jueves, marzo 13, 2014

Existe un juicio de los hombres y un Juicio de Dios


Escuché hace tiempo dos elogios a dos obispos por su talante abierto, por su tolerancia con los que disentían con el Magisterio. Todos esos elogios me parecieron muy bonitos, como la primavera que entra con su noble cortejo de flores y los felices trinos de los ruiseñores.

Pero, casualmente, conocía a ese obispo norteamericano y al otro hispano. No tuve ningún suceso lamentable con ellos, prediqué en sus diócesis sin mayor novedad. Ahora bien, durante mi estancia con ellos, tuve numerosas pruebas, fehacientes, de que la tolerancia nunca es para todos.

Siempre, siempre, siempre que un prelado es tolerante con el disidente con el Magisterio, es intransigente, duro y cruel con los clérigos y laicos más espirituales y ortodoxos. La medida de la tolerancia con unos, nos da la medida de la dureza con los otros.


En cada misa, oramos por los obispos. Qué importante es rezar por ellos. Qué impresionante es la autoridad episcopal sobre los pastores. Qué inmenso poder.

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