martes, abril 30, 2013

La vida tiene sus propias podas, sus propias estaciones


Me quedan diez días en Roma. Hace ya varios días que, a ratos libres, voy quitando cosas de la habitación. Cosas que no me voy a llevar. Esto de ir vaciando el lugar donde has vivido cuatro años, no deja de ser un acto muy simbólico. Una especie de anticipación al tiempo de la vejez. La vejez nos despoja de todo. Un anciano se traslada a una residencia y sólo puede llevarse un par de maletas. De momento, para este viaje, mi idea es que todo quepa en una maleta de la bodega del avión y otra en cabina.

No va a ser muy difícil creo. Porque uno sólo tiene que preguntarse cuántas veces he usado algo, para darse cuenta de que si desaparece de mi vida, no pasa nada. La mayor parte de las cosas que tenemos, no las usamos nunca. En este acto de limpieza, ni los libros pueden ni deben salvarse.

Hace calor en Roma, especialmente en mi habitación que es un ático, y que las tuberías de agua caliente pasan por debajo de las habitaciones. Este calor desagradable hace menos costoso dejar un lugar que en dos semanas se convertirá en un auténtico horno.

Adiós, Roma, adiós. Para mí has sido como un gigantesco monasterio por el que deambulaba, como una gigantesca basílica dividida en capillas, una ciudad santa. Han sido años muy felices, muy espirituales, y donde Dios me ha sorprendido a través de la magnificencia de su culto. Abandono la Urbe consciente como nunca de la vanidad de todo, de la transitoriedad de lo que nos rodea. Llegué aquí centrado en Jesucristo, y dejo la ciudad todavía más centrado en Él.

lunes, abril 29, 2013

Las genealogías en la Biblia


Leí hace dos días un artículo de Kevin halloran sobre la genealogías en la Biblia. He tomado algunas de sus frases (las que están en rojo) y he puesto algunas explicaciones por mi parte.

Las genealogías de la Biblia muestran que Dios se preocupa acerca de la Historia. La Biblia no es meramente un mensaje que puede prescindir de la verdad histórica. La Historia se hace mensaje. Dios no puede enseñar el error. Dios es el autor de cada línea de la Biblia.

La Biblia muestra que Dios interactúa con gente real. Cada nombre que es mencionado en la Biblia fue un ser humano que respiraba, que tuvo sus ilusiones, sus tristezas, que rió y lloró, que pisó la misma tierra que nosotros pisamos.
La Biblia es acerca de la vida real. Cada persona en esas genealogías tuvo su propio trocito en la Historia de Dios, en los planes de Altísimo. Cada uno de ellos fue algo importantísimo para Dios.

Las genealogías de la Biblia muestran que Dios usa gente imperfecta para sus propósitos. Sólo en la genealogía de Jesús vemos que Jacob con engaños robó la primogenitura de su hermano en el lecho de muerte de su padre.
Rahab era una prostituta. David cometió adulterio y asesinato. Salomón desobedeció a Dios.

Las genealogías de Jesús muestras que Dios se preocupa de las familias.
Dios valora la familia. No somos islas, no debemos serlo. En el mundo actual es como millones de seres humanos dijesen: yo, yo, yo. Pide por los demás, pasa tiempo con los demás, diviértete con los demás, no a solas, no encerrado en tu habitación. También ora con los demás. Rezo solo, me divierto solo, trabajo solo, leo solo. Por supuesto que es bueno tener momentos de soledad. Pero hay solitarios por Dios, y hay solitarios porque así los crean y modelan las selvas que son nuestras ciudades.

La genealogía de Jesús muestra que Dios comprende nuestra situación.
Cristo era 100% humano y 100% Dios. Las genealogías son un río humano, el fluir de las generaciones, de los siglos.

domingo, abril 28, 2013

Un largo adiós de once días


Once días y mi estancia en Roma llegará a su fin. Ya voy dando libros y objetos. Pienso llevarme a España sólo lo esencial. Creo, honestamente, que en estos cuatro años he madurado. Teológicamente, desde luego.

Por la mañana (mañana del domingo) he estado rodeado de olor a cielo en la ya tradicional misa de los rusos a la que asisto. Al volver al colegio, me he pasado por Santa María Mayor. Y he visto salir de la sacristía la impresionante procesión del pontifical que iba a tener lugar. Era la primera misa como obispo del recién nombrado nuncio de Colombia.

Por la tarde, larga caminata con un amigo a la Basílica de San Lorenzo Extramuros.

El tiempo se acaba. Ultimos paseos por esta ciudad apasionante y única. En mi oración de esta semana pasada me he dado cuenta de que no basta con no tener ninguna ambición, sino que además hay que desear que nos den el último puesto. Los últimos puestos, humanamente hablando, deben ser nuestra ambición. El tiempo llega a su fin. La vida diocesana está a la vuelta de la esquina. Un verano de sustituciones y después, por septiembre, mi nuevo destino. 

sábado, abril 27, 2013

Autobiografías


La gente cree conocer a tal Papa, a tal presidente de los Estados Unidos. Sí, conocemos cosas. Pero una personalidad tiene tantos pliegues, facetas y dimensiones en continua evolución, que no es tan sencillo.

