viernes, mayo 30, 2014

Describiendo elegantes círculos en los siglos: la Historia


A veces, me siento como un romano del siglo IV, que desde la tranquilidad de la conversación con un amigo tribuno, en una villa de una provincia lejana, contemplara la caída a cámara lenta del imperio que tanto amaba. Ese Occidente que prosigue su largo y ya inevitable camino hacia el derrumbamiento.

Contemplando las rosas del jardín de la villa, bebiendo una bebida fresca bajo los agradables rayos del sol, comprobando el contraste entre el retorno de la primavera y los disturbios nocturnos de Barcelona. Una vez más, se verifica que la Historia se repite a sí misma con una terca belleza. Lo que fue, será, resuena sabiamente en el libro del Eclesiastés.


¿Debe ceder el ayuntamiento ante la violencia, la anarquía y la sinrazón? Es un tema sobre el que Séneca o Cicerón charlaron con sus amigos hace dos mil años en otras villas, en otras agradables primaveras. Repetir los dictados elementales del buen juicio, sería incurrir por mi parte en la obviedad.

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