martes, enero 14, 2014

De castigos divinos


Siguiendo el hilo de las reflexiones de ayer, me gustaría añadir algunos pensamientos más.

Normalmente, cuánto menor es la inteligencia y el entendimiento de alguien, más proclive es uno a adjudicar castigos divinos a todo el mundo. Resulta llamativo esa tendencia a pedir el castigo para los demás, quedando uno mismo a salvo de esa justicia estricta.

Este tipo de personas se suelen mostrar muy insatisfechas con Dios. Les parece que Él tarda mucho en dar a cada uno su merecido.

Sin embargo, lo dicho ayer no significa que cada acción no tenga consecuencias. Cada acto, bueno o malo, siempre tiene consecuencias. El castigo del mal suele ser tener que sufrir las consecuencias de nuestras malas acciones. 

Pero Dios es tan bueno que si le pedimos con arrepentimiento, muchas veces hace que no tengamos que sufrir esas consecuencias en toda su dureza. E incluso aunque el malvado no se lo pida, Dios a veces hace que se amortigue la dureza de esas consecuencias.


Así es Dios. Más bueno que nosotros.

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