Cuánto me gusta leer biografías y memorias. Lamentablemente, la mayor parte de ellas deberían inscribirse en el género de la novela. Se me caen de las manos en la hojeada general de sus páginas. Algunas tienen hasta toques que parecen más bien destinados al género infantil.

Pero cuando te encuentras con un gran libro de memorias, asomarte a esas páginas te reconcilia con el género. Qué placer tan sereno, tan agradable, es asomarse a una existencia que se te muestra en todos sus sinceros pormenores. Detrás de unas grandes memorias siempre hay un gran hombre. No hace falta insistir en que la mayor parte de las autobiografías constituyen una entera pérdida de tiempo, incluso para el que las escribió.

Escribir una autobiografía no es rellenar páginas con sujeto, verbo y predicados. Sino hacer una gran confesión. Es declararse culpable, desnudar los detalles íntimos, reconocer que uno se ha equivocado. Si uno no está dispuesto a hacer eso, la biografía se convierte en un acta notarial, en una sucesión de hechos. No hace falta decir que, desde un punto de vista literario, sin grandes pecados no hay grandes biografías. Las memorias de Buzz Lightyear (véase Toy Story) no serían de gran interés. La tragedia es lo más literario que existe. Nadie puede aguantar doscientas páginas de éxito continuado. En eso Dios nos muestra su valía literaria, cuando escribió la Biblia.

jueves, abril 25, 2013

Francisco, Obispo de Roma: la reforma de la Curia (II)


Qué cambios habría que hacer en la Curia. Primero de todo la meritocracia. La única razón para acceder a los cargos debería ser los propios méritos. ¿Ahora no es así? Sin duda, hoy día y a lo largo de la Historia, la Iglesia es el sistema más meritocrático del mundo. Pero el sistema todavía podría reforzar todavía más esta característica que es una las glorias del sistema eclesiástico.

La meritocracia siempre es representativa. Pero si al buscar un nombre para un cargo, se nombra a alguien en razón de que represente tal o cual nación, etnia o grupo eclesial, al final la excepción se hace norma. Si se escoge a las personas sólo en razón de su valía personal, el grupo resultante siempre será representativo de todas las espiritualidades, tendencias y naciones, porque Dios no ha concedido sus dones a un solo grupo en exclusiva, al contrario, los ha dispersado. Pero, insisto, si lo que se busca es la representatividad el sistema se malea y la valía de la persona pasa a segundo plano.

Los cargos no deberían tener en cuenta para nada el escalafón. Esto también es otra buena característica que tiene el actual sistema eclesiástico. Hay muchos monseñores que toda la vida se quedan en su puesto. Muchos monseñores no avanzan sustancialmente en el escalafón después de una vida de trabajo en la Santa Sede. Esto es algo positivo y debe reforzarse la voluntad de no hacer excepción alguna, por pequeña que sea. Servir a la maquinaria vaticana es como una vocación, es un servicio. Todo lo que se haga por desterrar cualquier pequeña ambición es positiva. Por el contrario, debería fomentarse el que grandes pastores, grandes hombres del espíritu, personas que se han dedicado a los pobres toda una vida, puedan enriquecer el Vaticano. Si se los introduce en la venerable maquinaria vaticana, le proporcionarán una nueva luz y entendimiento de las cosas.

La tercera característica es abandonar toda pretensión de representatividad. Jesús escogió esencialmente a galileos, y varios de ellos eran hermanos. La Iglesia puede avanzar hacia la representatividad (lo cual es muy propio de la democracia) o hacia la espiritualidad, buscando las mejores perlas, vengan de donde vengan.

Como consecuencia de esto último, los curiales, ante todo, deberían ser pastores. Ya sucede que los miembros de la Curia trabajan en parroquias u otros encargos pastorales. Esta faceta pastoral debería aumentarse. Debería ampliarse la plantilla para trabajar menos horas en sus despachos, dejándoles claro que se espera de ellos que dediquen más tiempo al apostolado. Al apostolado que quieran, pero al apostolado. Y como la debilidad humana existe, ese apostolado debería poderse verificar.

También esta característica, como las anteriores, se da ya en la Curia. Pero estos rasgos deberían aumentarse en tamaño e intensidad aún todavía, para así dejar clara la diferencia entre cualquier burocracia mundana y esa cosa tan sui generis que es el Vaticano.

Por último habría que introducir a los laicos en todos los puestos posibles del Vaticano. Una vocación sacerdotal es un tesoro demasiado precioso. Hay todo un mundo por ser evangelizado. Es mejor contratar a un laico para un puesto administrativo, y que un sacerdote pueda irse a Asia, a capellán de prisiones o a lo que sea. Hay infinidad de laicos santos, de mucha oración, de gran vida espiritual, que podrían dedicarse a trabajar en todos los puestos para los que no sea necesario estar dotados del régimen de gobierno propio del sacramento del orden.

