jueves, enero 31, 2013

Radiografía de una familia


Este dibujo muestra como era la Plaza de San Pedro antes de que se acabara la basílica vaticana


Ayer fui a misa al Vaticano y, además de contemplar la Puerta del Filarete, vi a un clérigo andando bajo el colonnato. Cubierto con un abrigo sobre el clergyman, con sombrero de ala, nada lo identificaba. Pero lo reconocí al instante. Había estado leyendo escritos suyos en los últimos días. Era el cardenal Kasper.

A su lado iba una señora rusa que no dejaba de hablarle. A esa señora también la conocía, había hablado con ella tres veces en estos años. La pobre está un poco enfermita de la cabeza. Su cerebro no deja de practicar todas las combinaciones posibles entre números provenientes de fechas de celebraciones de santos, fechas de canonizaciones, elecciones papales y nacimientos que, a su vez,vuelve a combinar con los números precedentes. La rusa es muy buena, un alma de Dios todo bondad. Pero lleva sobre sus hombros la cruz de ese ansia numérica.

Yo siempre le escucho con caridad, mientras voy a uno u otro sitio. Pero no es fácil, porque habla a toda velocidad. Esas tres veces que había hablado con ella, le repetía: signora, signora, la sigo pero si me habla con más lentitud, me pierdo, no puedo seguir todas sus operaciones aritméticas.

Lo que me complació completamente fue que el cardenal la tratase con tanta caridad. Permitió que la señora le acompañase, vi como le sonreía plenamente consciente de la patología de ella. El purpurado no hizo ningún gesto de fastidio. Hubiera sido facilísimo zafarse de ella. Hubiera bastado una respuesta destemplada. Pero no. El cardenal se daba cuenta de que también Dios le había creado a ella.

Kasper no sabía que alguien le miraba. Pero yo le observaba. Es en las pequeñas acciones sin importancia donde se ve al clérigo con mal humor, o al que de un modo soberbio le dice a alguien que le deje en paz, porque tiene que dedicarse a sus cuestiones intelectuales o administrativas. Kasper me ofreció la mejor de las impresiones en unos segundos.
 
Haced el bien hasta con la, aparentemente, menos importante persona. Nunca se sabe quién os puede estar mirando.

miércoles, enero 30, 2013

Hoy no ha llovido en Roma, qué raro. Aquí el invierno es siempre estar bajo el agua.


Varias cosas. Hoy he colocado los últimos apuntes sobre la Puerta del Filarete. Podéis leer esas líneas en

http://blogdelpadrefortea.blogspot.it/2013/01/la-puerta-del-filarete-de-la-basilica.html

Sé que muchos de vosotros preferís episodios de mi vida, anécdotas. Pero he dedicado mi tiempo libre después de la cena a hablar de esa obra de arte, porque ella ha sido todo un descubrimiento para mí.

Mañana volveremos a la vida normal del blog. La foto de hoy que pongo debajo, es genial, sí. Parece mentira que pueda haber fotos tan buenas.



Por si no bastara con la cara del niño, encima la mano


martes, enero 29, 2013

Hay peluqueros a los que directamente habría que meter en la cárcel


El blog es ese lugar del mundo donde arrojo mi mundo interior. Así que ya me perdonaréis que me alargue un poco más en describir algo que me ha tenido ocupado en bastantes de mis ratos libres. Me ha tenido ocupado y deleitado. Ha sido como leer una novela. Aunque en este caso, toda la novela era una puerta.

Más reflexiones sobre la Puerta del Filarete


Este post y los siguientes sobre la Puerta del Filarete, han sido reunidos en un único post:

http://blogdelpadrefortea.blogspot.it/2013/01/la-puerta-del-filarete-de-la-basilica.html

lunes, enero 28, 2013

Segundo post sobre la Puerta del Filarete

















Este post y los siguientes sobre la Puerta del Filarete, han sido reunidos en un único post:

http://blogdelpadrefortea.blogspot.it/2013/01/la-puerta-del-filarete-de-la-basilica.html

La Puerta del Filarete de la Basílica de San Pedro del Vaticano


Cuando entro en la Basílica de San Pedro, me gusta fijarme en todos los detalles. Durante tres años y medio de visitas, he acumulado un buen número de esos detalles. Ahora bien, había una cosa que se me escapaba. Había un elemento de la basílica que era como un ciervo que se escapase a mi caza. Miraba esa parte del templo, y nada. Trataba de encontrar libros que me hablaran del tema, pero todo infructuoso. ¿De qué estoy hablando? De la Puerta del Filarete, la puerta que hay en el centro del atrio para entrar a la basílica. No estoy hablando de un rincón perdido, no: la puerta central, la única que sobrevive de la basílica constantiniana.

