sábado, octubre 05, 2013

Cantata titulada Despertad, la voz nos llama. BWV 140


Ayer me abatí un poco, al conocer que un pésimo escritor de masas había conseguido un impresionante honor; permitidme no ser más específico. Otros magníficos literatos y profesores de universidad se quedaron sin ese honor, simplemente porque no habían vendido tantos libros. Lo merecían más, pero se prefirió darlo a quien lo merecía menos. El asunto además era agua pasada, aunque yo me enteré ayer.

Estuve a punto de escribir acerca del triunfo de la mediocridad en la literatura, en el arte, entre la intelectualidad, en la universidad (menos, pero también) y, en general, en todos los puestos de la sociedad. En una sociedad moralmente más corrupta, los méritos progresivamente tienen menos importancia.

Pero hoy, mientras comía, he comenzado a ver el documental de Elliot Gardiner para la BBC sobre Bach. Y he quedado transfigurado ante la pantalla. Johan Sebastian Bach es la victoria de la antimediocridad.

El reportaje era de una calidad y de una profundidad, como hace tiempo no había visto. Claro, era Elliot Gardiner. Ni más, ni menos.

En esta época, en que nos queda poco para el Imperium, Bach es el recuerdo de que, al final, el Bien Absoluto triunfa. El Bien absoluto está abocado a un triunfo absoluto.

La música de Bach está rebosante de vida. Es la música de un Dios que vence y que no puede hacer otra cosa que vencer.


La técnica formal compositiva de Bach es perfecta para expresar lo que tenía que expresar. Sin duda, hubo músicos más santos en la Historia. Pero en el músico de Eisenach se une la espiritualidad con la calidad musical suficiente para expresar esa realidad de gracia. Es decir, Dios creó un odre nuevo para contener el vino nuevo de una música de ángeles y para los ángeles.

1 comentario:

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