jueves, octubre 03, 2013

El final de la vida

Alguno se preguntará por qué ayer puse como título El retiro de Sila. La historia de Sila (dejando aparte sus sangrientas proscripciones) era explicada de modo elogioso en nuestras clases de latín, en la época del BUP. Y lo más admirable era su retiro final, 80 a.C, una vez que puso orden en Roma.

Se quedó muy grabada en mi memoria la imagen del ex dictador cultivando su huerto en su villa. Desde entonces, la idea de disfrutar de los últimos años de vida retirado en el campo, cultivando zanahorias, fresas y cebollas me resulta idílica. Yo espero no realizarla. Quiero morir como pastor de almas. Pero la imagen es bellísima. No me ha abandonado en más de un cuarto de siglo.


¿Hay placer comparable a esperar la muerte en una villa romana, dedicado a los pequeños y honestos placeres de la sana vida en el campo, contemplando la vida pasada, charlando con amigos, comiendo con la familia, paseando por los caminos? Sin angustias, sin prisas, sin otra ambición que disfrutar del día presente. Realmente, no. Los hombres se complican mucho, pero todo es mucho más sencillo de lo que parece.