y familiares, suicidios, ancianos que tienen que abandonar sus pisos, enfermos a los que no se les puede pagar sus cuidados. Dios mío, apiádate de un Occidente que te ha dado la espalda. Dios mío, haznos conocer la relación entre nuestros pecados y el que se haya alejado tu bendición de nosotros. Kyrie Eleison. Señor, ten piedad.

domingo, enero 22, 2012

El bufón dice tonterías, pero a veces dice cosas serias




Aunque escribo este post con la sensación de remordimiento por hablaros una vez más de economía, lo hago porque en este blog (entre otras cosas) hablo de lo que tengo en el corazón. Y el tema de la crisis no sabéis hasta qué punto me preocupa y me pesa en el alma. Hay tanto sufrimiento detrás de los números.
Pero el tema de la economía flagela tanto mis pensamientos por dos razones. La primera es la del cisne negro. La segunda razón es un tema de desequilibrio estructural internacional, que ahora explicaré.
Sobre el tema del cisne negro ya hablé en agosto.
http://blogdelpadrefortea.blogspot.com/2011/08/el-cisne-negro.html
Si veo tan difícil una salida a la crisis actual, es porque por muy mucho orden que pongamos en la economía de Estados Unidos y Europa, hay un desequilibro cualitativo entre la economía china y la de Occidente a favor de China. China siempre producirá más barato, hagamos lo que hagamos. Para producir a su precio, deberíamos reducir a mano de obra esclava toda nuestra población. Mientras no hagamos eso, sus productos siempre saldrán ganando, nuestras industrias se irán reduciendo y su industria se irá haciendo más poderosa.
Lo repito, hagamos lo que hagamos el agua de nuestro estanque se va hacia el estanque ajeno. Y esto no se arregla ni con recortes presupuestarios, ni con austeridad gubernamental. Existe un desequilibro esencial que provoca una tendencia a largo plazo de déficit en nuestras cuentas y superávit en las suyas, de paro en nuestros países y de aumento del empleo en el suyo.
Si el comercio no era igualitario hace años, siempre nos quedaba el consuelo de que la tecnología, las universidades, las empresas punteras seguirían en Occidente. Pero en una segunda fase, vemos cómo la tecnología, las universidades y las empresas punteras van a ser las chinas, no las occidentales. Es decir, incluso en eso, ellos van a estar por delante. En una tercera fase, ellos dictan las normas. No sólo el comercio no será justo (no lo era desde el principio), sino que ellos dictarán las normas a su favor. Eso ya está sucediendo. Cualquier empresa que firme millonarios contratos con ellos, sabe que la primera exigencia es que la empresa debe estar en suelo chino, y la segunda es que el 51% de la empresa será de propiedad china.
La cuarta fase será que el dólar será sustituido por el yuan. Esto que puede parecer una cuestión que no nos afecta, tiene tantas implicaciones que merecería un post entero para explicar cómo esto supondría un antes y un después en las relaciones de la economía mundial con ese país.
(Seguirá mañana)

sábado, enero 21, 2012

Sobre la Ley Antipiratería SOPA




Aunque ya había escrito mi post de hoy, lo he retirado. Porque yo también me quiero sumar a la protesta mundial contra la ley SOPA que se va a debatir en el Congreso de Estados Unidos en febrero.

La existencia de Internet tal como lo hemos conocido hasta ahora, supone la vulneración de algunos derechos de propiedad intelectual. Eso es un hecho. Pero es preferible ese pequeño perjuicio frente al gran beneficio que la libertad de la Red supone para la Humanidad entera.

El que por primera vez en la Historia haya existido un lugar donde expresar tan libremente las ideas, es un verdadero regalo de Dios.

Con la intención de proteger los beneficios de la industria cinematográfica, se dispondrá de un terrible medio para ejercer la censura. La ley nace con una finalidad, pero podrá ser usada para los más turbios intereses.

Los defensores de la industria cinematográfica y discográfica han invertido muchos millones en crear un lobby de presión para lograr una ley que de aprobarse, supondrá un gran aumento de sus beneficios. La Libertad no ha gastado nada para defenderse.

Son muchos los intelectuales y políticos en Estados Unidos que ya se han manifestado en contra del proyecto de ley. Pero también es grande el poder de la presión que se ha ejercido sobre los políticos a favor de la SOPA. Es lógico, hay mucho dinero en beneficios de por medio. ¿Por el dichoso dinero vamos a destruir la libertad de la que goza la Red?

De momento he descartado quemarme a lo bonzo delante del Congreso de los Diputados de España. (Me daría pereza hacer otra vez el viaje a USA) Pero sí que (tal vez) empezaré una huelga de hambre hasta la muerte, o al menos hasta que pierda cuatro kilos.

Bueno, os dejo un video
http://www.youtube.com/watch?v=81NrWq3p5Ag&feature=player_embedded

El portón central de la Catedral de San Patricio de Nueva York



Adiós, querida Alcalá. Mañana sábado partiré hacia Roma. Roma dilecta. Dejo las comodidades de mi casa, de mi ciudad, de mi sillón, de mis amistades, el placer de comprar y cocinar mi propia comida, para pasar a la vida más sencilla, comunitaria e intelectual de un collegio romano lleno de doctorandos.
En este momento os puedo asegurar que estoy deseando acabar mi tesis. Estoy en esa fase en la que el placer del trabajo se haya acuciado por el ansia de acabar ya. Una tesis pasa por etapas de desierto, de entusiasmo, de placer, de descubrimiento, de aburrimiento. Ahora estoy en la fase de la prisa. Como si existiera un reloj imaginario que deseo parar ya, consciente de que lleva corriendo mucho tiempo.
Todavía sigo bajo los efectos del desfase horario. Todavía sigo sin sueño a las tres de la mañana. Durante los primeros cuatro días, siempre conciliaba el sueño más allá de las cinco de la mañana. Se necesita una semana para ajustar el reloj biológico.
En las noches he leído por segunda vez La Regenta, en ello estoy. En el largo recorrido por un libro en el que no sobra ni una página. Una lectura que es un viaje que parece inacabable. Hoy durante la cena he visto por tercera vez en mi vida American Beauty. Cuánto me impactó esta película cuando la vi. Me metí totalmente en el personaje, en su mundo interior, en su desencanto. Viví todas y cada una de sus emociones. Y eso en medio de una historia magníficamente articulada que avanza al ritmo preciso de una sinfonía meticulosamente pensada. La obra me dejó con la boca abierta. Salí del cine pensando que había visto una de las cosas más bellas de mi vida.
La película tocó las fibras más sensibles de mi ser. Todos los temas estaban resumidos en ella. Aquello no fue meramente ver una película, fue una experiencia. Sólo sentí algo comparable al ver Pleasantville. Otra obra que, aunque de un estilo completamente diferente a la primera, supuso un impacto, un encontronazo con otra cosmovisión (heterodoxa), otro mundo mental diferente del que estructuraba mi mente. Y, sin embargo, toda esa construcción mental hecha imágenes (las dos películas) me resultaban tan cercanas, tan comprensibles. Sus raíces se hundían en lo profundo de mi sentir. Reconocía esas raíces. Esas dos películas como pocas me hicieron comprender que el cine es algo más que un pasar el rato, puede ser una experiencia vital, uno de los deleites más excelsos de la existencia.