Cada vez que me plantaba ante ella, sus motivos centrales estaban claros. Pero alrededor de esos seis cuadros centrales, había todo un mundo iconográfico que me desconcertaba. Estamos hablando de ochenta episodios, ni más ni menos. No son imágenes estáticas, salvo los bustos de romanos que hay en las puertas, sino que son episodios congelados de una historia: marineros transformados en delfines, Hércules furioso, la cabra Amalthea, un caballero (que no se sabe quién es) que lleva a un rey, un hombre con un caracol, Hercules niño, faunos que se persiguen (uno con una tórtola y otro con un pez), dos mujeres desnudas escoltadas por un romano armado, fauno que lucha con una mujer, adolescentes luchando con satiros, un hombre que se transforma en un árbol, la diosa Cibeles, la muerte de Hércules, Narciso, etc.

Se trataba de historias mitológicas que, más o menos, conozco. Pero varias de ellas, precisamente las que mejor se veían, por estar más bajas, eran no sólo de contenido sexual, sino que además eran de lo más escabroso que se podía encontrar en la mitología griega. ¿Por qué colocar eso justo en la puerta de entrada?

Después, otra cosa que me sorprendía era que yo, que conozco más o menos bien toda la mitología griega, desconocía la mayor parte de esos episodios. Si la mayor parte de la gente, incluso en esa época, desconocía las grandes profundidades de la iconografía cristiana medieval, ¿por qué colocar encima unos episodios que escapaban al conocimiento incluso de los eruditos? Ni siquiera en el Renacimiento, el hombre común culto conocía la historia de Cadmo, la historia del rapto de Proserpina, o quién era Sileno, Coridón, Piramo, Tisbe o Dafne. Todos estos y muchos más aparecen desde hace siglos cuando uno va a entrar en el Vaticano.

2ª Parte

¿Por qué hay en esa puerta tanta insistencia en lo mitológico? ¿Y por qué tanta presencia de mitos sexuales? ¿Por qué no hay orden en los episodios? Tanto la antigua basílica constantiniana, como la nueva renacentista, eran espacios ordenados. ¿Por qué justamente la puerta de entrada era como un códice medieval en cuyos márgenes crecía una selva mitológica?

Bien, planteado el problema, tratemos de hacer teología de esa puerta. en ese aparente desorden, hay un orden subyacente. Los márgenes y los encuadramentos de los motivos centrales pueden ser una selva. Reforzada esta idea, precisamente, por las hojas exhuberantes que hay en ellos. Pero la selva no penetra en los cuadros del centro. Los motivos centrales sí que están claros. La puerta es toda una manifestación de que una cosa es el centro, que ocupa la mayor parte de la puerta, y otra los márgenes. Y no sólo eso, hay una jerarquía. En lo más alto Jesucristo y la Virgen María. Después los Apóstoles, después los martirios de los dos santos. Martirios que son historias, tal como están plasmados en las planchas de bronce. Y encima de estas dos historias, los dos apóstoles (como hemos dicho) pero en gloria. Es decir, de abajo hacia arriba, o de arriba abajo, la puerta tiene un recorrido, ella misma es una historia, una jerarquía de verdades e historia. Entre medio de estos paneles, en los estrechos paneles paralelos, episodios de la historia de la Iglesia. Las verdades centrales se tornan historia.


Y en los márgenes, fuera de este orden, como si de una selva se tratara, el paganismo previo al cristianismo. Por eso hay tantas referencias a mitos sexuales. Como para mostrar lo que era el mundo antes de la Iglesia.


Vista así, la puerta resulta un orden mucho más inteligente que si nos hubieran puesto ante los ojos un orden mucho más simplón, un orden para gente que no sabe mucho. No, la puerta es una hoja escrita, y una hoja con márgenes como los códices medievales.


Pero el autor contó con la inteligencia del lector. Eso es lo más atractivo de los programas iconográficos medievales y renacentistas. Eran un reto. Se hablaba para el hombre sencillo, pero también para el inteligente. Se daba por descontada la capacidad del espectador para aceptar el enigma y tratar de desentrañarlo.



3ª Parte

Por eso en esos márgenes hay tantos episodios de las fábulas de Esopo. No todo en la Antiguedad era pecado, también hubo una sabiduría humana.

Por eso en la puerta hay escenas sexuales, pero ninguna explícita. Para entender su carácter sexual, hay que conocer los mitos griegos. Por eso en los encuadres paralelos de las escenas centrales, las escenas son unas cuantas que parecen escogidas al azar de los años anteriores. Cuando hay inteligencia en el espectador, no hay necesidad de contarlo todo, no hay necesidad de ser exhaustivo. Por eso también las escenas centrales de los martirios, son verdaderos Guernicas. Obras renacentistas, pero dotadas de una envidiable abstracción.