En mi propuesta, nótese, subyace la alegría de comprobar que esos rasgos ya se dan, que el sistema funciona, y funciona bien. De lo que se trata es de optimizarlo, de hacer que resplandezca más con una luz espiritual. Por supuesto que también sugeriría otras cosas. Pero no todo se puede decir en un blog. Los cristianos formamos una familia, y en toda familia los trapos sucios se lavan en casa. 

miércoles, abril 24, 2013

Francisco, Obispo de Roma: unas pequeñas reflexiones (I)
















Los papados, desde el comienzo de la Iglesia, se mueven en un suave y nada brusco movimiento pendular entre la expansión ritual y la contracción. Si no fuera así, la acumulación ininterrumpida de ritualidad y protocolo acabaría invadiéndolo todo. Esto vale para las prendas eclesiásticas, para las normas que rigen dentro de la Casa Pontificia, y para todo. La gente se fija mucho en estas cosas, pero no tienen más importancia que la que tienen.

Los comentaristas también se fijan mucho en si tal pontífice del siglo cual se encontró a un indigente y le dio una limosna, o si tal otro llevó tales o cuales zapatos. Estas cosas también llaman mucho la atención del pueblo fiel. Pero todo esto debe ser valorado en su justa medida.

Donde, de verdad, se aprecia la talla de un sumo pontífice es en su labor de gobierno. Y las grandes decisiones de gobierno, normalmente, suelen ser desconocidas para el común de los mortales, porque son decisiones muy técnicas y difíciles de comprender para el que no conoce la maquinaria vaticana o el gigantesco mecanismo eclesiológico de la Iglesia universal.

Pongo un ejemplo, si yo quisiera cambiar la entera Iglesia Católica, sólo necesito que me dejen hacer unos cinco nombramientos en la Congregación de Obispos. Con esos pocos nombramientos, un pontificado de duración media y firme determinación se puede cambiar la entera faz del clero, de las facultades de teología y, con el tiempo, del Sacro Colegio. No habría ninguna necesidad de hacer nada ni en la Congregación de Obispos, ni en la del Clero, ni en la de la Doctrina de la Fe, ni en la del Culto Divino, ni en el resto de pontificios consejos. Cinco nombramientos bastan. Éste es un ejemplo de como cambiando pocas cosas, todo puede cambiar. Y, por el contrario, de cómo cambiando infinidad de cosas, todo puede volver a su ser habitual.

Para cambiar todo, normalmente, no se requiere dar golpes en la mesa. Aunque, a veces, sí. Juan Pablo II fue un ejemplo de cómo cambiar las facultades romanas de teología poco a poco, sin gritos ni aspavientos. La mejor reforma es aquella que ni se nota que la estás haciendo. No todo el mundo tiene la pillería, los nervios de acero y la paciencia para mantener un rumbo firme a la justa velocidad prudente.

Todos los comentaristas suelen repetir y repetir que el Papa Francisco tiene que cambiar la Curia Romana. Sí, la Curia requiere un cambio. Pero no el cambio que necesita a lo mejor no es el que la gente cree. La semana pasada a una persona del cuerpo diplomático que me decía eso, le pregunté: muy bien, ¿y usted qué cree que hay que cambiar? Su respuesta volvía a repetir con otras palabras que era la Curia la que tenía que cambiar. Sí, sí, ¿pero qué? ¿En concreto, qué? Mi interlocutor volvía a repetir generalidades, como no esperaba yo de otra manera. Eso sí, se trataba de una persona inteligente y su repetición era progresivamente más titubeante.

Evidentemente, si la reforma consiste en que lo único que sobra son unas cuantas salas del Palacio Apostólico de techo alto y con pinturas en las paredes, eso no va muy lejos. Si la reforma consiste en que la Curia tiene que ser más pequeña, cualquiera se sorprendería de los datos concretos acerca de la poca gente que hay trabajando en los dicasterios.

No, la reforma que el Vaticano necesita, consiste en cosas más profundas. Cosas que no voy a me voy a detener a exponer aquí, porque requeriría antes explicar a la gente cómo es el Vaticano real, no el imaginario, no el de Los Borgia de Antena 3.

La gente puede estar tranquila, el Papa conoce bien la Curia. Es un hombre de gobierno, lleva muchos años como pastor de una de las archidiócesis más grandes del mundo. Es un hombre del espíritu y sensato; amante de los más necesitados, pero no un iconoclasta; renovador y ortodoxo. ¿Cómo lo sé? Porque ya he hablado con un cierto número de argentinos que lo conocían, que han dialogado con él distendidamente del modo más informal tras una comida, tras una cena. Eso es lo bueno de Roma. Que si te pones a investigar, aquí no necesitas ir muy lejos.

Todos esperamos mucho de este pontificado. Pero recordadlo, las decisiones más importantes serán aquellas que no salen en las noticias. La gente se seguirá fijando en los zapatos. Pero serán dos o tres de los pesos pesados del Colegio de Cardenales, mientras cenan juntos en la intimidad de una residencia, los que perfilarán el más acertado análisis de las medidas que se vayan tomando.