jueves, enero 19, 2012

Viajando para predicar



Sigue de ayer: Y de allí a la isla Ohau. Total, sólo ocho horas y media de avión. Pero eso al Padre Fortea no le importa. Cuántas cosas podría contar de mi estancia allí. Lo más bonito fue cuando tras una predicación, un grupo de jóvenes me invitaron a hacer una excursión de subida a una montaña para ver amanecer desde lo alto. Como yo venía con el desfase horario de Nuevo México, madrugar no suponía ningún esfuerzo. Fue tan bonito ver amanecer mientras nos pasábamos una caja de bombones. Pero Dios fue incluso más generoso: y vimos a varias ballenas. Impresionante como resoplaban y, a veces, cómo saltaban completamente fuera del agua. Padre, hay muchos en la isla que nunca han visto una ballena, me dijeron. Gracias, Señor.

Cuando estaba en lo alto de la montaña de roca volcánica, era consciente de que en España estábamos casi al otro lado del mundo. En dos días y medio, gracias a la magia de unos cuantos trasbordos, llegaría con mi maleta al rellano de mi casa. Eso sí, hice una escala de un día en Nueva York para descansar. La ciudad seguía tozudamente fría. Mucho más que Madrid. De la estancia en esta ciudad a la ida y el regreso, guardo el recuerdo de la fascinante catedral episcopaliana de Saint John the Divine, y de la visita a la réplica de una abadía que es un museo llamado The Cloisters. Esa abadía valió la pena cada uno de los veinte dólares que costó la entrada.


Rocío, Mónica y amigos son el más preciado tesoro que tengo en Nueva York. Una amistad que perdura a través de los años, que se refuerza. Muy amigos míos tienen que ser para resistir durante dos medios días y dos noches los paseos por aquel ambiente polar. Gracias a todos por vuestras amabilidades. Y a mi queridísima Evelyn, organizadora máxima, general supremo que me organiza mis conferencias con una precisión milimétrica.

Y un vídeo para acabar:

Por esos mundos dando conferencias



Esta artística foto es obra de una artista danesa, Lina Kallmayer. La foto es de una contundencia y de unas tonalidades de colores que sólo se consiguen cuando uno trabaja en el campo de la fotografía artística durante toda una vida.


Por culpa de Tarancón, no os conté mi último viaje por Nueva York, Florida, Nuevo México y el Archipiélago Polinesio. Como veis Tarancón sigue teniendo culpas. De un modo condensado, extremadamente compendiado, os diré que me pasé toda una mañana paseando por el distrito de Morningside Heights con una temperatura de -7º, y una sensación térmica de -14º. El viento nos abofeteaba la cara sin misericordia. Pobres orejas mías. Una vez más comprobé que en la calva no tengo frío; misterios de la naturaleza.


De allí pasé a Florida. Lo más notable fue que en un momento de mi conferencia hablé de los protestantes, sin saber que estaba un pastor episcopaliano conocidísimo en la localidad. Menos mal que soy el ser más ecuménico del mundo, y no dije nada inconveniente. Otra curiosidad del lugar era el perrito negro del párroco. Jamás se dignó el encantador animal de traerle la bolita que le tiraba su dueño o, al menos, de obedecer a su orden de venir a él. Eso sí, bastaba arrugar una de las bolsas de la cocina, para que viniera corriendo pensando que era su bolsa de galletas. Y allí estaba esperando que le echaras alguna. El párroco me dijo que el animalito tenía que adelgazar. Así que no tuve compasión.


De allí a Nuevo México, donde además de predicar visité el Museo de Víboras (vivas) de Albuquerque. Allí encontré (no en el Museo) a un sacerdote turolense sumamente amable que me invitó a comer.


Y de allí a la isla Ohau. Total, sólo ocho horas y media de avión.


(Seguiré mañana hablando de mi viaje, pero ahora os dejo con un vídeo)
http://www.youtube.com/watch?v=81NrWq3p5Ag&feature=player_embedded

miércoles, enero 18, 2012

Ah, sí, conocí a tu abuelo




En esta foto aparezco en Suiza, en una misa en la que se celebró un bautismo.
Hoy tras hablar con un buen amigo mío de la archidiócesis de Madrid, he meditado sobre la jubilación de los sacerdotes.
Los párrocos, ojalá permaneciesen como párrocos de sus comunidades hasta el final de sus días. Ejerciendo la función de un pater familias de su grey, allí donde siempre vivieron. Ejerciendo de ancianos sin ocultar ni avergonzarse del paso de la edad, de los destrozos de la edad. Trabajando como pastores hasta el último día si sus posibilidades físicas y mentales se lo permiten. Eso sí, en muchos casos deberían aceptar que el peso de la parroquia recayera en un coadjutor más joven. De forma que el párroco ejerciera como una especie de monarca constitucional. Manteniendo la plenitud de su cargo, pero aceptando que el gobierno efectivo de la parroquia recayera paulatinamente en el que será su sucesor.

Mantener a los párrocos en sus puestos bajo esta premisa, ofrecería una visión de la parroquia como familia. Ser párroco es ejercer una paternidad, es como ser un árbol que ha echado raíces. Nunca he visto con buenos ojos que por las mermas físicas de la edad, se retire a un presbítero de su rebaño. El cuerpo puede mustiarse, pero el espíritu es capaz de brillar.

Eso sí, el vicario episcopal debería advertir al sacerdote que se le mantiene a pesar de sus limitaciones, en tanto en cuanto vaya delegando poco a poco su labor al hermano que estará a su lado. Sé que esta relación muchas veces no es fácil, pero esto debería ser el modo ideal de obrar.
Lo mismo valdría para los obispos. Siempre he creído que lo ideal sería que un obispo ejerciera pasando por dos diócesis en su vida y no más, como máximo que pasara por tres diócesis. Es bueno que los obispos estén mucho tiempo en un lugar. Los beneficios son tan evidentes que no creo que haga falta insistir mucho en ello. La paternidad espiritual, ésa es la clave.

Un pastor tiene algo de árbol, es símbolo de estabilidad, es el que conoce a sus ovejas y las ama, eso requiere tiempo. Un pastor no es un mero predicador. El predicador puede cambiar continuamente de sitio; un pastor no.

