miércoles, mayo 21, 2014

Ejercicios para una noche de insomnio


Ayer cené pizza y comprobé por segunda vez (luego lo doy ya por probado) que media pizza familiar supone media noche de insomnio. Eso es así, aunque sea el día de la oferta de los cinco euros, también conocida como los martes locos de Telepizza. La bola de queso que se forma en el estómago no conoce de días especiales.

Pero esas horas dando vueltas en el lecho me llevaron a hacer una cosa muy bonita: recordar los mejores momentos de vida. Sin prisa, sabiendo que el insomnio seguiría durante horas, me dediqué a recordar los más felices momentos de mi existencia. ¿Qué momentos escogerías tú de toda tu vida? ¿Qué momentos entre los mejores?

Curiosamente, no están en esa lista algunos que parecerían muy solemnes como mi ordenación sacerdotal. Pues fue una ceremonia que viví muy poco. Estaba allí, pero la viví poco. Me ordené solo, estaba en el centro. A esa tierna edad, no me pude concentrar ni lo más mínimo. 

Mientras que sí que estaba en la lista una cena con unos amigos. De hecho había varias cenas felices, felicísimas, relajadas, disfrutando del momento con una felicidad y placidez perfectas: la conversación, la comida, los amigos, en un país lejano. U otra cena con dos amigos viendo una película de risa en la que no dejamos de reírnos todo el tiempo a carcajada limpia. Mi regreso a Barbastro en las primeras vacaciones de navidad que tuve en el seminario. Mi primer viaje a Estados Unidos siendo un jovencito. Casi debería decir: el descubrimiento de Estados Unidos. Algunas misas en ritos orientales que viví de un modo intensísimo. Algunas misas mías sin pueblo que también viví internamente de un modo impresionante. Los juegos en medio de una impresionante nevada en Pamplona. Un puñado de películas que verdaderamente las viví. El comienzo de mi trabajo como secretario de un obispo.

Es difícil escoger un momento como el mejor. Pero quizá me inclinaría por mi retorno a Barbastro en aquellas navidades, a los dieciocho años: mi localidad, mi madre, las cenas con la familia, los encuentros con los amigos.


No es la primera noche que me dedico a esta placentera dedicación, como el que repasa un álbum de fotos. De hecho, estoy seguro que he escrito uno o dos posts en días que hice lo mismo que esta noche. No he querido leerlos. Estoy seguro de que son muy parecidos a pesar de haber sido escritos hace años.

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