miércoles, noviembre 13, 2013

Otra foto de un gato

Hoy he hecho compañía a un anciano y conocidísimo sacerdote de mi diócesis en el hospital del que soy capellán. Este sacerdote siempre fiel al confesionario, varias horas cada día desde hace más de treinta años, es uno de los más admirados de Alcalá de Henares, se llama don Manuel Palero. Como ya he dicho en el convento, su vida no corre peligro, ha sido una cuestión menor de salud lo que le ha llevado a ser ingresado.

Mi ciudad se ha conmocionado desde hace unos días al saber que su salud se había resentido y había tenido que suspender su misa. Sin duda es el sacerdote más querido de Alcalá. No sólo es el gran confesor de la ciudad, sino que es el sacerdote con el que se confiesan más sacerdotes.

Es una maravilla que la diócesis cuente con sacerdotes venerables, ancianos, fieles al confesonario, al que los presbíteros acuden de forma espontánea, como si un instinto les guiara. Éste es el más venerable entre los venerables.


Mi diócesis cuenta con magníficos sacerdotes. Pero el roble más alto y de ramas más impresionantes, es él. Ojalá que viva muchos años más, pero cuando algún día nos deje (ya tiene casi noventa años) ninguno de los que le sigue tiene una fama ni siquiera similar. 

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