Yo, personalmente, preferiría morir con las botas puestas. Como decía un antiguo: a caballo, me gustaría morir a caballo. No sé si a caballo, pero me imagino en mi sillón en el salón, a los cien años, escribiendo mi post diario. Y diciendo a mis lectores cosas como: en mis tiempos estas cosas no pasaban, antes del 2000 todo era muy diferente, ah sí conocí a tu abuelo, era compañero mío de clase, antes hablaba del colesterol, mi tema últimamente es la próstata.

martes, enero 17, 2012

La torre pacífica en mitad de las arenas movedizas

Tarancón me llevó a hablar de Suquía, Suquía de Rouco, Rouco de sus obispos auxiliares, estos de los obispos de otras diócesis catalanas, vascas, valencianas y gallegas. ¿Podré seguir hablando bien indefinidamente de todos? ¿O al menos bien de los vivos y mal de los muertos? ¿Podré seguir felizmente por este camino? Algo me dice que éste es un buen momento para hablar de las gárgolas románicas, de lo que he soñado esta noche, de los gatos, del colesterol (un gran tema) o de los reyes visigóticos. Y es que este blog es como una pacífica torre. Si dejo que en él comiencen a anidar las cigüeñas, no me arriendo la ganancia.

Un lector de Uganda no habrá entendido el último mensaje irónico. Pero para los inteligentes pocas palabras son necesarias. Sí, quizá es el momento de dar un giro a los posts y dar comienzo a un blog críptico-enigmático de alta densidad eclesial sólo apto para canónigos. Un blog sólo comprensible para canonistas gallegos o patrólogos de San Dámaso. Un blog daliniano-católico que dejase alucinados a sus cada vez más exiguos lectores. Alucinados, pero con un cierto gozo en el alma.

Bueno, en cualquier caso, lo importante es que hoy he cambiado de tema sin que se notara demasiado. Criticar dictadores siempre es un tema más pacífico. Cuando lo hice, me sorprendió, por ejemplo, que nadie saliera en defensa del fallecido dictador coreano o del difunto opresor libio o del extinto imán iraní. Todo lo contrario. Los comentaristas gritaban: más fuerte, más fuerte, ¡que es de goma!

Sí, criticar a los monstruos suele ser una labor carente de sobresaltos. Criticar a Hitler nunca me ha producido mayores disgustos. Pero bregando por otras aguas, cuántos inconvenientes me he creado por asuntos de quítame de ahí esas pajas. Es que hay que ver. Permitidme en esto una cierta oscuridad.

Por eso éste es un buen momento para no caer en tierras movedizas. O por lo menos no meter la pata en ellas. Pues por una extraña (y no pretendida) sucesión de causas y efectos de Tarancón hemos llegado al presente. Lo cual demuestra que todos los caminos taranconianos llevan al presente.

lunes, enero 16, 2012

Rouco, la serenidad del timonel






Hace unos días decidí escribir sobre monseñor Tarancón, únicamente sobre Tarancón. Pero Tarancón me llevó a Suquía, y Suquía a Rouco.

Hoy casi siento la tentación de escribir algo más sobre Rouco. Mucho me temo que puedo resistir cualquier cosa, menos la tentación.

Monseñor Rouco ha sido el blanco predilecto de todos los ataques a la Iglesia. Una especie de diana en movimiento, de diana estática, de diana por defecto. Pero no sólo de los enemigos de la Iglesia. A veces debía pensar: corramos, que vienen los nuestros.

Y esto se debe a que hasta el último monaguillo muchas veces estaba convencido de hallarse celestialmente iluminado con ideas geniales acerca de cómo dirigir una archidiócesis. Parece ser que últimamente todos saben mejor que nadie hacer de arzobispos. Y casi se extrañan de que ellos no hayan sido los elegidos de la Providencia. ¡Qué estoy aquí!

A todos los que sienten una innata vocación al cardenalato matritense, yo les diría algo de sentido común: todos no pueden ser arzobispos. O por lo menos, no todos a la vez.

Dirigir una archidiócesis requiere, para empezar, de información. Puede parecer revolucionario lo que voy a decir, pero el sentido común nos dicta que muy a menudo las decisiones se toman en base a la información. No obstante, criticar las decisiones cardenalicias (en la barra del bar, en el sindicato o en el rellano de la escalera) careciendo de la información resulta un divertido ejercicio acrobático. Otro elemento es la experiencia. Pero ese se da por supuesto. Cada panadero, cada locutor graciosillo de radio, cada periodista de El País, se considera a sí mismo perfectamente dotado de la experiencia episcopal necesaria. Como el valor en los toreros, esto se da por supuesto.

No tiene sentido en este post defender a su eminencia de esos ataques (a ver si moderniza la Iglesia, a ver si es más tolerante, a ver si tal y cual), porque esos ataques son un fuego a discreción que apuntan a todo lo que se mueva.

Por el contrario, Rouco tiene varias virtudes que yo aprecio en un prelado. La primera y más importante de ellas es que no él no tiene ningún deseo de divismo, la segunda es que la archidiócesis se rige por los dictados de la razón. Normalmente el divismo y la irracionalidad van unidos. El divismo lleva a tomar decisiones fundamentadas en los vaivenes del sentimiento.
En él se nota el predominio del concepto de Ley, que en el fondo es el del orden. Otros curas pueden ser grandes predicadores, magníficos tertulianos, o pasarse todo el día visitando enfermos dando amor. Pero el obispo debe encarnar el principio de la razón. Yo de un obispo lo que quiero es que gobierne. Y, como ya he dicho en otro post, considero que en esto Rouco ha sido irreprochable. No sólo eso. Sino que ha sabido imprimir la idea de que la Iglesia, el Reino de Dios, debe luchar con todas las armas espirituales para reconquistar la sociedad. En esto tampoco cabe crítica. Ha usado todos los medios que han estado a su alcance.
Por todo esto, he colocado hoy una foto tan maja de su eminencia. No como esas fotos tan horribles que pongo de Faus y Masiá.

sábado, enero 14, 2012

Tarancon, Suquia, Rouco: ha llegado la hora del analisis (VII)