Son esas conversaciones en las que se baja la voz cuando entra un camarero a servir un poco más de agua, las que saben. El problema es que el personal ya está un poco harto de oir en las noticias de la televisión siempre a los que no saben, a los de la Wikipedia, a los de los cinco lugares comunes repetidos del modo más cansino posible. Y perdidos ellos en sus complots imaginarios y sus fantasías vaticanas, siempre se dejan lo más importante: la reforma que necesita la Iglesia es la del Espíritu. Lograr que los curiales y los obispos del mundo sean hombres del Espíritu, hombres renacidos del Evangelio. Ésa es la gran reforma que se precisa. Y ésa es la que sin hacer ruido, estoy seguro, que hará nuestro Papa.

martes, abril 23, 2013

Asedio al Congreso: caos y orden


La iniciativa de asediar del Congreso de los Diputados de mi país el 25 de abril, me obliga a recordar a mis lectores que, en el fondo, todo esto ya estaba vaticinado allá por el 2011 en este mismo blog. La situación, es muy triste decirlo, no tiene solución. Es como el panorama de un enfermo ante el cual el médico calla, pero menea la cabeza.

Si no es ésta la vez la que lo tomen al asalto, será la siguiente. Si no, más adelante. Lo fatídico es darse cuenta de que la partida va hacia el jaque mate de forma ineludible.

Eso no quita para que, por supuesto, esté yo en contra de esa convocatoria. Sus convocantes afirman que es una manifestación pacífica. Pero todos saben en lo profundo de su corazón que en mitad de esta situación explosiva, las cosas se pueden escapar de las manos en cualquier momento.

No hay cuerpo de policía que pueda contener a decenas de miles de personas organizadas. Si están organizadas por una pequeña minoría, la marea humana desbordará cualquier barrera protegida por cualquier cuerpo policial.

Si el Congreso arde, el poco capital inversor que queda en España huirá como una bandada de palomas asustadas. Y con toda razón. La pobreza que nos esperará a la vuelta de la esquina, no quiero ni imaginarla. Toda la nación pagará esa acción con pobreza durante más de un decenio. Este asalto será una acción que no arreglará nada, y que nos sumirá en el abismo.

El Congreso es el símbolo y la realidad de la representación de la voluntad popular. Ningún grupo puede amenazar al Congreso. Ni el Presidente del Ejecutivo, ni el Ejército, ni una masa enfurecida. Ni yo ni nadie reconocemos otros representantes del Pueblo que aquellos legítimamente escogidos por las urnas. Las Fuerzas del Estado deben proteger ese edificio con todos los medios, Ejército incluido. Sólo miles de efectivos de infantería pueden defender las cuatro paredes de ese pobre edificio frente a una masa desatada armada con piedras y cócteles molotov. Aquí nadie quiere parecer fascista. Pero por no parecer fascistas, todos vamos a pagar las consecuencias.

¡Pero qué caramba! ¿¿Desde cuando defender el símbolo de los representantes de una democracia es una acción fascista?? Claro que no tengo la menor duda de que las acciones represivas únicamente se tomarán después de la caída del Congreso. Claro que caíga o no caíga el Congreso en los próximos embates de las olas, ya nada podrá contener las revueltas nocturnas en los próximos meses. La cuestión es el cuándo, no qué es lo que va a pasar. Ésta es la historia de una tragedia anunciada.

Íbamos a construir el paraíso en la tierra, ya sin Dios ni la religión. Habíamos llegado a la mayoría de edad. Nos habíamos liberado de la oscuridad de los dogmas. Y, una generación después, nos encontramos defendiendo el Congreso de los Diputados. Si esto a mí me lo dicen en 1977, hubiera creído que se trataba de una fantasía postapocalíptica de las de los comics que leía en mi adolescencia. Una cosa eran los comics, y otra la Humanidad y la Ciencia que iban siempre a mejor. Pero en el camino mis conciudadanos abandonaron a Dios, un detalle sin importancia para muchos. Y ahora nos encontramos defendiendo el Congreso.

lunes, abril 22, 2013

Teoría del Ladrillo Forteniano
























Os comparto qué pensaba hoy tras mi almuerzo. Y es que hoy, comiéndome unas chucherías (unos crackers saladitos, meditaba que siempre podemos descender hacia partículas más elementales: molécula, atomo, núcleo, barión, hadrón, quark.

Pues bien, como decía, siempre podemos descender. ¿Habrá una partícula que sea la última de forma absoluta? Siempre lo he pensado así, pero el tema no deja de plantear graves problemas de tipo lógico. ¿Cómo puede ser una partícula elemental indivisible, sin estructura, sin materia, sin nada más que ella misma? Yo no tengo la respuesta. Pero tan difícil es concebir una definitiva partícula última, como la posibilidad de que las partículas estén compuestas por otras más pequeñas, y así hasta el infinito. Desde luego, o es una posibilidad o la otra. Aquí no caben términos medios, ni una tercera posibilidad que no se nos haya ocurrido.

Ahora bien, imaginemos uno de esos dos caminos. ¿Os habéis parado a pensar lo que significaría una serie infinita de partículas cada vez más pequeñas? ¿Es eso imposible? En principio parece que no. No estoy del todo seguro. Pero en ese supuesto la materia, lo mismo que una línea recta, siempre sería divisible en decimales, en centesimales de milesimales, en millonesimales de trillonesimales. No parece que el ser incurra en una contradicción lógica. Incluso, fantaseando un poco, cabe pensar que lleguemos a una partícula que se la última en el sentido de que cualquier división de ella, sea la misma forma de partícula sólo que más pequeña.

