jueves, enero 30, 2014

Viajando, predicando, enseñando

Acabo hace dos días de regresar de un viaje a Estados Unidos. Esta vez entré en esa nación por Miami. Caras conocidas, caras amigas. Incluso el perro de la casa en la que me hospedé es un viejo conocido. Enseguida noté que el perro había engordado.

Ya que hacía escala de un día en esa ciudad, la aproveché para dar una conferencia en una parroquia. Diez días antes del vuelo, me pidieron si podía dedicar medio día a dar varias charlas a los sacerdotes de esa archidiócesis, a lo que me presté con gusto. 

Esas charlas para los sacerdotes habían trascendido a algunos medios de comunicación antes de que comenzaran. Así que varios medios comenzaron a llamar a la archidiócesis. Al final, el vicario general me pidió si podía dar una rueda de prensa en el arzobispado. La foto es de esa rueda de prensa.

Al día siguiente partí para Oklahoma, donde iba a impartir un curso. La noche en que llegué, cenaba con el obispo de la diócesis y me puse malísimo un rato antes de la cena. Un dolor de cabeza fortísimo que me revolvió el cuerpo. Las nauseas eran fuertes, pero no tenía nada en el cuerpo dado que ocurrió esto antes de la cena. Pude resistir el compromiso sin apenas comer nada, pero conforme avanzaba la cena me dijeron que mi tez se fue poniendo tan blanca como mi alzacuellos, según palabras de los presentes al día siguiente.

Al encuentro habían venido medio centenar de exorcistas de toda la geografía de los Estados Unidos, y justo un día antes el conferenciante se ponía enfermo. Me imagino la consternación de los organizadores. Afortunadamente, a la mañana siguiente estaba de perfecto humor, desayuné con apetito y el mal, fuera lo que fuese, no volvió a hacer acto de aparición.


Así que tras la concelebración en el obispado de la diócesis, comencé con mis clases acerca de los exorcismos en el evangelio de San Mateo. San Mateo nos llevó cuatro horas repartidas a lo largo del día, con descansos y almuerzo. No era un público al que hubiera que explicarle qué era el exorcismo. La mayoría eran exorcistas y también la mayoría asistían puntuales cada año a aquellas clases. Así que los interrogantes teológicos eran de verdadero detalle. Dado que a los presentes les costaba estar allí más de cien dólares al día, esperaban algo profundo y no simplemente que les dijera que all you need is love y que el demonio es muy malo. Menos mal que mi nivel de inglés ha ido mejorando año tras año. O menos mal que he llegado a esa moderada convicción.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada