jueves, enero 31, 2013

Este dibujo muestra como era la Plaza de San Pedro antes de que se acabara la basílica vaticana


Ayer fui a misa al Vaticano y, además de contemplar la Puerta del Filarete, vi a un clérigo andando bajo el colonnato. Cubierto con un abrigo sobre el clergyman, con sombrero de ala, nada lo identificaba. Pero lo reconocí al instante. Había estado leyendo escritos suyos en los últimos días. Era el cardenal Kasper.

A su lado iba una señora rusa que no dejaba de hablarle. A esa señora también la conocía, había hablado con ella tres veces en estos años. La pobre está un poco enfermita de la cabeza. Su cerebro no deja de practicar todas las combinaciones posibles entre números provenientes de fechas de celebraciones de santos, fechas de canonizaciones, elecciones papales y nacimientos que, a su vez,vuelve a combinar con los números precedentes. La rusa es muy buena, un alma de Dios todo bondad. Pero lleva sobre sus hombros la cruz de ese ansia numérica.

Yo siempre le escucho con caridad, mientras voy a uno u otro sitio. Pero no es fácil, porque habla a toda velocidad. Esas tres veces que había hablado con ella, le repetía: signora, signora, la sigo pero si me habla con más lentitud, me pierdo, no puedo seguir todas sus operaciones aritméticas.

Lo que me complació completamente fue que el cardenal la tratase con tanta caridad. Permitió que la señora le acompañase, vi como le sonreía plenamente consciente de la patología de ella. El purpurado no hizo ningún gesto de fastidio. Hubiera sido facilísimo zafarse de ella. Hubiera bastado una respuesta destemplada. Pero no. El cardenal se daba cuenta de que también Dios le había creado a ella.

Kasper no sabía que alguien le miraba. Pero yo le observaba. Es en las pequeñas acciones sin importancia donde se ve al clérigo con mal humor, o al que de un modo soberbio le dice a alguien que le deje en paz, porque tiene que dedicarse a sus cuestiones intelectuales o administrativas. Kasper me ofreció la mejor de las impresiones en unos segundos.
 
Haced el bien hasta con la, aparentemente, menos importante persona. Nunca se sabe quién os puede estar mirando.

17 comentarios:

  1. Alberto4:20 p. m.

    Claro. Dios está mirando siempre, y seguro se alegraría que su cardenal escuchase y siguiese la conversación, aunque las frases fueran incoherentes o carentes de importancia para el que escuchaba. Hay que dominarse mucho para atender a una conversación, cuando la misma carece de interés.

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  2. Parece que la prédica tiene efecto. Nadie se atreve a comentar.

    Nunca se sabe quién os puede estar mirando...


    Los de siempre no harán caso. No todos son como el autor o el cardenal Walter Kasper.

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  3. El maravilloso mundo de la Señora de los Números.:D

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  4. Alejandro4:57 p. m.

    Muy buen consejo, Forty.
    La verdad es que sabemos seguro que Dios siempre nos está mirando. Podemos no saber quién de por aquí nos mira, pero nuestro buen obrar constante debe proceder de saber que Él nos mira.
    La señora "enfermita de la cabeza" a mí me hubiese entretenido mucho ya que me encantan las matemáticas así como la gente que desvaría un poco; entretienen infinitamente más que los cuerdos.
    Saludos.

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  5. Anónimo5:25 p. m.