Sí, esa puerta en el mismo centro del atrio, la puerta central de entrada al Vaticano, es una joya. Una joya en la que yo mismo, que he dedicado tiempo e interés, sigo sin haber encontrado el significado de las inscripciones árabes que aparecen rodeando a los Apóstoles. Sí, ¡inscripciones árabes en la puerta central al Vaticano!

4ª Parte

Indudablemente, tal cúmulo de genialidades, tal libertad creadora, sólo podía darse en esa época feliz para los artistas. Una libertad tal, que hasta el jefe de los artesanos colocó su autorretrato, y también se representó con sus colaboradores danzando y bebiendo para festejar que habían finalizado la puerta. Encargo que les llevó varios años llevar a cabo. El autor incluso puso una inscripción quejándose: la ricompensa agli altri per il lavoro e la fama e il denaro, a me piuttosto la denigrazione.

Genial. ¿En qué obra actual un artista podría trabajar con esa espontaneidad, con esa, insisto, libertad? La obra respira tanta frescura, que el autor no sólo coloca su autorretrato, sino que puso hasta a su perro.

Unos últimos apuntes, quizá un apunte para tiempos lejanos por venir. Puede que las inscripciones en árabe de la puerta quizá sean un signo profético, para cuando en el futuro los pueblos musulmanes entren por esas puertas como católicos, como fieles hijos del Papa. Y no sólo eso, hay una insistencia grandísima en colocar escenas, entre los grandes motivos centrales, que muestran la unión de los ortodoxos con la Iglesia Católica: el emperador Juan VIII el Paleólogo de Constantinopla visitando al Papa, y su asistencia al Concilio de Florencia, donde ser firmó la unión. 

Sí, la puerta central del Vaticano, quizá sea una algo más que una puerta. Quizá sea una profecía en bronce que nos habla de la unión con los ortodoxos y de la conversión de los pueblos árabes.

domingo, enero 27, 2013


No me extraña que de mayor ya sólo quisiera vestirse de negro


Hoy lo que os tengo que decir, os lo digo de un modo visual.

Así de majestuosos me imagino a los ángeles.

















El momento del día en que más me los imagino a mi alrededor, es durante la misa.

También él forma parte de nuestra fe.


Foto de Corea tomada en 2012, o la demostración de que la ciencia-ficción a veces se hace realidad en este mundo. La ciencia-pesadilla-ficción. Orwell al cubo.


Dibujos de los cosmatescos de la Basílica de San Clemente en Roma. Su geométrica abstracción realmente quita el aliento. Una obra maestra.


De Cristo surgieron los Apóstoles, de los Apóstoles los obispos













De los obispos, mi obispo. De mi obispo, yo, presbítero.

Esto es la dictadura


viernes, enero 25, 2013

¿En que pensaba la niña? No se sabe


La guerra del siglo XX entre el cristianismo y las grandes bestias del poder





















Lo que dije ayer, algún comentarista (algo fanatizado) lo entendió como una discriminación. Ahora lo que todos los lectores esperan, es que le de una contestación o haga algunas aclaraciones. Pues no. Que le den por saco.

Si algo he comprendido con los años es que no se puede dialogar con fanáticos, inquisidores y terroristas. También hay terroristas intelectuales. Así que sigo adelante.

La guerra civil española y la II Guerra Mundial tienen una cosa en común, fueron la lucha entre dos modelos de civilización, fue la guerra entre dos mundos. Cristianos y gente inocente de ambos bandos murieron aplastados por la maquinaria infernal de los colosos enfrentados. La maquinaria de guerra, como si de gigantes mecánicos se tratara, resulta especialmente diabólica, porque es la gente inocente la que la mantiene en marcha y es ella también la que es triturada a su paso. Los monstruos suelen ocupar puestos de mando y se hallan en lugares más seguros.