Suquía fue el Gorvachov que tuvo que ir cambiando de los puestos clave al clero más politizado, díscolo y heterodoxo. Y la verdad es que lo hizo magistralmente. Poco a poco. Tanteando, midiendo sus fuerzas, evitando la insurrección: la victoria fue completa. Sea dicho de paso, cuando decimos Suquía habría que decir Suquía-Tagiaferri, pues el nuncio y el arzobispo formaban una unidad indivisible de destino común. Y eso que Tagliaferri no estaba al 100% complacido con Suquía, porque deseaba que el arzobispo fuera más rápido, que fuera más decidido.
Y así las cosas, llegó monseñor Rouco. Monseñor Rouco añadiría algo a esa visión realista suquiniana: añadiría la convicción de que hay que actuar en la sociedad del modo más contundente posible. Rouco supone un cambio en el modo de hacer las cosas. Él es como un general de un ejército espiritual que entiende que no sólo hay que defenderse, sino de que hay que atacar con todos los hombres y armas disponibles. Rouco es el primer arzobispo que ha comprendido que la lucha por el alma de la sociedad se libra con batallas bien organizadas y no sólo con buenas intenciones. Por eso Rouco es tan criticado y ridiculizado. Si se limitara a dialogar y dialogar y dialogar, recibiría todos los parabienes de la sociedad secularizada. Pero Rouco sabe que no basta con mantenerse, que no basta con salvaguardar las posiciones, hay que avanzar, hay que hacer entender al Poder que la Iglesia no solo tiene algo que decir en la el mundo actual, sino que además tiene medios para influir en la sociedad. Rouco llega ante los poderes del Estado no mendigando, sino advirtiendo que la Iglesia también es parte de la sociedad, y que como tal tiene todo el derecho a moverse. Moverse, ésa es la clave. Moverse, actuar, influir con acciones frente al uso de meras palabras.
Y por eso tantas acciones desde la creación de una televisión, pasando por la JMJ, manifestaciones en la calle y la COPE. Sin bien, al final, Frankestein-Losantos estaba ya tan fuera de control, que hubo que quemar el molino entero.
Bien, aquí acaba este breve y personal análisis de tres épocas. Análisis parcial, rápido, a vuela pluma. No es obligatorio estar de acuerdo con estas reflexiones. Pero es que TVE y El País llevan jugando muchos años al poli bueno (Tarancón) y al poli malo (Rouco). Y lanzando, de vez en cuando, un suspirito al cielo diciendo: ojalá que ahora tuviéramos otro Tarancón que evitara las polarizaciones.
Hasta el más obtuso de los periodistas de El País, si lee mis humildes reflexiones, se habrá dado cuenta de que en esta historia hay más tela que cortar de la que pensaba, que el asunto es más poliédrico de lo que nos decía una voz en off en el medio minuto de Telediario, y que no todo el monte taranconiano era orégano.
Sea dicho de paso, escribo esas reflexiones montado en avión, en un vuelo entre Nueva York y Jacsonville (Florida). A mi derecha, a través de la ventanilla, veo las planicies de manglares recorridos por serpenteantes ríos de aguas remansadas. Con un simple billete expedido por una máquina de autocheking, pasaré de los -7 grados de mi paseo por Central Park al clima tropical de estas tierras que ya veo frente a mí.

viernes, enero 13, 2012

Tarancon y Suquia: ha llegado la hora del analisis (VI)

La Iglesia en la época de Tarancón aún podía influir poderosísimamente en la sociedad. Desgraciadamente, con un buenismo cuya candidez raya con Hello Kitty, el cardenal y los que pensaban como él se limitaron a no hacer nada. Cuando todavía podía hacer algo, no se hizo nada. Durante la Transición, en los primeros años de la democracia, se podía haber animado a la sociedad a preservar unos mínimos, se podía haber imprimido una dirección a la democracia, se podrían haber blindado ciertas leyes morales. El aborto es un ejemplo de esto, un solo ejemplo pero el más claro. La sociedad hubiera estado con los obispos. La sociedad estaba con los obispos. ¿No vieron lo que había sucedido en las otras democracias?
Hubo obispos que sí que lo vieron, y no pocos. Hubo obispos que sí que percibieron lo que iba a pasar. Pero la forma de hacer de Tarancon, stilus taranconiensis, se extendió como el modo moderno de proceder en la sociedad: no hay que quejarse de nada, sería de mala educación. Querer influir en la sociedad, parecía una reminiscencia de la Iglesia franquista. Con la excepción de los curas obreros, la religión debía ser un asunto privado. La sacristía, el señor del hogar, esos eran los lugares naturales de la religión. La sociedad había que dejársela a la sociedad, a los partidos, a los escritores, a los sindicatos. Durante mucho tiempo, ésta había sido la política.
Monseñor Suquía se negó a dejarse pisar, el cambio había comenzado. Suquía tenía una visión más realista que Tarancón de la sociedad moderna y del papel de la Iglesia en esa sociedad.
Suquía tuvo que sufrir en silencio, sin aspavientos, a todos los antiguos amantes del diálogo. El cardenal vasco se encontró con la triste herencia de que la Iglesia en España contaba menos frente al Poder que el Real Madrid o que Cambio16. Hasta Interviú tenía más capacidad de influir en Moncloa que toda la Iglesia Católica. Pero no sólo eso, el Poder procedió a atacar la imagen de la Iglesia a través de sus muchos y poderosos medios de comunicación. Éste fue el mayor daño de la era socialista, la programada tarea de socavar la imagen de la Iglesia con los medios del Estado. Suquía luchó denodadamente, pero era evidente que ya era muy tarde.
(Mañana sigo hablando sobre Suquía.)

jueves, enero 12, 2012

Tarancon: ha llegado la hora del analisis (V)

Monseñor Suquía (el nuevo arzobispo) y monseñor Tagliaferri (el nuevo nuncio) se aplicarían a la tarea de evitar el desastre, de desactivar la bomba. Hubo momentos en que aquello parecía Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú. Digo las cosas en broma pero no exagero. Tagliaferri diría muchos años después, que en los primeros años en la nunciatura de Madrid hubo noches en las que no durmió. El bueno pueblo fiel permaneció completamente a los movimientos de los exaltados. Los cuales no querían retroceder ni un metro. Suquía y Tagliaferri, ellos, y no Tarancón, sí que hicieron una labor de relojeros. Ellos sí que fueron las grandes figuras de gobierno. Tiene gracia que en el espacio de butacas crean que ese honor le corresponde a Tarancón. Una vez más comprobáis como el vulgo no se entera de nada, como siempre da por buenas cuatro afirmaciones suficientemente repetidas, y ya está.
Pero este análisis que he realizado no lo he hecho por un mero placer histórico. Este episodio eclesial contiene útiles enseñanzas para nosotros en el presente. Los clérigos de toda índole deberían percatarse de cuán caduca es la modernidad. El afán de querer ser modelno es siempre un vicio tanto en el arte y como en la teología, no así en la gastronomía.
Las biografías de Tarancón dentro de treinta años serán durísimas con su figura. El cardenal será una figura en franco declive en cuanto se hagan tesis doctorales sobre lo que supuso eclesialmente esa época.
(Mañana sigo hablando sobre Tarancón y Suquia y quien sabe si de Rouco.)