    De veras, no comprendo, padre, por qué encuentra usted tan increíble que su Eminencia "se diera cuenta de que Dios también ha creado" a esa señora enferma.
    Esa señora, patologías incluidas, es exactamente igual al cardenal. E igual a usted. EXACTAMENTE.
    Cómo un cojo. Un ciego. Un manco.
    Tener ciertos problemas mentales no te aleja de las personas, no cómo para resumir: "que todo el mundo es importante... aunque no lo parezca".
    Simplemente, nadie dudaría eso. Nadie tendría que hacerse semejante reflexión, se da por supuesto.
    Su Eminencia "tuvo paciencia", porque es su obligación. No hay más.
    Puede haber un sacerdote pagado de sí mismo, antipático, que no quiera "rebajarse" dedicando su tiempo a los demás...
    Pero ese sacerdote es el que está fuera de lugar. El que no está cumpliendo con su deber sagrado.
    La humildad, la comprensión, el amor al prójimo... Todo esto que no siempre se observa, en el momento en que hay "clérigos con mal humor" y "soberbia" (pecado capital, y pecado que me parece puramente Luciferino en el que aún resuena ese "Non Serviam"), no constituye un mérito especial para su Eminencia. Quiero decir: es su deber atender a esa señora, y ya está. Y estoy segura de que su Eminencia lo entendió así... y no trató a esa mujer con magnanimidad pomposa, dolorosa para el que la recibe, ni con una presunción de hacer méritos, sino que su Eminencia entendía que no podía ser de otra manera. Lo contrario debería parecer imposible (despreciar a esa mujer).
    Se trata del deber espiritual, de la humildad y caridad de espíritu. Que no tiene nada que ver con el capelo rojo y la dignidad eclesial.
    Sino con el alma. Todo su poder cómo Príncipe de la Iglesia no tiene nada que ver... Esa señora vale más, sencilla, que toda teología que su Eminencia pueda dilucidar en sus momentos de soledad.
    Vale más dedicarle un sólo segundo a alguien... a hacerle feliz, a hacer que se sienta escuchado, querido, respetado... Que docenas de pensamientos elevados, que creen acercarse a Dios...
    Pero nuestro Dios es un Dios de humildes. Uno no se acerca a Él estudiando grandilocuentemente... Sino con el corazón. Arrodillándose. Y acercándose a esa persona que siente que no tiene a nadie que la escuche...
    Puede parecer algo manido. Pero es la verdad.
    Por eso, que el cardenal escuchara a la mujer no fue un gran acto. Sino algo completamente natural. Su Eminencia no tendría corazón si no lo hubiera hecho. Y, sin corazón, toda magnificencia teológica sobra. Porque jamás logrará alcanzar a Dios realmente.
    Bueno, espero no haberle ofendido, padre. Sólo quería mostrar mi opinión. De verdad, no quisiera haberle molestado. Le tengo en gran consideración, simplemente quería decirle esto.

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    1. Anónimo6:33 p. m.

      Pues lleva usted toda la razón, muy bien argumentado.

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  6. Anónimo6:36 p. m.

    El Padre Fortea, creo que no siente ningún amor por los enfermos mentales, cree que son ciudadanos de segunda.

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  7. Anónimo6:47 p. m.

    LA PALABRA DE DIOS NO ESTA ENCADENADA:

    "Los ojos de Dios estan en cualquier lugar, observan a los malos y a los buenos". (Prov 15,3)

    "El espiritu en nosotros es la lampara de Dios: El escudriña los rincones de nuestro interior." (Prov20,27)

    "... el Espiritu escudriña todo, hasta las profundidades de Dios." (1-Corintios 2,10)

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  8. Anónimo7:08 p. m.

    Padre,soy español de erasmus en Roma, le leo siempre pero por falta de tiempo no he comentado nunca. Alguna vez le he visto pasear cerca de la Santa Croce y por las calles de Campo Marzio y San Lorenzo in Lucina, pero nunca he querido pararle por no distraerle de sus ocupaciones ni de llegar a su destino. He de decirle que conozco a esta señora, me la encontré en la misa pontifical de la Inmaculada en Santa María la Mayor. A la hora de la paz me distraje y se me olvidó quitarme el guante y la señora me echó una considerable reprimenda. Al finalizar la misa quiso disculparse conmigo con una letanía de fechas y santos orientales pronunciada con una sonrisa curiosa. Así sigió hasta que pasó por delante el embajador de España ante la S.S. que fue su siguiente víctima con la que se ensañó.

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  9. Alicia en el País de las Maravillas.

