miércoles, enero 29, 2014

Un rostro que lo dice todo, un rostro que habla incluso en silencio

Durante mi vida he escuchado muchas opiniones acerca de si los exorcistas conviene que aparezcan en los medios o no. Pero la cuestión no es si ellos deben salir en la televisión o no. La cuestión es si los sacerdotes deben aparecer en los medios o no.

Lo que valga para el clero, valdrá para ellos. Muchas veces, las entrevistas que veo del clero, no me agradan. Bien a causa del entrevistado, bien a causa del entrevistador que hace aparecer al entrevistado como un memo.

Una cosa es segura: no debemos juzgar al sacerdote. Siempre debemos pensar que aceptó la entrevista con buena intención. Por supuesto que siempre debe someterse previamente a la obediencia a su obispo o superior religioso.

Pero presupuesta esta condición, el que juzga que hay intenciones torcidas en el sacerdote (como la búsqueda de la fama), en realidad, traslada su propio pecado a los demás. La mente torcida ve intenciones torcidas en los demás.
Cuanto más torcido es uno, más deformados ve a los demás. Cuanto más habita el pecado en uno, menos se da cuenta de su propia visión deformada.
He visto, en ocasiones, entrevistas al clero que me han desagradado profundamente, pero siempre he excusado, siempre he pensado bien. Porque es lo que nos enseña Jesús.

Nuestro Maestro, al que seguimos, es severo con la crítica, el juicio temerario y la división entre nosotros. Le molesta hasta que lo pensemos. Ay del que reprueba, porque será reprobado. Ay del que juzga, porque será juzgado. Ay del que siembra la división, porque ésa es la labor contraria a Cristo.

Así que la próxima vez que veáis a un sacerdote en televisión, rezad para que lo haga bien, y no juzguéis. La verdad es que necesitamos apóstoles que salgan en los medios. Pero ojalá que los que salgan sean luces que brillan con la luz del Evangelio.

Post Data: Siempre me han dado pena los buenos cristianos que han juzgado mi pobre persona cuando he aparecido en la televisión. Porque las razones para aparecer sólo las conoce Dios y yo.

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