miércoles, enero 11, 2012

El Cardenal Tarancón: ha llegado la hora del análisis (IV)




Se suele repetir hasta la saciedad que el cardenal Tarancón lo tuvo muy difícil, que el gobierno de la archidiócesis fue por parte de él un complicadísimo ejercicio de prudencia entre a una mayoría de sacerdotes franquistas frente a los sacerdotes jóvenes que querían renovar la Iglesia. Esto es falso. Eso sí, una falsedad con grandes apariencias de verosimilitud. Yo mismo me he creído esta patraña durante varios lustros.
Pero la realidad es que los sacerdotes conservadores no le dieron ningún problema al cardenal, ni el más mínimo problema. Siempre le obedecieron, porque su teología, su espiritualidad les llevaba a eso. Así que el cardenal no precisó de hacer ningún tipo de malabarismo en el gobierno de la archidiócesis frente a los sectores conservadores del presbiterado. Como es una época que conozco bien, habría que señalar tres excepciones, cuya representatividad era tan nula entre el clero que no merece la pena que pierda tiempo en explicarlas.
Con los más exaltados del progresismo tampoco precisó mostrar sus grandes dotes de gobernante. Porque su gobierno se limitó a un laissez faire llevado tan al extremo, que hubiera puesto nervioso al mismo Buda. Los liberales lo sabían muy bien. Eran conscientes de que la única norma que no se podía trasgredir era la de mantener, al menos, las cuatro paredes de la iglesia. Todo lo que se destruyera, reformara o vendiera dentro de esos cuatro muros formaba parte de la lícita propia iniciativa del presbítero en su personal búsqueda de la identidad sacerdotal.
Se implantó en la archidiócesis de Madrid la Ley del Oeste. Los exaltados hubieran echado a Lutero por excesivamente católico, al menos él creía que existía algún tipo de ortodoxia. Madrid llegó a tener docenas de Calvinos y Zwinglios sin que nadie les dijera nada. Eran Calvinos sueltos, con nombramiento, y llenos de furor, como si supieran que les quedaba poco tiempo; aunque no lo sabían, estaban convencidos de que su nueva iglesia era la definitiva. La continuidad fue hecha añicos. La misma palabra tradición era abominada como una traición a la voluntad de Jesús. Ese Jesús de los carteles se busca: edad 33 años, etc. La fe de la Iglesia se contenía en ese cartel. Lo que iba más allá de ese cartel era un fariseísmo medieval-franquista digno de burla, que desde luego no tenía cabida dentro de cualquier templo parroquial.
Fue la época dorada de los anticuarios. Teológicamente la Viña del Señor fue asolada. Los dogmas fueron sustituidos por las letras de los Beatles. No leíamos el Evangelio, estudiábamos las letras de Bob Dylan. Y el arzobispo, el buen arzobispo, se limitó a decir que eran otros tiempos, otros aires y que había que hacer un esfuerzo por reconocer los valores de los jóvenes. Seguid adelante, seguid adelante. Que pena, he nacido demasiado tarde.
Gobernar así, sin hacer nada, es muy fácil: lo único que hay que hacer es no hacer nada. Por otra parte tampoco se puede decir que él se limitó a la inoperancia. La mano que firmaba los nombramientos para los puestos clave, señalan de forma inequívoca que estaba de acuerdo con lo que sucedía. Sus nombramientos fueron como ir con una lata de gasolina a ver si quedaba algo sin arder. ¿Es usted ortodoxo, fiel al Magisterio, hombre de oración? Perfecto, tenemos para usted una capellanía de monjas. ¿Usted ama al Papa? ¿Lee el Denzinger? Fantástico, hay un pueblecito de quinientos habitantes que le va a hacer sentir como el Cura de Ars. ¿Es usted un troskista bultmaniano? Dígame si prefiere enseñar dogma o moral. Éste fue Tarancón.
(Mañana sigo hablando sobre Tarancón.)

martes, enero 10, 2012

El cardenal Tarancon: ha llegado la hora del analisis (III)

Después, en su libro de memorias, el cardenal hizo un apoteósico ejercicio de amnesia. Yo me leí el aburrido e interminable libro, página a página, preguntándome una y otra vez si nos diría algo de cualquier tema que realmente importara. Pero no. En un continuado ziz-zag evitó cualquier tema conflictivo. Pero no me defraudó a mí, sobre todo defraudó a los suyos. Pues en definitiva lo que venía a decir en cada asunto tratado de refilón, era: yo no fui como imagináis, era mucho más conservador de lo que pensabais.
Pero un libro no arregla una vida. Madrid en los años 80 era una archidiócesis inmersa en un proceso jacobinita que anunciaba los peores brumarios. De todas maneras, aquello no estalló porque los buenos sacerdotes seguían en sus puestos: obedientes, leales al Magisterio, haciendo lo que tenían que hacer. Pero si ese gobierno de la archidiócesis se hubiera prolongado diez años más, indudablemente, que no le quepa la duda a nadie, la archidiócesis hubiera saltado por los aires. Afortunadamente, el clero muestra una fuerte tendencia a la longevidad. De forma que muy a pesar de la Revolución Taranconiana seguían quedando infinidad de buenos presbíteros. Los progresistas daban a estos por casos perdidos. Pero, madre mía, ¡lo que viven los curas tradicionales! Parece que ahora les daba por vivir más que nunca.
Para acabar de arreglar el mal panorama para los progresistas, había que contar con que las bajas por secularización entre los liberales eran escalofriantes. Entre las defecciones de unos y la longevidad de los otros, la cuentas no acaban de cuadrar. Aquello parecía como una maldición de Tutankamón. Entre los exaltados, las bajas en combate eran mayores que en el Frente Oriental en la Segunda Guerra Mundial.
Así estaban las cosas, cuando Tarancón tuvo que presentar la dimisión en plena posesión de sus facultades físicas, mentales y cardenalicias. Se retiró en su tierra, Burriana. Menos mal, porque suelto por Madrid, hubiera sido como el Octavo Pasajero en la nave Nostromo.
Estoy seguro de que a Tagliaferri, el nuevo nuncio, Burriana le parecía demasiado cerca de Madrid. Él hubiera preferido que el cardenal se fuera a ejercer su ministerio a Trinidad y Tobago. Aprenda inglés, aprenda inglés, es la lengua del futuro.