Dicho de otro modo. Imaginemos que en el sustrato de todo, la partícula más pequeña son como ladrillos. Y que si dividimos uno de esos ladrillos, nos encontramos con que está compuesto de la misma partícula sólo que más pequeña, más ladrillitos iguales a los ladrillos mayores. Y que si dividimos esos ladrillitos, nos encontramos con miniladrillos que componen los ladrillitos. Yque esos ladrillos con las mismas propiedades, leyes físicas, forma, cohesión y composición de materia/energía se repitiera nivel tras nivel. Habría una partícula última y, al mismo tiempo, una sucesión infinita de niveles. A esto lo llamo la Teoría del Ladrillo Forteniano.

Ahora imaginemos otra posibilidad, cada nivel inferior es diverso y se rige por leyes físicas específicas. ¿No estaríamos repitiendo la Tesis de la Biblioteca de Babel de Borges? Una sucesión infinita de niveles diversos supondría que una de esas partículas sería una réplica geológica igual a la Tierra, antes o después. La única forma de evitar eso sería que las leyes físicas a niveles inferiores fueran crecientemente uniformadoras. Es decir, que la creciente variedad de posibilidades, se viera limitada por leyes químicas e infra-atómicas crecientemente cercenadoras de esas mismas posibilidades.

Si me preguntáis cuál es mi opinión, yo creo que es ésta: hay una partícula última que se puede seguir dividiendo ad infinitum, y todos estos infinitos niveles son regidos por leyes crecientemente uniformadoras. Es lo que llamo la Teoría del Ladrillo Forteniano regida por la Hipótesis de la Ley de la Cercenación (Fortenian Brick Theory ruled by the Slitting Law Hypothesis).

Nota: Me encanta soltar posts como estos, y dos años después encontrarlos citados en un foro de física. Los incautos lectores (estudiantes de Física) jamás tendrán ni repajolera idea de a qué se dedica el Dr. Fortea.

Qué asco


Hoy misa con los rusos. Preciosa celebración, como siempre. Por la tarde me he ido andando a la Basílica de San Pablo: seis kilómetros de ida y seis de vuelta. Iba acompañado de un seminarista mexicano, una vocación tardía, lo cual ha hecho agradable la excursión.

Por la noche me he visto la película The Happening. Me ha gustado mucho. Lamentablemente, el final está resuelto pobremente. Incluso a partir de la mitad de la cinta, se ve claramente que el guionista y el director se ver imposibilitados para seguir manteniendo el impresionante clima de tensión inicial. De forma que resulta evidente a más no poder que hay que empezar a poner historias de amor (verdaderos pegotes) y similares. Todo esa desorientación del director se culmina con un final que es un verdadero no saber por donde tirar.

Después, he acabado de leer la I Carta de San Juan.

El post de ayer lo escribí, pensando que no iba a gustar a nadie. Me ha sorprendido que los lectores escribieran que les había gustado.

Aunque no tenga nada que ver, esta semana vi por segunda vez la película Quemar después de leer, exquisita obra de los hermanos Cohen. Todo un excelente ejercicio de saber hacer. No sobra ni un minuto. Y en esta película, al contrario de la otra, el final es formidable, roza lo insuperable. Hay que saber mucho de cine para hacer una película tan perfecta, tan redonda. Y lo que más sorprende es su contención. Tienen que contar una historia y no se despistan, el arte de narrar una historia sobriamente. Si tenéis con la esposa un sábado aburrido, compraos una pizza y disfrutad de este ranking que os ofrezco con lo mejor que he visto en los últimos meses, de mejor a peor. Bueno, añado otras películas de los últimos años:

Quemar después de leer
La Chica de la Perla
Memorias de una Geisha
The happening
Lincoln
El Intercambio (Changeling)
Hitchcock
Sanctum

sábado, abril 20, 2013

Beber las Escrituras



Sigue el relato de la misa celebrada ayer: Al ir a beber el vino consagrado del cáliz, me he dado cuenta de golpe que en esa sangre, en cierto modo, se contenía la Sagrada Escritura. Porque la Biblia preexistía en Dios, en cuanto que Él la conocía ya antes de crear el mundo. Antes de que existieran los asiríos que invadirían Jerusalén, antes de que hubiese sido pronunciada la primera palabra griega en el mundo, antes de que las ovejas de Abraham fueran creadas, Dios ya conocía el número exacto de los capítulos de la Biblia con todos y cada uno de sus versículos. Las Escrituras preexistían en el conocimiento del Dios Infinito. Y, en entendido en ese preciso sentido, me di cuenta, por primera vez en mi vida, de que las Sagradas Escrituras estaban contenidas en el vino eucarístico de ese cáliz.

