martes, mayo 20, 2014

George Orwell o el arte de mirar hacia otro lado cuando interesa



















Estoy leyendo a ratos perdidos Homenaje a Cataluña de George Orwell. Este autor fue comunista y luchó al lado de los comunistas en la guerra civil española. El libro es un relato detallado de lo que vivió en esa guerra. Y he llegado a un punto donde la candidez de Orwell me ha parecido que alcanzaba unas cotas sencillamente increíbles. Ese pasaje es el siguiente:

Una o dos veces fui a pasear por el pequeño cementerio, situado a unos dos kilómetros. La ausencia de inscripciones religiosas en las lápidas era casi completa y esto resultaba tanto más sorprendente porque todas ellas correspondían al periodo anterior a la revolución.

Creo que sólo vi una vez el Rezad por el alma de Fulano de Tal, común en las tumbas católicas. La mayoría de las inscripciones eran puramente seculares, con ridículos poemas sobre las virtudes del difunto. Quizá en una de cada cuatro o cinco tumbas se advertía una pequeña cruz o una referencia formal al Cielo, que algún ateo industrioso generalmente había logrado atenuar con un punzón.

Me sorprendió que la gente de esa región de España careciera de genuinos sentimientos religiosos, en el sentido ortodoxo. Durante toda mi estancia nunca vi persignarse a ninguna persona, a pesar de que ese movimiento llega a hacerse instintivo, haya o no haya una revolución. Evidentemente, la Iglesia española retornará (como dice el refrán: la noche y los jesuitas siempre retornan), pero no cabe duda de que con el estallido de la revolución se desmoronó y fue aplastada hasta un punto que resultaría inconcebible incluso para la moribunda Iglesia de Inglaterra en circunstancias similares. Para el pueblo español, al menos en Cataluña y Aragón, la Iglesia era pura y simplemente un fraude sistematizado.

Estas palabras de Orwell me dejaron boquiabierto. Y más porque hablaba de Siétamo, un lugar que está al lado de Barbastro. Y que, por tanto, conozco perfectamente.

¿Es posible que ese autor desconociera la persecución religiosa que había tenido lugar? Todas las cruces del cementerio de Barbastro fueron quitadas por orden del ayuntamiento del Frente Popular. Y se sorprende de que en el pueblo de al lado no quedaran cruces. Increíble. ¿Es posible que desconociese la cantidad de hombres y mujeres que murieron antes que negar su fe?
Se sorprende de que nadie se persignase. Lógico. En Barbastro, conozco a un hombre al que se le fusiló por el único cargo de encontrarle un rosario en el bolsillo.


¿Cómo pudo no darse cuenta de esa masacre estando en medio de la masacre? Pues sí, parece que Orwell estaba mirando hacia otro lado cuando ocurrieron todos esos martirios. Eso sí, se sorprende de que nadie hiciera la señal de la cruz, cuando eso significaba la muerte. 

Querido Orwell yo soy de al lado de Siétamo, donde describes esa escena, y hasta las ovejas sabían lo que tú pareces desconocer. Todos lo sabían, porque en ello les iba la vida.

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