domingo, marzo 02, 2014

Cuando los elefantes luchan sufre la hierba


No somos pocos los que observamos cómo el mundo se ha vuelto un lugar peor en los últimos diez años: fundamentalismo islámico, populismo latinoamericano, crisis económica europea, etc.

Para los que contemplábamos este panorama preocupante, lo último que pensábamos que podía ocurrir, era que Putin decidiera crearse de la nada un conflicto de gran impacto internacional. Un conflicto que no va a generar una guerra internacional, de eso no hay duda: nadie va a enviar ejércitos a luchar por Crimea. Pero un confliecto en el que las consecuencias geopolíticas serán indudables.

Este movimiento repliega al régimen ruso sobre sí mismo. Putin ha consumado el camino empezado hace ya muchos años. Ya no le importa ningún tipo de sanción o condena, todo lo espera de la consolidación de su autocracia, sin ningún pudor. Como los césares romanos, ha escogido el camino de la vía imperial, no el camino de la democracia. La peor noticia respecto a uno de los grandes poderes emergentes del planeta.

Este movimiento en el tablero de ajedrez conlleva inevitablemente que un Putin aislado y criminalizado, hará frente común, cada vez más, con la dictadura china. Un panorama esperanzador.

Putin se ha colocado en un callejón sin salida. Su único camino ahora es mostrar a su propio pueblo que no dará marcha atrás, que es fuerte, que es valeroso, que sabe doblar la apuesta sobre la mesa de juego. Él mismo, si quiere sobrevivir políticamente, tiene que demostrar que siempre irá más lejos que lo que vayan los demás, ahora los ucranianos, en el futuro otros.


Después de miles de años de Historia, Putin a lo único que aspira es a ser matón de pueblo multiplicado a la milésima potencia.

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