Antes de sumir el vino, contemplaba el caliz admirado de este pensamiento. Era asombroso. Beber el Caliz de la Nueva Alianza significa que algo tan hetéreo e inmaterial como es la Palabra de Dios, en cierto modo, estaba ahí no como palabra sobre papiro o pergamino, sino como la palabra está en la persona que habla. La sensación que tuve fue la de que iba a beber las Escrituras. Frase incorrecta en sentido estricto, pero sin afirmar eso, ya entendéis el sentido de lo que digo. Cristo, Fuente de la Revelación, estaba allí presente.

La Palabra de Moisés, de Jeremías, de Baruc que escuchó el Pueblo Elegido, tras la Encarnación había sido pronunciada por los mismos labios de Dios hecho hombre. Y así, hace dos mil años, los judíos pudieron escuchar a Jesús leer en la sinagoga los textos sagrados, es decir, pudieron escuchar la Escritura con la misma voz de Dios, no ya con la voz de los profetas. Los ecos de eso nos han llegado, aunque no su propia voz, la exacta voz de Jesús de Nazaret.

Pero si su voz personal se apagó en el aire de este mundo, Cristo sí que ha llegado a nosotros tangíblemente en la Eucaristía. Y aunque el Pan y el Vino Consagrados sean materialmente silenciosos, sabemos que en ellos está contenida toda la Escritura en el sentido antes explicado. Beber de ese caliz, por primera vez, se me presentó bajo un aspecto distinto. Después de escuchar a las Escrituras en la primera parte de la misa, ahora había llegado el momento de beber de la Fuente de las Escrituras.

viernes, abril 19, 2013

Roma veduta fede centuplicata


Ya me quedan sólo veintiún días de estar aquí antes de mi regreso a España. Como bien sabéis todos los que seguís esta bitácora desde hace años, mi gran descubrimiento romano ha sido la riquísima vida litúrgica de esta ciudad santa. Estas últimas semanas de estancia en Roma, los días de diario han sido una sucesión de concelebraciones en el altar la Cátedra de San Pedro en el Vaticano, alternándose con misas celebradas por mí solo en un bellísimo altar de una solitaria basílica. Los últimos domingos siempre escucho misa sentado en un rincón del interior del iconostasio de la misa bizantina de los rusos.

La misa de hoy, celebrada a solas, ha sido de verdad el centro de mi jornada. Celebrar a solas constituye para mí una hora (a veces hora y media) en la que siento la presencia sacra de Dios. Resulta impagable poder detenerme en cada rito, meditar cada oración que voy a hacer, hacerme consciente a cada paso de la Trinidad, de los ángeles, de los santos, de las álmas que llamo para que asistan en torno a ese altar.

Al acabar la misa, me siento transformado, espiritualizado, más como un ángel que como un ser corporal. Todo esto resulta imposible si uno tiene parroquia. Siempre ha amado las misas con mi grey, cuando era párroco. Las he vivido con todo mi corazón. Pero estas otras son distintas. Es como entrar en una especie de sancta sanctorum. Es como entrar en una cámara profunda del Templo, en medio de la soledad, del silencio, en perfecta intimidad con el Infinito.

Lo siento de veras, tarde he descubierto que el servidor donde había puesto los sermones no permitía links públicos. Veré como soluciono este problema. O mejor dicho, si alguno de los amables lectores del blog puede solucionar este problema. Porque con el Internet del colegio no puedo cambiar los archivos de sitio. Ya que mi conexión permite poco volumen de datos. Después del almuerzo os escribiré mi post diario.

miércoles, abril 17, 2013

No escucháis ya la primera trompeta

Siguiendo varios posts anteriores, como el del Gran Año del Cristianismo. Post incomprensible para los no seguidores día a día de esta bitácora. Deleitándome en lo críptico, aunque unos pocos me entenderán. Para ellos escribo.

La restauración de los valores cristianos en Europa tras cada revolución, tras cada gobierno masón, tras cada desamortización, tras cada legislatura anticlerical, nos devolvía la ilusión de que las cosas volvían a su ser.

Pero no era así. Se trataba de una balanza que se inclina a un ritmo de siglos. El chirrido y los crujidos de la maquinaria de una balanza que se descompensa sólo al cabo de una continua acumulación de generaciones.

Todo nos parecía igual, pero en lo más profundo de nuestro pensamiento éramos conscientes de que la suma de causalidades provocaba cambios sustanciales. De que cada restauración suponía la acumulación de un pequeño alejamiento del punto inicial. Que cada restauración suponía admitir una situación de no retorno al estado inicial.

Nuestra historia estaba trufada de pequeños apocalipsis y nuevos comienzos. Pero cada comienzo nos acercaba un poco más al final.

Los vikingos















Justo antes de venirme a Roma en abril, vi un programa titulado Madrileños por el Mundo. Entrevistaban a madrileños en Islandia. Lo que más me llamó la atención de todo, fue que una madrileña le contaba que los antiguos vikingos sacrificaban a los niños. ¿Ya no lo hacen, no? No, no, ya no lo hacen. ¿Pero el aborto es libre? Sí, es libre.



