martes, abril 08, 2014

Perdone, pero si lo hago yo, entonces es legal


En mi pequeño paraíso socialista, valoramos mucho la familia. Por ejemplo, los ocho miembros del tribunal supremo son cuatro primos míos, mi hermana, dos sobrinos y mi suegra.

Aunque mi suegra ya no, la fusilé. Pero no fue por razones familiares. Puedo asegurar que se debió a que no estábamos en plena sintonía acerca de ciertas interpretaciones jurídicas. Lo familiar, insisto, no influyó.

Ahora la Justicia funciona inmejorablemente. Por ejemplo, el otro día salí a la calle con un revolver disparando a la gente con la que me cruzaba: los que veía en el parque, el cartero, un lechero. Los jueces aseguraron que yo estaba desarrollando una actividad lúdica sin intención de herir los sentimientos de nadie. Es el concepto de seguridad jurídica.

Después, un día, decidí acabar con el favoritismo en el Tribunal Supremo y también fusilé a los cuatro jueces que eran primos míos. Porque, señores, todavía me queda un poquito de dignidad.

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