sábado, noviembre 16, 2013

El soplo del Omnipotente me dio vida (Libro de Job)


Dos mujeres han venido hoy por la tarde a buscarme a la capilla del hospital. Me han pedido si podía darle la unción de los enfermos a su familiar que estaba en peligro de muerte en la unidad de cuidados intensivos.

Por supuesto, les he respondido. Me he puesto mi bata blanca sobre mi clergyman negro. He entrado con la tía del enfermo en la UCI con el código que tengo como capellán para franquear la puerta cerrada. Y he comenzado a los ritos.

A mitad de la ceremonia, he escuchado como un joven médico de treinta años le decía a una enfermera: Es una falta de respeto que entren aquí sin pedir permiso.

Lo ha dicho enfadado y en voz alta para que lo oyera yo. A mí no me ha dicho nada al salir, pero a la pobre familiar que estaba un momento contemplando a su sobrino en estado tan grave, le ha dicho con muy mal tono que saliera.

Así están las cosas ahora mismo en España. 

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