Cuando antes nos deshagamos de esa monstruosidad del aborto, mejor. El problema es que puede ser demasiado tarde. No demasiado tarde para los niños, sino para nuestra sociedad depravada.


lunes, abril 15, 2013

El Gran Año del Cristianismo


La similitud entre los movimientos de la tierra durante el año astronómico y la historia del cristianismo es llamativa. Una similitud, por supuesto, con diferencias. Las persecuciones romanas se sucedieron, pero el centro de la Historia se estaba desplazando hacia Cristo, y eso no lo podía impedir ni todo el poder autocrático de los césares.

Después vino la primavera y el verano: la Edad Media, el centro indiscutible era Dios. En el Renacimiento seguíamos en verano, pero ya comenzaba a hacer más fresco. La luz era clara, pero era evidente que ya no estábamos en pleno verano. Las primeras tormentas del comienzo indiscutible del otoño, tormenta con rayos incluídos, fue la Revolución Francesa. Era evidente que el verano se había acabado.

Después vinieron temporadas mejores y temporadas peores, pero el tiempo había cambiado. Ya no se retornaba al calor de antes. El otoño progresaba. El gran cambio vino en el siglo XX: el invierno.

Durante el siglo XX tuvimos, de nuevo, temporadas mejores y peores, pero era evidente que ya ni siquiera estábamos en el otoño. El frío, la oscuridad, el modo en que alumbraba el sol, era completamente diferente. Las nubes eran mucho más densas. El otoño empezó a parecer una sesión envidiable.

domingo, abril 14, 2013

Tesoros celestiales en manos humanas


Mirando el Cisma de Oriente a un lado, observando la rebelión protestante al otro, vemos en el pecado de su división nuestro pecado. Nosotros permanecimos fieles, sí. Pero ellos fueron infieles por nosotros. Si en el solio de Pedro y alrededor de él se hubiera sentado la virtud, la virtud indubitable, si todos hubieran visto un alter Christus (otro Cristo) en el Sumo Pontífice, qué difícil hubieran sido los cismas. Pero la mala levadura entró en la masa, los odres fueron agujereados, las coronas de lo espiritual fueron agrandadas (y envilecidas) con ambiciones humanas. Lo humano debía existir dentro de la Iglesia, pero debía ser insertado al modo de Jesús, no al modo humano.

Aun así, a pesar de todo, con todo lo malo, Roma fue solio de luz. Aun así, el proyecto de Dios no se desvirtuó. Perdió fuerza, pero siguió en pie. Después, los tiempos más tristes del papado pasaron. Pudimos volver a sentirnos orgullosos, aun sabiendo que todo hubiera podido ser más espiritual, más ascético, más perfecto, más luminoso.

De todas maneras, también es cierto,que sabiendo como somos los humanos, demasiado bien han salido las cosas.

sábado, abril 13, 2013

Si los Borgia


Otra Roma podría haber existido si los cristianos hubieran sido perfectos seguidores del Evangelio. Hubiera sido una Roma más sobria en sus palacios. Algún tipo de residencias hubiera habido para los príncipes de la Iglesia, pero sin duda hubieran sido residencias austeras. Hubieran sido verdaderos ejemplos que cómo hubieran vivido los seguidores del Pobre Mesías.

Las iglesias hubieran sido magníficas, porque el culto a Dios debe ser excelso. Pero la espiritualidad se hubiera notado incluso en los templos.

La misma ciudad hubiera reflejado más espiritualidad. La diócesis del Papa hubiera sido el espejo donde mirarse cualquier ciudad del orbe católico. En un mundo donde los cristianos hubieran sido perfectos seguidores de Cristo, Roma hubiera debido ser el modelo.

La Urbe hubiera sido más austera para los príncipes y prelados, pero más grandiosa para la gloria de Dios.

Esa historia alternativa hubiera sido lo mejor, rotundamente. Pero el pecado, la debilidad de los hombres, la mezcla de lo divino y lo humano da un resultado estéticamente apasionante, eso también es cierto.

La actual ciudad es un libro abierto, donde se cuentan en piedra tantas historias de desviaciones de las páginas del Evangelio, pero también tantas montañas de santidad colocadas unas sobre otras en esta Urbe. Desviaciones, traiciones, fidelidad, santidad, gloria a Dios, amor a la riqueza, místicos, hombres mundanos, cimas de amor a la Santisima Trinidad, cimas de sacrificio y caridad, hombres débiles.

Otra Roma hubiera sido posible. Jesús en Jerusalén pensó en otra Roma. En Getsemaní, mirando hacia el Templo, contemplaba lo que hubiera sido el Evangelio perfectamente obedecido, la ciudad que hubiera surgido de esa obediencia. Pero sabía que ésta ciudad en concreto es la aparecería en el Universo. La actual no es perfecta, porque siglos de pecado han movido un sinfín de engranajes, de sucesiones de causas y efectos. Estratos de pecado se han acumulado sobre estratos de pecado. Aun así, la actual ciudad es bellísima. Y la historia de la Roma de los Papas no es la historia de una traición. Sino la historia de muchas traiciones y mucha obediencia. Su historia es la comprobación, siglo a siglo, de que la Iglesia no puede corromperse. El testimonio de que no somos perfectos, de que el ideal hubiera ido mucho más allá, pero de que en nosotros se materializan las páginas del Evangelio.