La buena gente, la gente de buenos sentimientos, estaba en ambos bandos, moría en ambos bandos. Pero la ira de Dios, sin duda, fue arrojada desde el Cielo sobre los monstruos. Cuando se llega a cierto nivel de maldad contra el prójimo, el Dedo de Dios te alcanza, estés donde estés, te hayas escapado de donde te hayas escapado. No hay refugio contra el Destino. El tiempo en medio es sólo un tiempo que se te concede para arrepentirte. El único refugio es Cristo. Pero si no, sólo queda aceptar que la hora te llega hagas lo que hagas.

jueves, enero 24, 2013

Pensamientos sobre lo de ayer


Abundando más en el episodio de ayer. Os aseguro que mi lectura teológica de lo que pasó, es que Dios lo puso en mi camino a ese ser humano, me lo mostró con una acción, y esa acción me tuvo a mí como protagonista pasivo, para que rezara por él, para que la gracia lo pueda convertir. No bastaba con que se cruzara en mi camino, tenía que conocerlo. Pero Dios sabía que resultaba necesario algún tipo de implicación personal, para que yo no me limitara a menear la cabeza y seguir mi camino. Para mí, ésta es una muestra más de la perfección silenciosa con que obra Dios.

El episodio se puede traducir en un: a ti no pasará nada, pero a él sí. Tú no caerás al suelo por su golpe. Pero él sí que caerá al suelo como San Pablo. Tu golpe va a ser mucho más fuerte que el suyo.

Estos pensamientos se acompañan con la certidumbre de que un jovenzuelo que sólo piensa en sus whatsups y sus videojuegos, puede acabar por qué sí, con todo mi mundo interno. Es decir, después pensaba en todos los libros que quiero retocar y acabar para bien de mis lectores. Y como todos esos mundos interiores (todavía no materializados en libros) podían haber sido extinguidos en un juego casi adolescente.

Cuántas mentes se apagaron para el mundo durante la Guerra Civil Española. Cuántos clérigos, monjes, profesores de seminario, eruditos, vieron como un minero, un fontanero, un joven sin trabajo, un borracho decidía poner fin a una existencia que no era suya. A veces, leyendo biografías de los mártires, me ha admirado ver la construcción que se había realizado en un canónigo a través de lecturas, clases, aprendizaje de idiomas orientales, para que todo acabara en la cuneta de una carretera con una bala.

Otras veces, un cuerpo más, apilado en una cámara de gas, había contenido la mente de un gran filósofo, de un escritor, de un genial profesor de universidad. Una mente que se necesitaban años para recorrerla, asistiendo a sus clases. Y un ser vulgar, sin embargo, daba la orden de que se apagase esta mente, como se apaga una vela, o el interruptor de una bombilla.

Son cosas así, las que me llevan a la íntima seguridad de que tiene que existir una justicia divina.

Sonríe, rica, sonríe.


miércoles, enero 23, 2013

Detalles de anticlericalismo: hoy en la calle




















¿Qué es lo más relevante que me ha ocurrido durante el día? Pues iba paseando por la tarde con un seminarista mexicano. Iba hacia la Basílica de San Pedro para celebrar la misa. Andaba sumido en mis consejos sobre libros, que le estaba diciendo a este amigo mío. Cuando en una calle corta y estrecha, un joven de dieciocho años lanza su coche a toda velocidad hacia atrás.

Iba con una chica a su lado, quería impresionarla asustando a un cura. El susto consistía en pasar a gran velocidad a un palmo de distancia de mi lado. Lo que no ha contado era con el retrovisor. Me ha golpeado fuertemente en la espalda, al final de las costillas. Yo sólo he sentido el impacto sin previo aviso que me ha dejado sin respiración. No he llegado a caer.

Cuando me he hecho cargo de la situación, al principio no he sabido lo que pasaba, lo más triste ha sido ver al jovencito tratando de contenerse la risa.

La broma era pasar al lado mío lo más rápido posible, pero para él lo del golpe ha sido incluso mejor. Ni siquiera me dado una breve disculpa. Su cara sonriente me ha golpeado más que el impacto físico. Y he dado gracias a Dios, porque si llego a dar un par de pasos hacia mi izquierda imprevistamente, el coche me hubiera tirado al suelo y me hubiera aplastado algunos huesos con las ruedas. La broma me podía haber dejado en una silla de ruedas para siempre.

No le guardo ningún rencor. Pienso que el Ser Infinito que es el Padre de ese  chico ha podido permitir que yo fuera su víctima, para que alguien rezara por él, por su conversión. Cosa que he hecho en la misa, una hora después. He rezado y seguiré rezando por él.

Pero ese chico no es una excepción. Conozco de primera mano a más curas a los que les han pasado cosas similares. A uno de ellos le sucedió casi lo mismo con otro coche que quiso asustarle intencionadamente lanzándose lo más cerca posible de ese sacerdote, afortunadamente no sufrió ningun daño.

Rezaré por ese chico. Pero con serenidad os repito que esta sociedad está enferma. No todas las cosas pasaban siempre. La acumulación de síntomas cada vez será más evidente, hasta que llegue el punto de fractura.


