sábado, febrero 08, 2014

La grandeza de la grandeza sin paliativos
















Como el domingo estaré trabajando en el hospital, hoy me he dado un paseo por los bosques. Hacía bastante frío, a pesar de ser el mediodía. El viento era fuerte e incómodo. Pero el interior del bosque estaba espectacular: húmedo, verde, lleno de vida, denso, germánico.

A mi lado iba una persona que me ha estado explicando todos los secretos acerca de los movimientos de las moléculas. Una persona sabia en todo lo referente a la química. Daba gusto conversar con ella. Y, encima, en ese entorno. La conversación y el entorno, qué más se puede pedir.

He estado leyendo varios artículos acerca de Borges y el idealismo filosófico. Realmente, me cuesta entender como un simple ser humano como ese escritor ha podido lograr tales cimas de perfección. El bonaerense cuando escribe me parece de tal elegancia, de tal profundidad.

Después de tantos años de leerlo, es ahora cuando me parece que comienzo a entenderlo un poco. Un poco, y eso que he necesitado media vida para comprender que sus escritos iban más allá de lo escrito. Sus palabras hablan por encima y por debajo de sus líneas. 

Y, encima, por si todo fuera poco, Dios le dotó de una humildad grandiosa, no fingida. Y eso que él era perfectamente consciente de que estaba escribiendo para los siglos.

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