(Mañana sigo hablando sobre Tarancón.)

lunes, enero 09, 2012

El cardenal Tarancon: ha llegado la hora del analisis (II)

El cardenal Tarancón era un gran ser humano. No me voy a centrar en sus virtudes, porque este campo daría para mucho, hoy prefiero concentrarme en sus defectos. Tengo por norma no criticar a los eclesiásticos. Y no hago excepción, salvo que las condenas de Roma se acumulen sobre el sujeto. En cuyo caso me siento autorizado a atizar un poco más el fuego.
Pero con el cardenal es distinto. Murió hace mucho y ya es objeto de frío análisis. Tener caridad con él, sería como tener caridad de Napoleón.
El cardenal siempre actuó de buena fe, siempre creyó estar en la línea del Concilio Vaticano II. Estar en esa línea le convenció de que hacía lo correcto. Fue un hombre tolerante, dialogante y amante de la libertad. Pero eso sí, sólo con los progresistas. A todo aquello que le pareciera conservador, le aplicaba jarabe de palo.
Siempre medio cerró los ojos con sus buenos hijos liberales. Mientras no quemaran la iglesia, podían hacer lo que quisieran dentro de ella. Pero con los obedientes hijos amantes de la tradición fue implacable.
El Cardenal Tarancón fue una especie de héroe para muchos obispos españoles de los años 70 y 80. Gozó de todos los elogios posibles por parte de los políticos. Respetadísimo en la Curia Romana, amado por los partidos de izquierda, y todo así. Pero la Historia iba a portar su venganza del modo más inesperado: Juan Pablo II.
El Papa polaco conoció muy bien al cardenal en cuestión. Apenas han trascendido los detalles del pésimo pensamiento de Juan Pablo II acerca de Tarancón. Hace pocos meses apareció en la prensa una columna de Enric Juliana tratando este tema. No era ninguna revelación nueva, basta leer las memorias de Tarancón, para darse cuenta por sus silencios de lo que pensaba de Juan Pablo II. Yo tengo la información personal (y no publicable) procedente de un obispo que me explicó algunos pormenores de esto de lo que hablo.
Lo cierto es que Juan Pablo II tuvo muy claro que los juicios de Dios no son los juicios de los hombres. Tuvo muy claro que la dinámica promovida por Tarancón llevaba a la Iglesia a su destrucción. Tarancón como ser humano podía ser muy sociable, agradable y dialogante, pero como gobernante de la Iglesia siguió un camino equivocado.
Dos hombres, dos diócesis. Baste ver cómo dejó la diócesis el Cardenal de Toledo y cómo dejó Madrid el Cardenal Tarancón. Y estamos hablando prácticamente de los mismos años y con clero similar. Las dos diócesis estaban geográficamente colindantes, eclesialmente estaban a varios años luz.
No escribo estas líneas con ningún afán de revancha. No tengo nada personal contra Tarancón. Siempre me gusta hablar bien del clero. Pero no debemos dejarnos engatusar por cantos de sirenas. Porque esos mitos ficticios pueden tener su influencia en el presente. Hay que decir las cosas bien claras: el desembarco de Tarancón en Madrid supuso el triunfo absoluto de las tesis eclesiales más extremistas.
Porque el cardenal de la libertad y la tolerancia supuso un terremoto espiritual que dejó en ruinas al edificio invisible de la Iglesia durante una generación entera. Otra hubiera sido la historia si don Marcelo hubiera sido el arzobispo de Madrid. Ya no digo nada si lo hubiera sido Monseñor Guerra Campos. Pero Tarancón promovió a grandes puestos de la archidiócesis a un nutrido número de presbíteros que se emplearon a conciencia en el arte de la demolición.
Me ahorro los dolorosos detalles de la historia de cómo muchos lobos pasaron a cuidar de las ovejas. No entro en los detalles que nos darían la escalofriante magnitud de la destrucción. Pero una generación después ya va siendo hora de que empecemos a llamar las cosas por su nombre.
(Mañana sigo hablando sobre Tarancón.)

domingo, enero 08, 2012

El Cardenal Tarancón: ha llegado la hora del análisis objetivo (I)


Hoy he visto el reportaje que emitió TVE sobre el cardenal Tarancón. Me gustaría
decir algunas palabras. Para empezar el reportaje era una sucesión de lugares
comunes, superficialidades y cosas que ya sabía hasta el más despistado del
reino. Es lógico que esto sea así: televisión, la palabra ya lo dice todo.
Y eso que el director demostraba tener arte, encantador el final con los entrevistados levantándose. Sin duda podría haber hecho un buen trabajo. Pero
él y todos los que trabajan para ese medio, saben que se les pide un producto
ramplón, cuanto más ramplón mejor.
Hay excepciones como el maravilloso reportaje español El Laberinto del Tibet. He visto con indescriptible placer las
cuatro horas que duran los capítulos de esta impresionante serie. No sólo he
visto todos los capítulos, sino que he visionado dos veces todos los capítulos
uno a uno. El reportaje sobre el Tibet fue de tan excepcional calidad, que
parece que en TVE tomaron la decisión de no repetir la experiencia.
Sin
duda el cardenal Tarancón daba para un gran reportaje. Cuánto hubiéramos
disfrutado si hubiera abordado su faceta humana, o si hubiera profundizado en
su influencia eclesial, o en su evolución teológica. Pero TVE parece interesada
en hacer reportajes para rellenar la hora de programación a toda prisa, reportajes
realizados para llegar cuanto antes a los anuncios comerciales.
Bueno, me he despistado con el reportaje, así que mañana entraré en harina hablando de
Tarancón. Hablaré primero del cardenal Tarancón, un poco del cardenal Suquía y
finalmente del cardenal Rouco. Así que me imagino que estos post van a ser
bastante populares entre el clero de Madrid. Algunos se preguntarán: ¿qué ira a
decir del arzobispo? Pues la verdad señores, la verdad. Que la Fuerza te
acompañe, Padre Fortea.

PD: Lo de que la Fuerza me acompagne reconozco que es de lo mas cursi que he escrito nunca. Me parece tan cursi que lo voy a dejar como una especie de monumento a la cursilidad.

PD2: Algunos comentaristas me han indicado que ya no hay anuncios en TVE. No tenia ni idea. De hecho el reportaje lo vi en Internet, que es donde veo todo. Desde la temperatura fuera de casa hasta el santo del dia.