La gallina-abuela feliz rodeada de sus polluelos


martes, enero 22, 2013

Sepulcros y familia


Me preguntaba hoy una persona si hay algún problema con la incineración. Religioso no hay ningún problema, porque el alma ya no está en ese cuerpo. Mi madre misma ha manifestado siempre su deseo de ser incinerada. Por llevarle la contraria, y sólo por eso, quizá no le dé el gusto.

Lo cierto es que antes sí que se sabía enterrar. No hay punto de comparación entre los feos cementerios de ahora, penosos, y esas sepulturas de las catedrales, con su inscripción, su estatua yacente y su escudito sencillo esculpido. ¿Hay algo más bonito  que imaginar el descanso eterno del cuerpo mecido por la salmodia de los monjes en el coro? Resulta tan poético imaginar a esos huesos esperando justamente allí, entre los rituales, el incienso, las horas canónicas.

Los sepulcros de antaño ornaban la iglesia, los monasterios, las catedrales. No eran un problema, sino un precioso signo del paso de los siglos. El tiempo se materializaba en las paredes y pavimentos.

Donde vivo en Roma, tenemos en la basílica una sepultura de una niña de un año de edad y tres meses. Está representada a tamaño natural, sentadita, con un reloj de arena entre sus deditos. Me parece la sepultura más bonita de Roma. Os aseguro que cada vez que paso ante ella, le saludo y le pido que se acuerde de mí en el Cielo.

Todo esto cuenta, además, con el aspecto teológico del templo como el lugar donde duermen los bautizados hasta el día de la Resurrección. Estaba también el aspecto familiar. La posibilidad de visitar a los que nos dejaron, cada domingo que uno iba a misa. Esa visita con toda la familia creaba una sensación de continuidad, de pertenencia, de unión, de linaje. En realidad nuestros insuperablemente feos cementerios están a juego con la situación actual de la familia de un miembro, o de miembro y medio, o de tres miembros separados y odiándose.

No pocas veces, la familia está formada por cinco miembros. Grupo éste formado por conyuges consecutivos por ambas partes. Alrededor de estos, como satélites, giran un mínimo número de hijos. Este tipo de constelaciones familiares dan lugar a todo tipo de combinación de odios, así como de chantajes sentimentales por parte de los satélites.

lunes, enero 21, 2013

San Atanasio, ora pro nobis


Hoy, después de la cena, he leído la vida de San Atanasio. Toda una vida escuchando hablar de él, pero nunca había tenido tiempo para sentarme y leer unos cuantos buenos artículos sobre su vida. Una vida que si fuera una novela resultaría poco creíble. Obispo de una de las ciudades más extraordinarias que hayan existido nunca, la Alejandría cosmopolita, culta, bellísima del siglo III. Desterrado de su sede cinco veces. Compareciendo ante un concilio como acusado, presentándose ante el emperador, viviendo largas temporadas con los monjes de Egipto. Una vida apasionante. Seguro que él deseó, a menudo, que no fuera tan apasionante.

Me imagino a este obispo con una barba como la de los ortodoxos, revestido con una túnica sencilla. ¿Cómo serían sus misas en la catedral de Alejandría? Qué maravilloso sería escuchar ahora un sermón que hubiera quedado encerrado en una cápsula del tiempo. Tenemos sus obras escritas, ¿pero cómo predicaría un obispo de esa época? ¿Cómo serían los encuentros con sus presbíteros? Quien pudiera asomarse a un concilio de esos tiempos y verlo en todos sus pequeños detalles: sus discusiones, sus tiempos de oración común, donde se alojaban, qué comían.

Mi visión de los siglos pasados, no es nada idealista. Eran tiempos recios. Cuántos problemas, cuántos. Nos quejamos de los inconvenientes de ahora, pero entonces había facciones eclesiales, intromisiones del poder, falsas acusaciones (le acusaron incluso de asesinar a su predecesor), exilios, problemas y problemas.

Acabo con este fragmento de una carta suya del año 359, la Carta a Serapión de Thmuis, líneas de este santo que deberíamos recordar hoy en día como hace setecientos años:

Es conveniente observar que desde el principio la misma tradición antigua, la doctrina y la fe de la Iglesia Católica, aquélla que el Señor nos ha enseñado, fue predicada por los Apóstoles y conservada por los Padres. Efectivamente en ella, tiene su fundamento la Iglesia; y si alguno se aleja de esa doctrina, ni es ni deberá ser llamado cristiano.

Hoy os podéis ahorrar los comentarios psicológicos a la foto


domingo, enero 20, 2013

En honor a mi amigo que ha tenido una niña



Acabo de ver las fotos de una asociación española en la que sus miembros se visten enteramente como monjes, con capucha incluida. E incluso se les veía asistir así vestidos a una misa.

