viernes, diciembre 06, 2013

Un hombre que fue lo contrario de lo que dije estos días


Una característica que suele acompañar a un cierto número de grandes hombres, es que suelen pasarse relegados toda la vida. Al final, son descubiertos en el último momento y les caen encima todos los reconocimientos imaginables.

Ellos, si fueran de otra manera, podrían decir sarcásticamente: siempre estuve allí, siempre fui el mismo, no sé cómo no me viste.

Siempre creí en el ideal de la polis griega, en la meritocracia, en el triunfo de la razón. Pero a estas alturas del siglo XXI, veo que el mundo seguirá en manos de los mismos pobres hombres de siempre. 

Hoy ha muerto Nelson Mandela. Sobre él ya escribí hace tiempo un elogiosísimo post. Él fue un gran hombre. Él fue justamente lo contrario de los pobres hombres mediocres de los que he hablado desde hace tres días. A diferencia de otros jefes de estado africanos, latinoamericanos y algunos europeos, él logró unir a un país. Es decir, hizo justamente lo contrario de otros.


Pasó treinta años en la cárcel. Pero Dios le podría haber dicho en la prisión: No te preocupes, te daré otros treinta años de vida por los que te quitan. Y esos otros treinta años míos serán más plenos de lo que te puedas imaginar. Ahora eres un prisionero, pero pondré en tus manos los destinos de toda esta nación.

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