El verano ya está a un paso. El tiempo qué prisa se da ultimamente.


Os dije que leería el sermón del Papa Francisco en la misa crismal, y que lo comentaría aquí. La verdad es que hay tantas cosas para comentar y todas tan profundas, que desisto. Necesitaría demasiados posts.

Simplemente diré una cosa, este sermón ha sido el que más me ha gustado de todos cuantos he escuchado a los Papas. Y bien sabeís que soy un devoto de Juan Pablo II. Pero este sermón del actual Papa me ha gustado más que cualquier otro de mi queridísimo Papa polaco. No voy a detallar en qué me ha gustado más. Porque lo haga como lo haga, siempre habrá alguien que hará comparaciones. Baste decir una vez más que este pontificado se anuncia cargado de esperanzas para el futuro.

Una cosa más que no tiene que ver con lo anterior, aunque en cierto modo sí. Quiero aplaudir públicamente y elogiar con todo entusiasmo, la medida de la Junta de Andalucía con respecto a los desahucios. Muy bien, óptimo. Con la caridad no basta para arreglar la situación. 

jueves, abril 11, 2013

En este post, la broma primero, lo serio después.



En la homilía del Jueves Santo, nuestro Papa Francisco hablaba de los nombres de las tribus de Israel grabados en el pectoral y en dos piedras engarzadas en la prenda que se colocaba sobre los hombres. Y decía el Papa:

Esto significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón. 

Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires, que en
este tiempo son tantos.

Estas palabras del Papa no quiero que caigan en saco roto en mi vida. A partir de ahora, siempre que vaya a celebrar misa, llevaré un papelito con nombres de personas por las que quiero interceder durante la eucaristía.
Hago este propósito. Ojalá que para toda la vida. Es cierto que, hasta ahora, llevaba esas intenciones en mi mente. Pero, a partir de ahora, quiero llevar físicamente esos nombres. Siempre serán muchos nombres, un cierto número de ellos me servirá de símbolo por los otros no escritos.

Si mi camisa tiene bolsillo sobre el pecho, no todas lo tienen, cada vez que junte mis manos sobre mi pecho, notaré la presencia del papel bajo las vestiduras. Será un recuerdo para mí de que debo interceder por ellos.

Estas palabras del Papa me son muy útiles, porque debo reconocer que en la misa me centraba mucho en mí, en mi santificación, en mi meditación, en mi adoración, y descuidaba este aspecto intercesor.

Esta idea es la que ha surgido ante mis ojos nada más comenzar a leer la homilía del Papa. Quedan muchas más páginas por meditar.

miércoles, abril 10, 2013

Así quedó este padre de familia tras su estancia como vendedor de yogures en Corea del Norte


Northkorea: Cada vez que veo a King John Ug sentado como Fu Man Chú delante de sus misiles, me doy cuenta de que necesitamos a 007. Sólo 007 o Luke Skywalker nos pueden librar de un malo de película. La crisis provocada por este jefe de Estado sólo puede acabar con el villano cayendo en lo profundo de un volcán de lava, tras una lucha con un sable láser. No admitiré ningún otro final políticamente correcto.

Porque qué podemos hacer cuando Kung John Ug lo ha dejado claro: Si el paro sube una décima más en España, lo considerará una declaración de guerra

Y antes de ayer: Si Valencia vuelve a quemar una falla más, lo considerará una declaración de guerra y actuará en consecuencia.

Y el pasado viernes: Si la FOX no renueva al Actor Secundario Mel en The Simpsons, lo considerará una declaración de guerra.

martes, abril 09, 2013

El niño del centro promete



Todavía resuenan en mi mente las palabras del Papa Francisco, cuando en un sermón dijo que algunos pastores tienen el riesgo de apartarse de su misión para convertirse en coleccionistas de antiguedades.

Y resuenan no porque me ofendieran, sino porque considero que metió el dedo en la llaga, en mi llaga. No es que en mí haya habido una desviación sustancial, pero sí que es verdad que he puesto demasiado el corazón en cosas buenas, pero que no son Dios.

El mal no ha estado en escribir los posts que he escrito, sino en poner demasiado mi pensamiento en cosas, en objetos, en ritos, aunque hagan referencia a cosas del Cielo. El mal no estaba en el objeto, ni en el interés, sino en la gula. El mal no estaba en la adoración, sino en detener la contemplación demasiado en el acto de adoración, y no el objeto de nuestra alabanza.

Por eso, sus palabras me parecieron luminosas, esclarecedoras, contundentes, lo que necesitaba mi alma. Me he bajado la homilia del Papa en la misa crismal. Aunque ya la he escuchado, mañana la leeré de nuevo. Quizá, incluso, hasta la anote y mañána el post sea ofreceros esa homilía (en letra negra) con las anotaciones para mi alma (en letra roja). No sé, ya veré.

El domingo le vi en la televisión cómo saludaba a los enfermos en la Basílica de San Juan de Letrán y no hace falta decir que él es el pastor perfecto, la imagen de un Apóstol.