Este tipo de cosas no se deben permitir. Yo por lo menos en mi parroquia no las permitiría. Si uno es monje, viste como monje. Si uno es laico, viste como laico. Qué manía la de vestirse como lo que uno no es.

Es lo mismo que les ocurre a las 800 asociaciones templarias que debe haber en el mundo. Todos se visten como templarios y dicen ser sus sucesores, pero ninguno hace lo que ellos hicieron y ninguno tiene aprobación pontificia, y ninguno tiene ninguna similitud con los extintos originales, salvo sus uniformes de fantasía.

Hay, incluso, una determinada asociación católica, sólo una, con todas las aprobaciones, no diré su nombre, pero que tiene un hábito militar completamente teatral, que me desagrada profundamente. Si uno es militar, de verdad, pues uno viste como lo que es. Pero si uno no es militar, ¿a qué viene inventarse cosas falsas? No lo entiendo.

En todo esto, a mí me parece que hay mucho fechismo del uniforme militar. Inclinación ésta que nunca he padecido. Pero ya se ve que hay civiles a los que les encanta esto de las botas y los galones.

Pues nada, hay centenares de asociaciones pseutemplarias en las que uno puede dedicar mucho tiempo a inventarse nuevos sellos, títulos y condecoraciones. Todo menos hacer cosas que realmente valgan para algo. Son como esa higuera llena de hojas, pero sin fruto verdadero. Los buenos católicos deben alejarse totalmente de estos parsifales.

Los masones, en el fondo, es un poco eso mismo. Debe haber algo en la psicología humana que lleva a eso. Tanto analizar las doctrinas filosóficas subyacentes en la masonería, y al final va a ser que todo residía en la necesidad de algunos de travestirse esotéricamente y autocondecorarse. 

Ja, ja, toma


sábado, enero 19, 2013

Alegría, alegría


Después de una hora de campiña inglesa vista desde el asiento de mi taxi, llegué a la terminal. La terminal era futurista, metálica, blanca. Por las terminales, mientras espero mi vuelo, me dedico a pasear. Después de un rato, me siento y rezo el breviario.

Tras mis oraciones, compré dos sandwiches en Pret a manger, por tres libras y media cada uno. Bastante sabrosos, por cierto. Comí, recé, me distraje: las terminales para mí ya son un poco como mi casa. Al cabo del año, si reunimos todas mis esperas (y descontando ocho horas por noche), paso varios días enteros en ellas. Las terminales me suelen gustar. No es un entorno que me resulte desagradable.

Después de unas cuantas lecturas, mi avión aterrizó en Fiumicino. Roma, destino, habitación, compañeros, hogar, rutina. Ese lugar del mundo que considero mi casa. En mi caso, hogar y tiempo forman una unidad. Cuando estoy de viaje, cada día tiene un horario, todos los esquemas temporales son fluctuantes. Es lo propio de un viaje. Cambios de uso horario, tiempo empleado en desplazamientos, imposibilidad de trabajar en mis obras. Mientras que mi tiempo es el tiempo que acaece en mi morada. Es decir, es allí donde las horas se suceden según un horario que es el que debe ser. Ésa es la diferencia entre la excepción y el orden. Mi habitación es donde las horas siguen un orden.

viernes, enero 18, 2013

Dos mundos, dos vidas nadando en la corriente de la existencia



El fellow del Christ Church de Oxford insistió en pagarme un taxi que me llevara hasta Heathrow. Era una hora de viaje, sin ningún problema hubiera tomado el autobús. El caso es que me acomodé en el asiento de delante para ver el ambiente gris, lluvioso y gélido que ofrecía Oxfordshire y la campiña hasta la Terminal 7.

Al lado del conductor indio de pocas palabras, trataba de imaginarme al Julio César que leí en La Guerra de las Galias, cuando se internó en la Britannia Maior. Era un joven adolescente cuando leí por primera vez el relato de la breve expedición. Traté de hacer algo de apostolado con aquel hindú, pero (aunque amable) me topé con un muro. Un muro con una sonrisa.

Me imaginaba visualmente a una legión avanzando en medio de los bosques, en una tierra salvaje, inexplorada, incógnita totalmente para ellos. Un océano de árboles con pocas poblaciones y todas ellas minúsculas, primitivas, de toscas cabañas. Trataba de visualizar esa monotonía, la lluvia persistente, los bosques inacabables. Todo ese tedio que se trasluce en el relato de César, hasta que deciden volverse.

