lunes, abril 21, 2014

Haciendo castillos de cartas en la mente


Hoy me ha escrito un lector fidelísimo a este blog para confesarme que xenófobo y que no le gustan las personas de color.

Querido lector, ¿vas a mirar mal a una persona únicamente por una finísima capa externa de la piel? Uno o dos milímetros por debajo, sois iguales. No piensas que podías haber nacido en África. ¿No eres capaz de ponerte en la piel del otro?

Yo podía haber nacido musulmán y probablemente hubiera sido musulmán toda mi vida. ¿Tan difícil nos es comprender al otro?

En este blog, nunca he atacado duramente a los nacionalistas de España. El patriotismo español ¿no es un nacionalismo más grande? Tampoco he dicho ni una sola palabra mala de los musulmanes, ni de los protestantes. Serán acogidos con amor como yo por el que los creó.

Los partidos de izquierdas institucionalmente son muy contrarios a la Iglesia. He bromeado a menudo sobre esa rivalidad impuesta programáticamente. Pero sus militantes son hijos de Dios con prejuicios, como seguro que los tengo yo sin darme cuenta.

Me gusta reflexionar sobre el III Reich. ¿Pero un inquisidor no era un nazi envuelto en otro pelaje? Es muy peligrosa la mentalidad del que piensa: éste es de los nuestros, defendámoslo.

Debemos buscar la verdad, con todo nuestro corazón. Y en la verdad trataremos de ser justos. Justos a nivel personal, algunos podrán serlo sobre naciones enteras.


A algunos de los católicos tradicionalistas que me han atacado desde hace años con perseverancia, les perdono de verdad. ¿Seré yo consciente de mis prejuicios, de mis propias arenas movedizas intelectuales, de las trampas que sin darme cuenta me haré a mí mismo?

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