jueves, mayo 22, 2014

Los mejores momentos de mi vida



















(Continuo con el post de ayer.) Curiosamente los pocos reconocimientos académicos o eclesiásticos que he tenido en mi vida no me han producido mucho placer, más bien casi nada, aunque estuviera obligado a sonreír. Estás allí, delante de todos, te aplauden, un arzobispo te estrecha la mano o te coloca una medalla, pero el placer es prácticamente nulo.

Los mejores recuerdos siempre son de un tiempo sereno pasado con un pequeño grupo de amigos, o de descubrimiento de un lugar, o una vivencia personal de tipo religioso.

Los peores momentos de la vida siempre tienen que ver con la voluntad de alguien que tiene la determinación de hacer sufrir. En mi vida he cometido omisiones, pero desde luego no he querido que nadie sufriera.

Conozco a personas religiosas que rezan diariamente al mismo Dios-Amor al que yo rezo, y que no pueden decir lo mismo. Aunque estoy completamente seguro de que lo dirían. Se consideran inocentes, no albergan ninguna duda acerca de su propia inocencia. Pero quisieron hacer sufrir. Eso sí, siempre por una buena razón, siempre con un supuesto buen fin. Ay con los buenos fines. Ay con las buenas intenciones.


Pero nunca hay que pedir a Dios justicia contra ese tipo de personas. El que quiere hacer sufrir, tiene el sufrimiento dentro de sí. El sufrimiento habita en él. 

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