PD3: La ausencia de egnes parece indicar que estoy fuera de Espapgna (sic). Asi es. Por eso cuando digo hoy, no significa que el hoy del dia que escribo coincida necesariamente con el hoy del blog. Tampoco es necesario que el hoy del blog coincida con el hoy de los angeles. Me gusta lo de Espapgna, lo voy a usar mas veces.

sábado, enero 07, 2012

La muerte del jefe de estado coreano (II)



¿Odio hacia el Querido Líder Supremo? ¿Quizá fue un enfermo? ¿Quizá fue menos culpable que otros que hacen las cosas en la plena posesión del conocimiento de lo correcto y lo equivocado? ¿Podemos presuponer que no fue suficientemente responsable? ¿Realmente hay algún indicio que nos haga conjeturar que no distinguió entre el bien y el mal? Quien distingue entre el bien y el mal, es responsable. Él pudo distinguir y hacer lo que decidía. Las decisiones son objeto de responsabilidad. El bajito del pelo raro era responsable, terriblemente responsable. Por lo menos así lo parecía. No creo que dentro de veinte años se descubra que estaba loco como un rebaño de cabras. Por el contrario da la sensación de que actuó fría y deliberadamente. Sería apasionante introducirse en su mente. Cuánto me gustaría poderle haber entrevistado, poderle haber hecho preguntas acerca del bien y del mal. Hubiera sido un grandioso paciente tumbado en un diván desgranando su infancia, sus anhelos, su vida cotidiana. Cualquier psiquiatra occidental hubiera pagado por atenderle.
Porque, y esto está fuera de dudas, él era un profesional. A su lado, Castro o Gadafi parecen aprendices en prácticas. El hombre de los días de sol era en lo suyo el mejor. Y desde este blog le saludamos, porque hizo el Mal con calidad, con verdadera calidad. Sin pasión, por eso él no fue el Hitler II en versión coreana. Adolfito le ponía más alma a su trabajo. Trabajaba cada día con entusiasmo. El aburrimiento del Señor de las kimjongilias era patente en cada filmación. Me aburro, parece estar diciendo en cada fotograma.
Hitler le hubiera sentado en su regazo y le hubiera dicho: mira, ponte este uniforme, y ese peinado, mal, mal, y ponte esta cruz de hierro aquí, y levanta el mentón así, como yo, muy bien. Pero se nota que el coreano era malo en el arte estético-dictatorial. Lo suyo era hacer el mal de un modo más maquinal, más burocrático. Una especie de mal de la pobreza frente al mal wagneriano de Hitler. El mal de la miseria, siguiendo un estilo proletario staliniano-maoista. Eso da poco guión para grandes producciones de Holliwood, aunque sí que da material para una película francesa intimista al estilo de Trufoud. Ah, cuánto le debe Hollywood a Hitler. Como me decía un escritor hablando de cine: es que poner nazis viste mucho.

viernes, enero 06, 2012

La muerte del jefe de estado coreano (I)



No podíamos en este blog pasar por alto el óbito de nuestro Querido Líder, también llamado Gran Dirigente y Supremo Líder: nos referimos a Kin Jong Il, el hombre al timón de Corea del Norte hasta hace bien poco. El hombre que en su sillón en vez de tener un mando del televisor, tenía un mando del país.


Se le ha acusado de culto a la personalidad. No estoy del todo seguro de que tal acusación responda a la realidad. Y todo porque rebautizó los días de la semana como kinjongil-primer-día, kinjongil-segundo-día, y así sucesivamente hasta el kinjogil-día-descanso. Además, no causó tanto revuelo cuando rebautizó los meses como kinjongil-ventoso, kinjongil-vendimiario, kinjongil-floreal y otros muchos nombres mucho más bonitos que la aburrida versión original.

Sí que me opuse a otros cambios en el léxico, como el kinjongil-de-cuatro-puntas, antes llamado tenedor, o el kinjongil-cortante antes vulgarmente llamado cuchillo. Pero dejé de oponerme al ver que la población aceptaba con tanta alegría los nuevos nombres. Unos cuantos fusilamientos convencieron a la población de las excelencias de las nuevas denominaciones.


Además, que cosa tan poética llamar a un tipo de begonia como kimjongilia, y a sus cumpleaños días de sol. Les dieron doble ración de comida a los ciudadanos ese día.


Lo de los nombres que he dicho antes, ha sido una broma. Excepto lo de los días de sol y las kimjongilias. Pero son las únicas bromas en un país en el que todo parece una gran Sopa de Ganso donde los Hermanos Marx van a hacer su aparición en cualquier momento.

jueves, enero 05, 2012

La predicación a través de imágenes


El mensaje de hoy es visual, como siempre Fortearius:

http://elcanonigorampante.blogspot.com/

Os iba a reñir porque no extendíais Fortearius, pero resulta que he mirado el contador y hay 39.000 visitas al mes. Chicos, os habéis portado muy bien. Sinceramente creía que entraban diez o quince al día.

Muy bien, muy bien, gracias. Ha valido la pena guardar estas fotos. Seguro que han hecho bien a mucha gente.

miércoles, enero 04, 2012

¿Por qué el conservadurismo tiene cara de bull-dog?




He dedicado no pocos post a criticar el conservadurismo. Me refiero al conservadurismo en religión, y en concreto al de algunos católicos. Muy a menudo me he referido a él como ultraconservadurismo, para remarcar que no me estaba refiriendo al amor a las tradiciones.


¿Por qué he hablado de este tema en varias ocasiones? Porque amor a la Tradición no es lo mismo que conservadurismo.
El conservadurismo es una errada actitud ante la vida, un desprecio de lo nuevo, una aversión ante lo distinto. El conservadurismo tiende a amar lo uniforme y monolítico. Curiosamente, todo conservadurismo idolatra una determinada época, una sola que es considerada de un modo ideal como referencia. Apartando la mirada de épocas anteriores a la de referencia. Lo cual es necesario, puesto que la Historia de por sí es muy variada y contradictoria. Por eso el conservadurismo necesita fijar sus cánones en una sola etapa del devenir.

El conservadurismo religioso es muy poco católico. Porque el mismo mensaje de Jesús supone una ruptura frente a lo anterior. El mismo mensaje evangélico contiene el concepto de flexibilidad, y además es completamente ajeno a la ritualidad. No digo que sea anti-ritual, pero si es a-ritual. Estoy completamente convencido de que el rito se desarrolló por un designio de Dios en su Iglesia. Pero Jesús de Nazaret y los pobres doce que le seguían, desde luego, no eran portadores de ninguna ritualidad en esos tres años de seguimiento. Aunque estoy seguro de que ya en sus vidas, después de Jesús, se fue desarrollando la semilla del rito.


De forma que el anticonservadurismo en materia religiosa tiene sólidas bases en las páginas del Evangelio, que es pura espontaneidad y flexibilidad. Ahora bien, el rito, la estructura, la Iglesia tal como hoy la conocemos, formaban parte de ese plan primigenio de Jesús. Pero confundir eso con conservadurismo, con la inflexibilidad o con una estética determinada sería un error.

