sábado, enero 18, 2014

Esas montañas


Hace unos días, caminaba a paso ligero por la calle camino del convento del que soy capellán. Era una noche de mucho frío, el típico frío de un día invernal a las siete de la tarde . Estaba yo un poco enfadado por un asunto sin importancia. Tan sin importancia que no vale la pena que lo explique aquí. La mayor parte de los asuntos que nos amargan la vida, son cosas sin importancia; pero no nos damos cuenta. Nos parecen montañas.


Entonces, vi el típico kiosko de la ONCE. Dentro una invidente, sola, al final de una jornada de ocho horas encerrada allí. Me di cuenta de que nuestros problemas son muy pequeños en realidad. La visión de aquella chica fue para mí un sermón de Dios.

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