sábado, febrero 08, 2014

Los huevos de la Serpiente


Ayer leía las sublimes alturas intelectuales de Borges. Otro día escribía yo acerca del exquisito respeto a la ley y sus derechos con que la Justicia debe tratar a los ex terroristas. Hace algo más de tiempo, me maravillaba de la clase con que el director de orquesta John Elliot Gardener codirigía un documental sobre Bach para la BBC.

Mientras escribimos sobre estos asuntos, mientras paseamos charlando sobre lo mejor de nuestra civilización, mientras vivimos inmersos en nuestra pequeña felicidad, pululan en nuestras selvas urbanas los alevines de lo que un día formarán masas incontroladas.

Sus filosofía viene a ser una suma de pensamientos como estos:

La Iglesia es una institución que debería dedicarse a la fe de los cristianos, pero a pesar de los cientos de guerras, quizá miles, que han habido a lo largo de la historia por culpa suya  todavía hoy día siguen generando mal rollo.

Si por ellos fuera todavía estaríamos en la edad media, besándoles la mano, y dejándonos quemar en las hogueras de la Inquisición y así controlarlo todo.

En Roma y en la Conferencia Episcopal viven como reyes cuando Jesucristo a quién tanto adoran era más bien pobre.

La Iglesia debería ocuparse de la fe y permanecer calladita.


Este tipo de pensamientos no son propiedad de cien o mil jóvenes, ni siquiera de diez mil. Son millones de individuos los que en España odian a la Iglesia y a los sacerdotes con todas sus fuerzas. No digo que muchos millones de personas en España estarían dispuestos a realizar actos violentos, pero sí que millones se alegrarían de que las iglesias fueran quemadas. Son millones los que ante la muerte de algunos sacerdotes, condenarían las muertes pero añadirían que, en el fondo, se lo merecían. Son millones los que aplaudirían que no se permitiera participar a la Iglesia en la democracia, aunque no tengan muy claro qué significa esta afirmación.


Somos muchos los que observamos como, año tras año, el monstruo del odio sigue creciendo, sin que podamos evitarlo. Mientras podamos, defenderemos los más altos valores. Pero resulta evidente el creciente desencanto con la democracia, resulta claro cómo van creciendo los pequeños fascismos, los movimientos anarquistas, los fanatismos.

En un periódico de Estados Unidos salía mi foto. En la versión digital de ese periódico, un comentarista escribía: ¿De cuántos niños habrá abusado ese cura?


El odio sigue creciendo. Roguemos a Dios. Pase lo que pase, la Iglesia seguirá sobre la faz de la tierra, cuando estos odios concretos sean hechos que sólo se lean en los libros de historia.

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