jueves, noviembre 07, 2013

La Dignidad III


Después de los dos posts anteriores, llegamos a algunas conclusiones. La primera conclusión, el citado papeleo lo que indica bien a las claras es que hay diócesis norteamericanas que no se fian de los obispos latinoamericanos. Razón por la cual, lo que están diciendo, en el fondo, es que les pasen toda la información y que ellos juzgarán de nuevo todo.

Ya no es el obispo cercano, el obispo propio, el que conoce todos los detalles, el que juzga acerca de la idoneidad o no de un ministro para el servicio pastoral. Sino que la diócesis que lo contrata (digamos ese verbo con toda su crudeza) quiere juzgar todo de nuevo. El papeleo dice bien claro, con otras palabras más amables, lo siguiente: Señor obispo, no nos fiamos de su juicio, pásenos toda la información y nosotros decidiremos si es idóneo.

Segunda conclusión. No pocas diócesis de Estados Unidos han tomado la decisión de que el modo de custodiar la integridad de los clérigos, es someterlos a interrogatorios exhaustivos. 

Evidentemente, para atrapar a una manzana podrida entre cien, tendrán que tener archivos con todos esos interrogatorios del resto de las manzanas sanas. Los sacerdotes buenos con pequeñas lacras personales, tendrán que decir la verdad y confesar todo a los archivos: algún periodo de depresión, algún problema con la bebida hace años, un problema con la Justicia antes de entrar en el seminario, todo.

Tercera conclusión. ¿Se protege con esto a los menores? No. Evidentemente, no. Un pedófilo abandonado a su vicio, un pedófilo envejecido en su mal, mentirá todo lo que haga falta. Justamente él saldrá impoluto de todo el papeleo.
Cuarta conclusión. ¿Por qué se ha iniciado este proceso de hacer firmar cada vez más papeles para todas las cuestiones eclesiales en Estados Unidos? Proceso que no tiene fin. La razón está en los abogados. Los abogados tienen la tendencia a pensar que las cosas se arreglan firmando papeles.

Esta tendencia cada vez más legalista de las cancillerías de ese país, está resultando asfixiante para muchas actividades religiosas. Y ya no me estoy refiriendo sólo al tema de la moralidad de los clérigos. Cualquier actividad cada vez más se valora en términos de seguridad legal. Las iniciativas se juzgan de acuerdo a los problemas legales civiles que pueden suscitar. El resultado es que las parroquias se han convertido en bunkers legales. El peligro de las querellas ante los tribunales se ha convertido en una obsesión.

Aquí podría dar tantos ejemplos concretos en tantos campos. Pero esto es un post, no un informe. Baste ofrecer las conclusiones después de tantos viajes durante tantos años. Os acordaréis los que leéis este blog, como llevo años diciendo que la Iglesia en Estados Unidos ha tomado un camino profundamente equivocado. El camino de la estructura y de la burocracia. La necesidad de dinero cada vez es más acuciante. Los párrocos cada vez se pueden dedicar menos a lo pastoral. El miedo a las querellas está provocando una reacción interna en la Iglesia de necesidad de protección, a través de preguntas y firma de papeles, que recuerda a lo que en biología sería una reacción alérgica aguda. Es cierto que hay querellas. Pero la solución no es blindarse contra todo y en todo momento.

La solución no es si firmamos este papel o no. La solución no es crear otro comité más. Ni prohibir actividades por el miedo legal. Tiene que producirse un cambio de mentalidad. Debemos simplificar. Debemos poner vida espiritual donde ahora hay una montaña de papeles, y pasillos y pasillos de despachos. En Estados Unidos se están cerrando cientos de parroquias cada año. Creo que el Papa Francisco supone todo un ejemplo de cuál debe ser el camino: la sencillez, lo humano. La estructura debe existir, nos viene a decir el Papa con otras palabras, pero la estructura no debe ser un obstáculo para el espíritu.

No hace falta repetir que tengo grandes esperanzas en el Papa Francisco. Porque también las estructuras eclesiales en Austria, Alemania y Suiza han tomado el camino de la estructura, de la letra, de la ley, de la sacra burocracia.


Quizá alguien piense que estoy exagerando. Pero el precio de la nueva residencia del obispo de Limburg es un ejemplo de que no exagero. Afortunadamente, el Papa ha enviado a ese obispo a un monasterio, a que encuentre de nuevo el camino. Pero esa residencia no es el mal, sino un síntoma. 

Post Data: Estos tres post que he escrito, no provienen de que yo haya tenido ninguna mala experiencia. Son posts sobre el legalismo. Yo no he tenido ni un solo problema con ninguna diócesis. Hasta el día de hoy he firmado todos los papeles y he entregado de mi obispado todos los informes que se me han pedido. Pero he decidido poner voz a tantas humillaciones de hermanos míos sacerdotes latinoamericanos, a los seminaristas sometidos a exámenes psicológicos, a los miembros de la Renovación Carismática tratados como locos,  y a los neocatecumenales expulsados de las parroquias. Alguien tenía que decir con toda claridad: estáis equivocando el camino. 

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