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  10. Hola holaaa!!!

    Estuve hablando con un hermano de comunidad más de dos horas al teléfono de temas y experiencias espirituales... esto en verdad no se puede hablar con cualquiera... en verdad necesitaba escucharle... en verdad necesitaba saber lo que pensaba de un asunto... el tema es que coincidimos en todo el discernimiento... GLORIA A DIOS!!!

    Qué lindo el dibujo que nos presenta la imagen de hoy... dentro de las técnicas de dibujo disponibles de esa época supongo que es un buen dibujo... ya se ve una plaza llena de fieles... y muchos viniendo, evidentemente de lejos por eso las carrozas, los carros, los ginetes...

    Me da alegría saber que uno de los nuevos '12' tiene tan buen corazón... oro por cada uno de ellos... para que Dios les infunda un corazón lleno de amor...

    En cuanto a este párrafo del P.Fortea...

    "Haced el bien hasta con la, aparentemente, menos importante persona. Nunca se sabe quién os puede estar mirando."

    Para ser sincera... los únicos ojos que me interesa que me miren son los de Mi Padre que está en los cielos... con tal que yo camine en su senda, estoy segura que Él dirigirá mis pasos allí donde sabe que es necesario con quien yo esté y donde yo esté... no deseo otra cosa más en mi vida... en verdad que no...

    Aaayyyyy no terminé mi presentación para el sábado... pero todavía tengo tiempo a mi favor... seguiré trabajando... después de la misa tengo que reunirme con unos hermanos para revisar nuestros temas y distribuirnos las tareas... es lindo dejarse guiar por el Espíritu Santo para que Él haga la obra que quiere en los hijos amados de Dios!!!

    Espero que estén teniendo un lindo jueves... espero que estén rodeados de armonía, paz y amor... y que sus corazones puedan sentir esto que estoy pidiendo...

    Besos y abrazos a todos!!!

    FELIZ FINAL DE JUEVES!!! DIOS LOS BENDIGA!!!

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    1. Anónimo8:57 p. m.

      Solo te falta contarnos cuantas veces vas al baño, creo que es lo único que te falta por contar.

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  11. Anónimo3:08 a. m.

    Perdone M. Carmen, anteriormente le he dicho una estupidez, a veces el enemigo nos juega malas pasadas.
    un abrazo y siga asi.

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  12. Anónimo4:43 a. m.

    Mi madre me dio una gran enseñanza en mi infancia aunque creo que hasta ahora de adulta me la tomé en serio, ojalá la hubiese practicado desde niña siempre. Además es tan sencilla:
    - Mamá qué importa si hacemos tal cosa,no es tan malo y nadie se va a dar cuenta!
    - Sí hija, pero Dios nos está viendo. Y cuándo estemos frente a su presencia nos va a pedir cuenta.

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  13. Conjugue bien los verbos, padre, se dice "me complugo", no "me complació".

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  14. Gabriel9:22 a. m.

    Me ha encantado su post de hoy, Padre.
    Es muy cierto y muy sabio lo que en el dice.
    Son esos pequeños alfilerazos de cada día los que nos dan la salvación y no sólo el morir crucificados en una plaza pública.
    Lo segundo si llega, pues llega. Pero lo primero nos llega a todos, todos los días. Y muchas veces subestimamos esas pequeñas crucecitas o alfilerazos pensando en grandes hazañas o en la Cruz de nuestro Señor.
    La Santidad está mucho mas cerca de lo que creemos.

    Ya lo dice la Escritura: "Caridad quiero y no sacrificios".

    Espero esté mejor de su espalda y esté profundamente Feliz.

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  15. Eduardo1:20 a. m.

    Con personas como esas lo mejor es sin duda la caridad,me han tocado no pocas en mi vida y otras me imagino que vienen por el camino. Es cierto que nos miran siempre y nos pesan en nuestras acciones desde luego que no podemos vivir pendientes de todo el mundo pero si podemos ser caritativos.

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