jueves, febrero 20, 2014

No somos nada II



















Pasé intranquilo lo que me quedó de día, sentado en el sillón con una manta, haciendo pequeños trayectos por la casa. Cuando me fui a dormir, el problema de cómo tumbarme. Echarme en la cama o levantarme se ha convertido en la labor más dificultosa del día.

Ayer cometí una errata en el post, ya la he corregido. Lo que quería decir es que, al levantarme en el hospital, el dolor fue tan grande que cada vez oía más lejos a mi madre. De hecho, cada vez comencé a verlo todo como más difuso y nublado. Si ella no llega a sostenerme la cabeza en el sillón, no dudo de que no hubiera tenido fuerzas para mantenerme erguido.

Pero me voy sintiendo mejor. La mejoría en las últimas 24 horas me resulta evidente. Agradezco tanto las oraciones de todos. No es una frase hecha.
Dios me ha concedido poder dormir toda la noche seguida. Ayer, me acosté a las 10:00 de la noche. Pero una hora después me tuve que levantar porque el dolor me impedía enteramente dormir. Busqué a ver si había vídeos acerca de cómo acostarse cuando uno a tenido una cirugía de este tipo, y lo encontré. Allí explican con detalle la entera operación de levantarse. No es sencillo. Os aseguro que probando posturas y movimientos, no se encuentra el modo de levantarse de la cama sin un dolor que parece el de una mordedura de siete dientes-grapas en el vientre.

Pero hoy, por la mañana, ya no ha sido así el dolor. Ayer, durante media hora, leí la biografía de Fouché de Zweig. Apenas cené. El dolor me impedía concentrarme en cualquier programa de televisión. Mi oración eran jaculatorias. Pero, insisto, hoy el día se anuncia ya sólo con molestias, no con el dolor de ayer. Bendito sea Dios.

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