En nuestros herejes siempre hay algo de verdad. Son como un guiso en el que se han pasado enteramente con la sal, o en el que todo está crudo o carbonizado. Por eso, en mis escritos sobre Faus, Masiá y semejantes nunca ha habido nada personal. He bromeado con ellos como me hubiera gustado que lo hubieran hecho conmigo. Un cierto golpe bajo de Castillo en su artículo sobre los exorcismos. Pero no importa, se la tengo guardada. Ya le devolveré el golpe cuando lo vea oportuno. Lo único que siento, lo que me duele, es que Masiá no me invitara a tofu y sushi.

martes, enero 03, 2012

Cosas pequeñas y variadas



Cosas varias.
Cuando llegué a mi casa de Alcalá de Henares descubrí con gran sorpresa que mi móvil tenía la batería completamente cargada. Daba por supuesto que se descargaría durante tres meses de inactividad. Pues no, totalmente cargada.

La calefacción de casa no funcionaba. Eso a cero grados de temperatura esa noche, no era una buena noticia. Ciertamente no. Llamé al vecino (que es lo que suelo hacer en estos casos) y después al técnico (que es lo que hago después de llamar al vecino). Esa noche pude dormir calentito bajo mi edredón, como un angelito.


Cuando nadie ha entrado en una casa durante tres meses, curiosamente no está todo lleno de polvo. Si las ventanas están cerradas, no entra nada de polvo. Pero siempre hay una finísima capa de polvo finísimo más oscuro. Yo creo que es la contaminación en suspensión, que es tan fina que se requiere una absoluta quietud del aire para que llegue a caer.


Cuando llego a casa por la noche y todo está cerrado, mi salvación es la tienda de chinos de la esquina que no cierra nunca, jamás, ni aunque haya un ataque nuclear a la ciudad. Es un negocio familiar, siempre hay un miembro de la familia detrás del mostrador. Sin ellos, cuantas veces me hubiera quedado sin pan o leche.


Noto que al llegar a casa lo que más pereza me da es deshacer las maletas. Hago cualquier cosa antes, dejando ésta para el final. Ir distribuyendo el contenido de las maletas por los armarios se me hace una labor bastante engorrosa. El mapa de mis propios armarios resulta para mí un poco enrevesado. Siempre echo en falta alguien a quién gritar desde mi habitación: ¿dónde pongo esto?


Otra sorpresa que me deparó el retorno, fue que al actualizar me entró un simpático virus que me ponía dos tildes cada vez que tecleaba ese signo ortográfico. El dichoso ingenio de alguna mente malévola me tuvo ocupado durante veinte valiosos minutos. Al final estas cosas se solucionan como la calefacción, con otro técnico.


Hoy me he dedicado a reflejar las cosas pequeñas de mi vida. Mañana me dedicaré a las grandes y heroicas. Ésas que debería callar, pero que por aprecio a vosotros os revelaré.

lunes, enero 02, 2012

Hoy un post anti-ultraconservador, aunque tampoco mucho



Todos sabéis cuanto me gustan las grandes liturgias, todos sabéis cuanto siempre he defendido los valores de la Tradición. Por eso no pareceré sospechoso por lo que voy a decir. Y es que es cierto que, especialmente en Roma, he visto a unos pocos, realmente pocos, afectados por una especie de hipervaloración de estos elementos humanos como son la rúbrica, la costumbre, las vestiduras eclesiásticas y litúrgicas.

En esto, como en la sal, se requiere también de no pasarse. He conocido a individuos a los que estos temas les ocupaban una parte excesiva de su corazón y pensamientos.

A uno le dije en diciembre que ninguno de los que se preocupan demasiado de cuestiones de vestiduras episcopales, llegan a obispos. Pues yo nunca llegaré a obispo, me repuso al instante, sin dudarlo.

Una de las cosas que me hace amar tanto a los obispos, es que ellos están preocupados por otras cosas. Son apóstoles, no tienen tiempo para asuntos sin importancia, no tienen tiempo para las telas. Y eso me gusta. Las telas son sólo telas. Un apóstol se preocupa por extender el Reino de Dios.

Lo cual no significa que tenga que haber expertos en esas materias. Los conozco excelentes. Alguno incluso laico. Especialistas a los que los apóstoles se puedan dirigir cuando tengan una duda o quieran conocer el origen de algo. Tampoco es malo extender el amor por vestiduras litúrgicas y similares. Pero he conocido a algunos clérigos cuyo corazón estaba demasiado apegado a este aspecto humano.

Y por eso me encanta cuando veo a un obispo mal vestido. Eso sí, tiene que haber expertos que les adviertan: Monseñor, ese pantalón gris con camisa negra y americana beige es una catástrofe visual.

domingo, enero 01, 2012

El ultraconservadurismo, esa enfermedad del espíritu




Una de las alegrías que me deparó el nuevo año, fue comprobar lo mal considerado que estoy en círculos ultraconservadores de tipo lefevrista. Ya hace años llegué a saber que mi SuNegritamma Daemoniaca estaba prohibida entre ellos, por haber recibido una mala censura. Según leí, en mi libro se observaba una visión muy optimista de la salvación. Lo tomé como un elogio.


Mis consideraciones favorables acerca de la reforma litúrgica del Vaticano II, acabaron por hundir mi nombre entre ellos hasta los abismos. Con más saña, porque siempre decían: no se fien, lleva sotana, parece tradicional, pero no, no se fien.


Y es que el ultraconservadurismo cismático ha caído en una serie de variantes a cada cual más aberrante. Los lefevrianos son los más moderados dentro de ese desfile de la sinrazón. Un desfile de sedevacantistas, revelaciones marianas, extravagancias melgibsonianas y mensajes a través de posesos.


El ultratradicionalismo recuerda totalmente a la escuela farisaica. Así como los teólogos ultraliberales recuerdan a los saduceos. Queridos, mal está caer en las manos de Boff, pero recordad que al huir no os podéis refugiar bajo la sotana de Lefevre.


Sabéis lo que me gusta un gran pontifical. Pero los roquetes no lo son todo. El pobre cura postconciliar que de un modo relajado alaba al Señor y congrega la comunidad de creyentes en el Señor con toda sencillez, no tiene nada de lo que arrepentirse. El envaramiento, la rigidez, la exigencia de lo minúsculo, resultan agobiantes cuando conforman una mente que ya todo lo ve así. Cuando la riqueza y variedad de la fe (y sus manifestaciones) se observan bajo ese estrecho canuto, hasta la misma Biblia comienza a parecer terriblemente liberal con sus profetas poniendo el espíritu por encima de la letra.


Qué duda cabe que Boff parece demasiado humano y Lefevre demasiado inhumano. Os deseo a todos el triunfo del sentido común. Del mismo modo que no es oro todo lo que reluce. Tampoco es ortodoxia todo lo que se oculta tras el roquete. La ortodoxia la marca la Iglesia, no Econe. Vamos, y tampoco Boff, pero al menos él tiene pintas de profeta.