sábado, abril 19, 2014

Charles Foster Kane


La última película que he visto, hace unos días, fue Ciudadano Kane. Sinceramente, de momento, sigo pensando que es la primera en la lista de las mejores películas que he vivido. Si los grandes expertos no me hubieran puesto sobre aviso, no hubiera reparado plenamente en su grandeza. No, grandeza no, ¡genialidad!

El que vaya a ver esta película, va a ver la historia de una persona, de un ser humano, sólo eso. Pero narrada del modo más magistral que imaginar cabe. Me entusiasma Amadeus, pero Amadeus no tiene la magia de las escenas de Kane. La fotografía de Kane es la cosa más misteriosa, más sugerente, que imaginarse pueda.

Literariamente, la estructura es totalmente postmoderna. Es la construcción y deconstrucción del personaje, una y otra vez. El cambio de voz de la película es una verdadera sinfonía literaria.

Y podría seguir y seguir hablando de esta pirámide del cine, pero me gustaría sólo hacer un último apunte. La vida relatada es una vida que empieza y acaba en las cosas de este mundo. Se trata de una vida sin resurrección, sin Jesucristo. Es un ejemplo, de una existencia en este mundo y para este mundo, una vida que se corrompe y que se aburre. Es el relato de una historia sin Dios. 

La irrupción de Dios en esta obra, la hubiera cambiado radicalmente. Qué pena que Orson Welles no hubiera tenido una profunda conversión y nos hubiera regalado no sólo obras de arte, sino obras que hubieran indagado en el Misterio de Dios. Kane encontrándose con Jesús. Qué película hubiera salido. Es que hay tanta serie B en el cine religioso. Ya estoy harto de esas películas de bajo presupuesto. Si yo fuera San Pablo prohibiría a la RAI hacer una serie más sobre mí. San Orson Welles, ruega por los cinéfilos.

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