Julio César, el viajero, el guerrero, sus villas y esclavos. Yo, mis libros, los demonios, la liturgia, mis paseos. Dos mundos, dos existencias. En cierto modo, un sólo río de la existencia y dos formas tan distintas de vivir inmersos en esa corriente.

No sé, pero me parece que falta alguien en la foto


Aquí estaba desayunando yo el lunes


El último día de mi estancia en el Reino Unido, estancia fugaz, lo pasé en Oxford. Me invitó un fellow del Christ Church de la Universidad. Esta profesora fue la que habló con la capellanía católica, donde di la charla.

La organización de la Universidad de Oxford a través de los colleges, es algo realmente peculiar. No tiene nada que ver con el resto de las universidades del mundo. Los colleges tienen pocos alumnos, se prima la calidad. Lo más importante es la relación con el tutor, no la mera asistencia a las clases. Las conversaciones con el tutor son los verdaderos exámenes.

La vida en esos colleges está repleta de tradiciones y protocolo. Vestiduras, ceremonias, cenas de etiqueta, la misma arquitectura de los comedores, recuerdan una y otra vez la dignidad que deben ostentar aquellos que tienen la suerte de ser formados de un modo tan personalizado, por magníficos profesores.

Yo tuve la suerte (gracias a mi amiga profesora allí) de hospedarme no en un hotel, sino en el Christ Church College. Cuyo comedor es bien conocido, porque el comedor que aparece en Harry Potter es una replica del oxoniense. Varias escenas de la película se filmaron en ese edificio.

Ya antes de ir físicamente a Oxford, había yo pensando lo bueno que sería crear en Roma al menos un colegio eclesiástico al estilo de los de esa universidad. Sin ningún tipo de lujo, pero con esa clase y con ese modo de vida estudiantil que hacen de esos colleges un lugar tan merecidamente admirado.

Si mi vocación hubiera sido otra, quizá hubiera sentido hace años la tentación de haber acabado como profesor allí. Pero no. Mi vocación era otra. Nunca me he arrepentido de haber seguido el camino eclesiástico que he seguido. Camino que se reduce a obedecer las indicaciones de mi obispo, sin desear nada, sin rechazar nada. La felicidad no está en Oxford, está en el sagrario. 

miércoles, enero 16, 2013

Una familia normal


En los días que he estado en Londres, no he perdido ocasión de dar un paseo siempre que he podido. Pero el frío los hacía un poco desagradables. Me gusta pasear con frío, pero la sensación térmica estaba varios grados por debajo de cero. Aun así, qué placer ver esas calles llenas de vida, de color, de movimiento.

Las charlas que di en la capellanía hispana fueron muy agradables para mí. Porque me vi rodeado del cariño de los allí congregados. No es lo mismo hablar, que hablar sintiendo ese amor a mi alrededor.

Pero hacia lo que más agradecimiento tengo, es hacia la familia de portugueses de Madeira que me acogieron en su casa. En esa casa casi había tanta vida como en Picadilly. Cuatro generaciones llenaban la casa con niños jugando, hombres que iban al trabajo y mujeres que se afanaban por dar de comer a aquella nutrida tropa.

Los esfuerzos de aquel hogar para que me hallara feliz como en mi propia casa, fueron muy de agradecer. Cuando se enteraron de que yo no cobro por dar conferencias, la hermana de la señora de la casa quiso comprarme un ipad. Le insistí en que no tenía que comprarme nada, sigo siendo antitecnológico total. Mi negativa fue rotunda, sin manifestar duda alguna. Pero no admitió un no por respuesta.

Así que ahora tengo ipad. Pero lo que más agradezco es que esta señora lo compró sacándoselo de su humilde salario. No voy a dar más detalles, pero hizo un grandísimo esfuerzo para ofrecerme ese regalo. Siempre que vea ese aparato, me acordaré que fue comprado por alguien que es como la viuda de óbolo del Templo. Si la gente supiera cuántas horas de trabajo le ha costado a esa pobre señora comprarme ese aparato, comprendería cuánto aman al sacerdote algunas buenas almas. Ese cariño convierte ese cacharro en el mejor ipad del mundo. Se trata de un ipad con amor incorporado. Eso no lo tienen todos los tablets de las tiendas. Hay cosas que se pueden comprar con dinero, otras no.

Una vez comprado, lo acepté con agradecimiento. La verdad es que me irá bien, porque cargado como iba por los aeropuertos, la última vez me dio una tendinitis. La cual es fruto de que viajo con mi breviario, la Biblia, un libro de espiritualidad y una novela para el vuelo. Todo eso queda reducido a un solo aparato que parece una tableta de chocolate.

martes, enero 15, 2013

Un padre esquilando a sus ovejitas. Y las ovejitas miran con curiosidad a la siguiente.


