viernes, febrero 21, 2014

No somos nada III

Sigo con mi recuperación, la cual avanza a ojos vista. Ando por mi casa con soltura, siempre que sea poco rato. Ya hoy he trabajado normalmente en mi casa. Ayer asistí a misa sentado. El estar de pie me agotaba. No hubiera podido estar de pie y hablando. Pero sentado sin esforzarme sí que tuve fuerzas.

Sea dicho de paso. Cuando un sacerdote no tiene fuerzas para concelebrar, puede asistir a misa. El modo mejor de asistir a misa es con sotana, roquete y estola, sentándose a un lado del presbiterio. Así lo hice.
Pensé en concelebrar cuando estaba en la sacristía. Pero menos mal que no lo hice. No tuve fuerzas para decir las oraciones, aunque sí para arrodillarme bien apoyado y con lentitud.

Estos días me da mucha pena lo que sucede en Ucrania. La razón es que cuando veo heridos, pienso en lo que tardan después en cicatrizar las heridas, pienso en puntos de sutura, en una larga rehabilitación, en el caso de que sea posible. Es decir, siento todo ese sufrimiento no de un modo intelectual, sino como si sintiera con todo detalle mi sufrimiento multiplicado y acrecentado.

No os exagero si os digo que me emocionaba viendo las noticias. Emocionarse viendo las noticias es otro signo indudable de vejez. Últimamente, estoy identificando en mí todos los signos.

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