miércoles, febrero 05, 2014

Sobre el naufragio de ayer


Sigo desde el post de ayer. ¿Por qué el Señor permite sufrimientos que parecen ir más allá de lo razonable? En otro tipo de sufrimientos, da la sensación de que el mal proviene de la parte satánica que puede desarrollar el ser humano: los campos de concentración por ejemplo, la mafia, un interrogatorio en un gulag. Pero hay otros sufrimientos que provienen de la naturaleza. 

Sufrimientos que sucederían de tanto en tanto aunque todos los hombres fueran santos. Y, además, estos sufrimientos muchas veces son tan ciegos y crueles como los provocados por los hombres. Digo ciegos, porque a veces parece que la maquinaria de la crueldad sea completamente ciega al dolor de ese ser humano.

Este tipo de hechos, nos cuestionan cómo un Ser Infinito puede permitir tal intensidad de horror. Pero, al mismo tiempo, entendemos que la existencia de un Ser Infinito es lo único que permite tener esperanza de una remuneración posterior.

Aunque yo tengo fe, tengo que ser honesto y preguntarme: cómo Dios puede permanecer silencioso ante la muerte de cuatrocientos seres humanos devorados por tiburones.

Reconozco que Dios, a veces, prueba nuestra fe. Y lo digo desde la fe. Dudé si escribir el post de ayer y el de hoy. Pensé que podía hacer daño a almas sencillas. Pero también es verdad que esta pregunta resuena con impresionante fuerza en la misma Biblia. Job es su mejor ejemplo.

El mal en grado extremo de crueldad nos lleva a cuestionarnos el silencio de Dios. Pero con toda sinceridad reconozco que ese mismo mal, en la misma medida de su crueldad, grita con fuerza que la única solución es que exista un Dios que remunere.


Con honestidad, os aseguro que el Mal cuestiona a Dios y lo afirma. No lo digo por defender la doctrina y ya está. Veo en el hospital moribundos cada día, moribundos con todos los dolores posibles. Y os aseguro que en mi modesta visión de las cosas, el sufrimiento cuestiona con fuerza, pero afirma con más intensidad aquello que cuestiona. 

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