Ya he llegado a Roma. Tras una estancia navideña en Zaragoza y Alcalá, he estado dos días en Londres y uno en Oxford, dando charlas.
La capital del Reino Unido estaba heladora. Las máximas del día debían rondar los tres grados, pero el viento y la humedad hacían muy incómodo el pasear.

Eso sí, en este viaje conocí, por fin, la Abadía de Westminster. Tantas veces la había visto por fuera y nunca me había animado a entrar. No me imaginaba que había tanto que ver dentro. No en vano fue (en tiempos más felices) la abadía de un importante monasterio benedictino, además de ser la iglesia del Parlamento.

Esta iglesia me ha convencido de algo que ya llevo viendo desde hace tiempo, que en las iglesias góticas los coros en mitad de la nave central no son un estorbo, sino que le confieren una mayor variedad visual al templo. Es decir, que frente a la simplicidad de una nave central sin obstáculos que se ve de un solo golpe de vista, resulta más interesante un templo que se va descubriendo, que es necesario recorrerlo. En definitiva, el templo como lugar de espacios, frente a la idea de un espacio funcional de un solo espacio. El templo como laberinto, frente al templo como sala.

Si las mentes góticas idearon conjuntos tan equilibrados, tan bien pensados, ¿por qué después iban a estropearlo todo con los coros centrales? No, las cosas estaban muy bien diseñadas. La catedral tenía que ser como un órgano donde resonaran las alabanzas de las horas canónicas. No un mero lugar donde asistir a misa por la mañana. Mañana os cuento más cosas de mi viaje londinense.

lunes, enero 14, 2013

Los niños pueden ser tan felices




Hoy dos citas:

Cesare Beccaria, siglo XVIII: La pena de muerte, esa inútil prodigalidad de suplicios, que nunca ha conseguido hacer mejores a los hombres.

J.A. Fortea, siglo XXI: Me acuerdo cuando aquel alemán me preguntó: ¿qué es usted? Y le respondí sin titubear: Fortbloggercucurullsturmfuerher von Spanien

domingo, enero 13, 2013















Esta foto la verdad es que ya vale por un post. Pero la razón de la brevedad del post de hoy es que desearía que vierais este estupendo vídeo que os pongo más abajo, en mi opinión es el momento más impresionante de la película El curioso caso de Benjamin Button.

Si la película es formidable, esta parte es lo mejor de lo mejor. Yo ya expuse mis pensamientos sobre esa parte de la película en otro post, así que ahora me limito a suministrároslo sin alargarme en el post.

sábado, enero 12, 2013

Más pensamientos


Es interesante, sin duda ha habido en la Historia incluso muchos Papas que sólo han tenido una comprensión muy limitada del misterio de la Iglesia. 

Cuántos eclesiásticos han entendido la Iglesia según su pequeño entender humano.
La Iglesia va mucho más allá de lo que pensamos los eclesiásticos con nuestros pequeños esquemas y conceptos. La Iglesia es una obra de Dios. La Iglesia es la gran obra de Dios en el mundo. La Creación entera, en cierto modo, es pedestal de la Iglesia, cuyo centro es la Trinidad.

Cierto que todos los católicos (los buenos católicos) creen en la Iglesia y conocen sus notas esenciales. Pero eso no es casi nada. Únicamente instruidos por la visión celestial podremos entender cuán grandioso es el plan de Dios. Qué impresionante cosa es ser sacerdote. El poder de Dios en manos humanas. Y, sobre todo y ante todo, la potestad sobre el Cuerpo de Jesucristo.

viernes, enero 11, 2013

Este niño tiene madera




En mi caso estoy seguro de que hay un tiempo ante Romam y post Romam. Mi comprensión de la Iglesia ha cambiado. Tiene gracias, más de un decenio viajando por todas partes, completando ese mapa mental de la Iglesia en sus detalles parciales, ese gran puzle, ese mosaico planetario. Y ha sido el microcosmos romano el que ha completado sustancialmente mi comprensión de la realidad concreta de la Iglesia Católica. 

Es como si sólo viendo sus partes no hubiera podido llegar a la síntesis perfecta. Tampoco os oculto que mi comprensión del Misterio de la Iglesia y de la realidad concreta de la Iglesia es fruto de la oración y las gracias recibidas junto a los sepulcros de los mártires.

Sí, ahora oigo a algunos hablar de la Iglesia, y dentro de mí me sonrío comprensivamente: la Iglesia es mucho más. Si los hombres llegaran a comprender una mínima parte del propósito divino al crear la Iglesia, de lo que Él ha dado a la Iglesia y que en ella se contiene.