martes, noviembre 05, 2013

La dignidad II


Continuando el post anterior. Los documentos hacían preguntas sobre la salud mental. Por ejemplo, había que declarar si alguna vez, había estado bajo el cuidado de un psicólogo.
Yo nunca he estado bajo el cuidado de ningún psicólogo. Pero si hubiera ido a la consulta de uno, aunque hubiera sido por una semana, hubiera tenido que especificar todo. Si es así, por favor, dé detalles, ordenaba el papel.

¿Ha sido detenido provisionalemnte por la policía, arrestado o encarcelado por razón alguna? Si es así, por favor, dé detalles.
Por supuesto, el obispo que enviaba un sacerdote debía especificar si alguien había presentado cargos o acusaciones formales o informales en su contra. Es decir, incluso una acusación informal debía constar.

No hace falta decir que los documentos repasaban alcoholismo, relaciones heterosexuales, drogadicción, adicción al juego y todas las especificaciones del Levítico. Menos el incesto y alguna otra cosa con cabras.

Ah, y las declaraciones, eso sí eran declaraciones juradas so pena de perjurio. Y ya te advertían claramente que después quedabas sujeto a las leyes penales del Estado en cuestión respecto al perjurio. Y que te obligabas a confirmarlo todo si se te convocara a declarar de forma oficial.

Pero no sólo eso. El obispo que manda un sacerdote (incluso para predicar un solo día) juraba: Revisé el historial del padre y los archivos que mantenemos, y consulté con quienes ha servido en asignaciones anteriores. Luego si el obispo no consultaba con los párrocos o coadjutores de los lugares donde habías estado, todos los lugares, estabas mintiendo. 

Y además eso no podía firmarlo un Canciller o un Vicario Episcopal. El documento especificaba que fuera el obispo. Al firmar ese papel las docenas de obispos que han enviado sacerdotes a esa diócesis durante años, ¿han consultado en todas y cada una de las parroquias por las que ha pasado el sacerdote al que envían ahora a esa diócesis? Evidentemente no. Luego estaban mintiendo y firmando una mentira.


Las conclusiones de este modo aberrante de recibir a un sacerdote, las dejo para mañana. Pero ya adelanto una cosa: los clérigos culpables seguirán cometiendo delitos a pesar de todo el papeleo. El papeleo tampoco eximirá a la diócesis donde se cometa el delito de pagar indemnizaciones. La razón del papeleo es una y sólo una: dejar claro que el que manda era inocente. Después de toda esta ordalía, después de toda esta confesión pública, lo que realmente importaba, era eso. 

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